Por Silvana Melo

(APe).- 600.000 es un número gordo. Poblado de ceros alineados, dibuja una multitud.

600.000 son diez canchas de River repletas. Doce canchas y media de Boca.

600.000 son cuatro plazas de Mayo y alrededores.

600.000 es una legión de altura mínima, un ejército sin armas, de rodillas raspadas y uñas sucias. Una muchedumbre flaquita y panzona. De pan oreado sin zapallo ni manzanas.

600.000 es un enjambre, un tropel de sueños cortitos que fantasean con una casa en la que no llueva adentro, con una mesa de leche y torta de mandarina, con un inodoro que tire agua, con una canilla de agua caliente.

600.000 es un gentío pequeño. Acompañado por un cortejo de mariposas y piojos. De patas sucias y cordones desatados.

600.000 es un rugido aluvional de panzas.

600.000 son los niños que sumó la pobreza el año pasado.

600.000 más.

Edición: 3866

 

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