Por Silvana Melo
  (APe).- Con qué palabras habrá que explicarles la sangre cayendo desde la frente de una enfermera sentada en la calle. Cómo decirles que hay gente que gobierna capaz de mandar a la policía a castigar con porras a los que cuidan. A ésos a quienes no se protege nunca. A los que reciben a sus hijos en los hospitales y les suturan las heridas y les arrebatan la fiebre para que desembarque en otras costas y los ponen boca abajo para que no se ahoguen y les acarician la frente cuando todo parece estar mal.

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Por Carlos Del Frade
   (APe).- -Necesitamos construir una historia diferente, no podemos construir desde el dolor y la muerte. Nos sentimos impotentes porque día a día nos esforzamos para formar a nuestros hijos de cara a un futuro mejor y todo ese trabajo es destruido por una bala. Necesitamos que los gobiernos nos ayuden a construir algo mejor, nuestras futuras generaciones se merecen eso – dijo una maestra despidiendo a Ticiana Espósito, la chica de catorce años que fue asesinada el lunes 10 de septiembre de 2020 en la zona oeste rosarina, geografía disputada por cuatro bandas distintas y coordinadas desde el interior del penal de Piñero, muy cerquita de la ex ciudad obrera. La bala la mató mientras lavaba los platos en su casa.

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Por Alfredo Grande

(APe).- El Poder, en mayúscula y en singular, sin duda, es una abstracción. Lo abstracto, lo intangible, debería ser, como alguna vez el agua, inodoro, incoloro e insípido. De hecho, la realeza recibía su poder de los dioses, o del Dios, inapelable y asertivo.

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Por Silvana Melo

Foto: Juano Tesone (Clarín)
   (APe).- La primavera andaba golpeando puertas por ahí el domingo en Laferrere, corazón de La Matanza. A las cuatro de la tarde Thaiel y sus padres iban a cruzar la ruta 21 para ir a la heladería. Una suerte de acto inaugural de una primavera que ya sopla panaderos en los barrios más populosos. Pero dos autos que celebraban la muerte en una picada clandestina acabaron con todo. Thaiel no pudo transitar septiembre hacia la vida. Y el estado, en su brazo armado, no controló, no miró, no vio. Pero después reprimió la reacción popular. Con el coraje que inyecta la victoria de su reclamo salarial con armas largas.

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Por Raúl Zibechi, para APe

(APe).- El grito resuena en todo el continente. Se mezcla con el torrente de los ríos, vuela encima de las cordilleras, se interna en los vericuetos de las metrópolis y sigue andando más allá de los poblados. “Nos están matando”, se escucha una y otra vez en la inmensa geografía que va de las calles resistentes de Portland a la villas de Buenos Aires, de las ardientes de Bogotá a las favelas de Río de Janeiro, pasando por las comunidades de Tila (Chiapas) y del Cauca colombiano. “Nos están matando”.

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