Por Carlos Del Frade

(APe).- Tres mil años atrás, cuando la geografía de estas pampas y barrancas todavía no había sido ni siquiera albergue de sueños y pesadillas, cuando los soles no proyectaban sombra humana alguna, llegaron los descendientes de los guaraníes buscando la tierra sin mal, enamorados del mensaje que el agua marrón del Paraná parecía repetirles desde las entrañas verdes de la mismísima selva del Amazonas. Tres mil años después, en esos mismos parajes cósmicos donde hoy se levanta Rosario, el río, cada tanto, devuelve el cuerpo de un pibe joven que no debió morir tan antes de tiempo, prueba despiadada de una violencia que hace rato no se baja de la vida cotidiana de las grandes mayorías que pueblan estos sitios y que apuestan, tozudamente, a una realidad mejor donde sean más repetidos los sueños que las pesadillas.

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Por Silvana Melo
(APe).- Las pirámides tienen bases anchas y populosas. Multitudes anónimas que sostienen a cúspides que aspiran a tocar el cielo. Que lo tocan, lo provocan, negocian con él. Y se le sientan a la par. Dieciséis millones de cuerpos, historias, presentes, vejeces, frustraciones, infancias, rabias, promesas, son pobres en esta tierra. En 850 mil casas (*) se pasea el hambre, como la carroza trasnochada de estos carnavales donde el festejo es tan falso como las máscaras que no terminan de caer.

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Por Silvana Melo
(APe).- Roba autos, los corta, vende paco como caramelos, decían todos. El vecino de Andrés tenía un oficio conocido y compartido por un ramillete de secuaces. Y seguramente liberado en la zona por el brazo armado del estado. Andrés agoniza, con las piernitas paralizadas, en el hospital Ramón Carrillo de San Justo. Tiene apenas 13 años y la bala narco que le entró por la axila en la tardecita del 19 de febrero tiene una multiplicidad de responsables que apretaron gatillos. La impunidad que se pasea como patriarca minotauro por las calles del conurbano se calza y se saca uniforme, se sube a un auto de alta gama, construye y destruye una casa en horas, dispara, mata y no paga, aparece y desaparece cuando es necesario.

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(APe).- Nació en los días en que Augusto Pinochet enfrentaba las primeras movilizaciones en vivo en su contra. Norma Monserrat Bustamante Laferte tenía 6 años apenas cuando el dictador chileno caía. Ella nació y creció en el pueblo Gómez Carreño, sobre los cerros de Viña del Mar. Hija de padre albañil y de madre “dueña de casa” que salía a trabajar mientras ella era criada por su “abuelita” Norma Herrera Fabres. Que le cinceló los sueños y le repetía una y otra vez “mijita, usted tiene que ser famosa, es la única manera de que no pase hambre”. Su nombre fue vivado en el festival de Viña del Mar y le gritaban no estás sola. A ella, que saltaba en el escenario al grito en comunidad con su gente de que “el que no salta es un paco”. Reproducimos la crónica de Dai Alcaino para ANRed. Donde queda plasmada la historia de la inequidad de un país en donde la riqueza más obscena se nutre y se sostiene gracias a la pobreza más aplastante. En días en que las calles hierven de protestas y de lucha.Lo que sigue es su crónica:

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Por Carlos del Frade

-En este momento que son las seis y media de la tarde se ha hecho salva en la batería de la Independencia y queda con la dotación competente de los tres cañones que se han colocado, las municiones y las guarniciones. He dispuesto para entusiasmar las tropas y a estos habitantes, que se formen todas aquellas y las hablé en los términos de la copia que acompaño. Siendo preciso enarbolar bandera, y no teniéndola, la mandé hacer celeste y blanca conforme a los colores de la escarapela nacional -escribió Manuel Belgrano, el dirigente político más claro que tuvo aquel momento fundacional.

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