Por Claudia Rafael

(APe).- Más de 18.000 kilómetros anduvieron. El mundo entero atravesaron para llegar a esta Argentina de ciudad populosa en la que instalaron su supermercado. En el barrio porteño de Palermo. Dicen que ella se llamaba Li. El super chino que instaló con su marido fue devorado por las llamas y su cuerpo, transformado en cenizas y restos chamuscados, fue encontrado bajo una pila de mercadería. Cuentan que entró a salvar a su niña de 14 años y lo logró.

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Por Carlos del Frade

(APe).- -…si igual los guachos no andaban. Después pasaron un par de data de que estuvieron en una casa de fin de semana por ahí.

-Dejá. Sos un queso. Sin andan regaladitos esos, cómo no los vas a poder encontrar…

-Es verdad lo que vos decís…andan por ahí. Hoy es jueves, me voy a fijar con los guachos, a ver si anda.

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Por Alfredo Grande

(APe).- Las lógicas represoras operan colocando siempre los efectos como si fueran causas. Y niega que los efectos en realidad sean causas que nunca se analizaron en profundidad. Es lo que hemos denominado la “Lógica Cromañón”. La consigna “ni la bengala, ni el rock and roll, a nuestros chicos los mató la corrupción” escuchada nuevamente a los 15 años de la masacre, pone en evidencia esta situación. Entonces vale la pena y a veces vale la alegría, pero siempre vale el pensamiento, que es realmente la corrupción.

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CEPEDA, 200 años después

Por Carlos del Frade

(APe).- Después de la asamblea de Arequito, Buenos Aires inicia una nueva guerra contra las provincias del Litoral. Las fuerzas directoriales llegaron a la boca del Colastiné, en Santa Fe. Artigas, entonces, ordenó al irlandés Campbell salirle al cruce desde Goya, Corrientes. Allí fue este personaje digno de estudio en las escuelas junto a su tropa de guaycurúes, propinándole una nueva derrota a las fuerzas de Rondeau…

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Por Silvana Melo

(APe).- El crimen de Fernando es un crimen de poder. Matar a un chico paraguayo, amigo de quien derramó el vino sobre el poderoso es reafirmar el poder. Tanto como revalidar la propiedad de una mujer definitivamente con la muerte. Es demostrar la mayor extensión fálica en una escena pública. Es decir yo soy capaz, matarlo y limpiarse la sangre en el jean camino a casa. Es una ratificación de clase. Soy más hombre, más fuerte y te someto. El pie sobre la cabeza es sojuzgar pero también inmolar. Eran once de 20 y él era uno. De 19. No fue pelea. Fue masacre.

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