Por Carlos Del Frade

(APe).- Algunos filósofos del norte de Europa llegaron a decir que la desesperación es un salto de fe con el que la razón accede a la experiencia de percibir la existencia de Dios. Más acá en el mapa, suele especularse sobre los malos frutos que otorga el obrar en medio de la desesperación. Situaciones límites que generan momentos especiales en las vidas individuales y colectivas. También las desesperaciones abren oportunidades de negocios, muchos de ellos, ilegales.

El caso es que en la última semana del mes de noviembre de 2020, mientras Diego jugaba sus últimas fichas en la tómbola de su vida, en la estación de ómnibus rosarina, llamada “Mariano Moreno”, dos parejas se encontraron para vender y comprar un bebé de solamente diez días de nacido. Las crónicas señalan que la mamá se arrepintió y que los cuarenta mil pesos fijados ya no le decían nada de nada. A pesar de la desesperante situación económica que atraviesa.

La cuestión se supo porque ambas parejas discutían a gritos muy cerquita de un puesto policial. Entonces amaneció el caso en los grandes medios de comunicación.

-Se está ante un delito de supresión de identidad en grado de tentativa y no ante una venta. Por lo que comentó la mamá del bebé su familia está bajo una pésima situación económica y que tiene otros hijos a su cargo. Dijo que lo que habían acordado era ir con el bebé al Registro Civil y anotarlo a nombre del hombre de la pareja de rosarinos como padre biológico – dijo Sebastián Carranza, portavoz de la Fiscalía Regional Segunda.

Ninguna de las cuatro personas tiene antecedentes penales y recuperaron la libertad.

Por otro lado, la Secretaría de los Derechos de la Niñez, Adolescencia y Familia informó que el bebé está ahora con un familiar directo de la mamá quien, además, se ofreció para hacerse cargo del chiquito.

Lo cierto es que ambas parejas serán acusadas por el delito de supresión de identidad en grado de tentativa.

¿Cuántas veces se repetirán estos casos en las distintas provincias argentinas que jamás llegan a conocerse? ¿Son verdaderamente culpables ambas parejas?.

Si la desesperación es un salto que le permite a la razón llegar a la comprensión de Dios es imprescindible convenir que es una divinidad particular y arbitraria.

El espantoso negocio de la venta de bebés, sin dudas, debe ser perseguido pero en esta noticia, por lo menos hasta ahora, no emerge una red de secuestros de niñas y niños para su posterior enajenación.

Dos parejas desesperadas deberán responder ante la justicia y no está mal que lo hagan. Lo que aquí se pregunta es por los verdaderos responsables del drama.

Es imprescindible saber quiénes son los multiplicadores de la desesperación que luego pone en el medio de una danza desgarradora a dos parejas jóvenes que disputan el destino de un bebé de apenas diez días de nacido.

Hay gente que debe impulsar la desesperación de los siempre ninguneados, de los que no llegan siquiera a empatarle al fin de semana.

Esos desesperadores están lejos de las divagaciones teológicas o filosóficas.

Es gente que construye indiferencias, indolencias y cierra puertas para que luego los malos de la película sean siempre los mismos.

¿Cuántas personas desesperadas hay hoy en la provincia de Santa Fe, en la Argentina, en esta cápsula espacial llamada planeta Tierra? No hay censo de personas angustiadas.

Lo cierto es que a medida que avanza la deshumanización que propone el sistema que endiosa el dinero, dos parejas jóvenes parecen ser los malvados en un guión en el que, con suerte, apenas son extras.

Edición: 4127

 

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