Por Carlos Del Frade

(APe).- Pibas y pibes, más allá de las leyes, los púlpitos, las parroquias, las escuelas y los documentos, intentan imaginar que la vida es algo más que escapar a la perversión de la lógica de la violencia impulsada por los dueños de los negocios mafiosos.

“…El Ministerio de Seguridad de la Nación y el Gobierno de Santa Fe se comprometen cada tres meses a realizar una evaluación pormenorizada de la situación de seguridad en la Provincia y efectuar las recomendaciones para incorporar al Plan de Trabajo Conjunto. A tales fines las partes relevarán información relativa a todas las fuerzas intervinientes, que comprenda despliegues operativos de efectivos, estado de las comunicaciones y logística, análisis y trazabilidad del sistema 911, sistemas de video vigilancia y elementos de prevención. Asimismo se procederá tanto a la evaluación de las áreas de análisis e investigación criminal, como a la realización de relevamientos en las distintas unidades orientadas a determinar: estado de las comunicaciones; informática y la situación de los efectivos en términos operativos, así como todo otro dato que pudiera ser considerado relevante…”, decía la cláusula sexta del convenio de cooperación entre el Ministerio de Seguridad de la Nación y el gobierno de la provincia de Santa Fe, firmado el 12 de septiembre de 2016 y que se renovó hasta el presente, principios de octubre de 2018.

Algo no funcionó.

Dos años después, una parroquia, “María Reina”, y una escuela, “Paulo VI”, en barrio Larrea, fueron baleadas en la madrugada del domingo 23 de septiembre.

Surgió, entonces, un documento firmado por quince sacerdotes de base de Rosario, la ex ciudad obrera, portuaria y ferroviaria.

“…La violencia se ha apoderado de nuestros barrios, y nos hace vivir, a chicos y grandes, en estado de alerta permanente a raíz de tiroteos, enfrentamientos, amenazas y robos. Esto está potenciado por la creciente tenencia de armas que se ha vuelto masiva en los domicilios y en las calles, y las aparentes complicidades que nos llevan a vivir en un estado de impunidad. El más triste resultado de todo esto es la naturalización de la muerte en la que crecen nuestros chicos y la consiguiente falta de amor a la vida propia y ajena...”, dicen los cristianos verdaderamente comprometidos con los crucificados cotidianos del sistema.

Sin embargo, desde los gobiernos, nacional y provincial, quieren imponer la ley 26.052, la llamada ley de narcomenudeo, aquella que campea en Buenos Aires, Córdoba, Salta y Chaco, entre otras.

Una ley que apunta hacia abajo, hacia los vendedores de poca monta pero que, en la práctica, encierra a consumidores consumidos. De allí el colapso de las cárceles y el consiguiente fenomenal negocio de las empresas contratistas que arman prisiones para los empobrecidos de siempre. Las últimas promesas de inversión del gobierno del ingeniero Macri son, precisamente, cárceles.

Pero además, en estos trece años de ley de narcomenudeo, el narcotráfico y la violencia se multiplicaron en las provincias que exhiben la vigencia de la ley.

Por eso es necesario reparar en lo que dicen los sacerdotes de base rosarinos: “No podemos dejar de exigirle a este Estado, SEGURIDAD y JUSTICIA, recogiendo el clamor de las mujeres y los hombres de nuestros barrios y, como ciudadanos que somos. Sabemos que esto no se logra atacando los eslabones más débiles del sistema delictivo, que con frecuencia son víctimas y no responsables, sino yendo a la raíz misma del problema, es decir, a las organizaciones que sustentan este sistema de muerte”, sostienen.

En dos años, dos documentos diferentes.

Y una misma realidad estragada por la concentración de riquezas en pocas manos y las manos vacías en el fondo del subsuelo.

Mientras tanto, pibas y pibes, más allá de las leyes, los púlpitos, las parroquias, las escuelas y los documentos, intentan imaginar que la vida es algo más que escapar a la perversión de la lógica de la violencia impulsada por los dueños de los negocios mafiosos.

En eso están las pibas y los pibes, dos años después, dos documentos después…

Edición: 3717

 

 

 

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