Por Alfredo Grande

(APe).- Finalmente, llegué a la razón fundante de porqué escribo en la Agencia de Noticias Pelota de Trapo. Cuando por un reflejo narcisista busco el último artículo escrito, como si fuera casual, leo lo publicado hasta el momento. Es así que Silvana Melo, Carlos del Frade, Claudia Rafael, Laura Taffetani, me permiten el placer y el saber que consigo cuando leo sus textos. Al modo de la asociación libre como describiera Freud, o la escritura automática de los surrealistas, nunca pienso lo que escribo. Pero al leerme, me doy cuenta de que al menos escribo lo que pienso. Y siento.

“La conquista que no cesó” que escribió la abogada de la niñez vulnerada y militante política Laura Taffetani, evidencia la potencia entre verdad y poder. Y no digo saber, porque otra conquista que no cesó es la colonización de la incertidumbre. Es una estrategia reaccionaria para bloquear las verdades rebeladas. Porque en la historia de la humanidad, de la cual soy testigo de un pequeño lapso, las verdades son productos de las luchas, rebeliones, revoluciones.

La apología de la incertidumbre y del cansancio son los relatos o micro relatos, o directamente, charlatanerías intelectualoides, son formas de justificar la derrota política y económica de la lumpen burguesía. La conquista es también la conquista de la subjetividad. Para anestesiarla. Y ensuciarle el cerebro para que piense y hable desde una clase a la que ya no pertenece.

Aunque obviamente no había nacido, aunque algo leí, me parece que una oportunidad perdida fueron las resoluciones de la asamblea del año XIII. O sea, 3 años después del primer gobierno patrio. Recuerdo, obviamente por haberlo leído, las palabras del Virrey Cisneros: “si el pueblo no me quiere y el ejército me abandona, hagan ustedes lo que quieran”.

Desde ese momento a la actualidad de la cultura represora, muchos virreyes pasaron. La identidad autopercibida de República es una desmesura. Una expresión de deseos. Un ejemplo de lo que denomino el alucinatorio político social. Identidad autopercibida republicana y federal que no se construyó con constituciones y acuerdos, sino con masacres, exterminios y genocidios. Permanentes y recurrentes. Por eso insistir en el repudio a la dictadura cívico militar es necesario, pero totalmente insuficiente.

En el texto de Laura queda claro: la conquista nunca cesó. No se conquistó un desierto. El desierto es el efecto de la conquista y de la política de pueblos arrasados. De los que ya estaban antes que los virreyes y los primeros adelantados llegaran. Y como ya estaban, era necesario que dejaran de estar. Los originarios de primera generación resisten, luchan, se organizan, sostienen la dignidad y el orgullo y saben que la tierra no es un recurso, sino que es un origen. Y el que desprecia su origen malversa su destino.

Nuestro destino está malversado. Tenemos originarios de segunda generación: trabajadores de la industria, artesanos, artistas callejeros, educadores populares. También han sido despojados y desterrados.

Originarios de tercera generación: las niñeces y las vejeces, para no contrariar a los neologismos de la posmodernidad. Niñas, niños sin niñez, viejas y viejos sin poder disfrutar del tesoro de haber acumulado vida. Que es lo mismo que acumular deseos, sueños, anhelos, amores.

Los originarios de cuarta generación son lo que en la jerga del capitalismo financiero y sincero son denominados “población sobrante”. No consumen, apenas menos que lo necesario. La economía de la productividad ciega no puede mirarlos. No existen. Los virreyes de hoy son los gobiernos elegidos por el voto, por la bota o por ambos. Los reyes son las mega corporaciones: Apple, Google, Amazon, Facebook. Y pocas más.

Si no logramos echar a los herederos de los viejos virreyes, nuevas generaciones de originarios serán diezmados. Con ternura venceremos y con ternura lucharemos. Por eso una pelota de trapo, pateada con fuerza en la cabeza del virrey de turno, por un chico del pueblo con puntería y coraje, logrará que sea el último turno del último virrey. Y será el símbolo y la bandera de nuestra victoria, siempre.

Edición: 4429

 

Descargá el libro gratis