Por Silvana Melo

(APe).- Ahora juega la Justicia: más de 200 organizaciones y referentes de salud, niñez y juventud extendieron durante dos meses una campaña para dejar en claro que el esponsoreo de los Juegos Olímpicos de la Juventud Buenos Aires 2018 por parte de la Coca Cola es una de las grandes contradicciones sistémicas. Y esta semana, la Asociación Civil Observatorio del Derecho a la Ciudad llegó a las oficinas judiciales para presentar un amparo que evite el esponsoreo. Con el patrocinio de Jonatan Baldiviezo (presidente del Observatorio) y Marcos Filardi, la apuesta es a un acción de amparo colectivo para que se prohíba la publicidad de bebidas azucadas por cualquier medio que impacte en los niños y jóvenes. Además, la presentación incluye el pedido de inconstitucionalidad de todo convenio que autorice estas publicidades y la entrega a los destinatarios principales de los Juegos Olímpicos de la Juventud de este tipo de bebidas que afectan directamente a la salud. El expediente cayó en el Juzgado en lo Contencioso Administrativo y Tributario de la Ciudad Nº 20. Y es la jueza Cecilia Mónica Lourido la que deberá decidir.

La paradoja que impulsó a cerca de 300 organizaciones a reaccionar fuertemente ante la inminencia de los Juegos, es la doble ética del estado, que publicita la vida saludable asociada con la imagen de la bebida azucarada por excelencia. Responsable, junto a sus pares de marcas laterales, de la pandemia de obesidad infantil que atraviesa el planeta. Además del reparto de latas y botellas con la estética legendaria, la marca Powerade será Hidratador Oficial de los juegos de octubre. Una bebida deportiva con un alto contenido en sodio (300 mg en una botella de 500cc), sumado a otro alto contenido en azúcar (30gr), que equilibra el sabor a sal predominante. Una sola botella implica el 60% de la ingesta máxima de azúcar admitida por la Organización Mundial de la Salud.

Los abogados, además, para que la presentación trascienda lo simbólico, el pedido de una medida cautelar urgente para que “hasta que se resuelva el fondo de la cuestión y durante la realización y en el marco de los Juegos Olímpicos de la Juventud que tendrán lugar en esta Ciudad del 6 al 18 de octubre, se suspenda” la publicidad y la entrega de las bebidas a los niños.

Antes, las entidades, organizaciones y referentes nacionales e internacionales que trabajan en el ámbito de la salud y la niñez y juventud, habían lanzado una declaración para que el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires retire el patrocinio de Coca Cola de los Juegos Olímpicos de la Juventud. Entre otros puntos, sostienen que la promoción de bebidas azucaradas en este tipo de eventos puede instalar prácticas de hidratación poco saludables que pueden perdurar a lo largo de toda la vida y, a su vez, puede socavar los beneficios para la salud que aporta la práctica de actividad física.

Las niñas y niños de 15 a 18 años que participarán en los JJOO –y aquellos millones que lo mirarán por TV y lo aprehenderán en el sistema educativo- son blanco de un doble discurso de un estado que organiza competencias que exaltan deporte y salud pero incita a consumir bebidas que producen obesidad, aceleran la diabetes y condicionan la vida futura.

"Con este tipo de acciones, las empresas buscan promocionar sus marcas y captar consumidores. Si el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires no retira el patrocinio de Coca Coca, más de 4000 chicos y chicas quedarán expuestos a la publicidad de este producto no saludable", sostuvo Lorena Allemandi, directora del área de alimentación de la Fundación Interamericana del Corazón (FIC) Argentina. Y agregó: "La obesidad infantil es un grave problema de salud pública en nuestro país y en este contexto y dada la influencia del marketing de productos altos en azúcar, grasas y sal en la vulnerabilidad de los más jóvenes, es inaceptable que la Ciudad haga este tipo de acuerdos con empresas que producen productos cuyo consumo tiene injerencia en el aumento de esta epidemia".

Desigualdades

La alimentación basura atraviesa todos los estratos sociales pero también determina un trazo divisorio de la desigualdad, entre el acceso a los alimentos de calidad y la chatarra de tercera marca, que profundiza el sabor adictivo en una profusión de grasas, sodio y azúcares, de ínfimo valor nutricional. La escasa actividad física corona un escenario de ingestas de energía que nunca se gastan. La industria alimenticia –que incluye las bebidas dulces- suele construir una vecindad amigable entre la actividad deportiva y el consumo de golosinas, snacks superindustrializados y refrescos acompañantes. Ídolos que entran a los estadios reforzados con gaseosas o bebidas deportivas y papas fritas amenazan con devorarse el mundo y vestirse de gloria. Ídolos que en sus vidas reales nunca consumen esos alimentos porque son definitivamente perjudiciales. Sin embargo participan activamente de una farsa publicitaria de la que son víctimas las niñas y los niños anónimos cuyo sueño es jugar como superhéroes y superheroínas.

La FIC analizó 21.085 publicidades televisivas en canales infantiles entre 2013 y 2014 y detectó que "la mayoría de los alimentos publicitados (85,3%) tienen un bajo valor nutritivo por su alto contenido en grasas totales, grasas saturadas, grasas trans, azúcares libres, sal y calorías".

Padecimientos

Según la Organización Mundial de la Salud, 41 millones de niños, niñas y adolescentes padecen sobrepeso y obesidad. El problema se ha triplicado en los últimos treinta años. Y dejó de ser una característica de las clases altas, sino que aparece como un símbolo de la alimentación deficiente en los sectores más vulnerados, plagada de grasas, azúcares e hidratos de carbono y mezquina en nutrientes.

En Argentina, según la Encuesta Mundial de Salud Escolar de 2012, en cinco años aumentó el exceso de peso en los adolescentes de 13 a 15 años del 24,5% al 28,6%. El territorio de las desigualdades golpea duramente a los más frágiles: según la investigación de FIC Argentina y Unicef, los niños y las niñas de los sectores más populares tienen un 31% más de probabilidades de sobrepeso que los del nivel socioeconómico más alto.

Desde 1928 Coca-Cola patrocina los Juegos Olímpicos. Y durante su desarrollo monopoliza la comercialización y la publicidad de las bebidas, además del sistema de hidratación. En Río 2016 la campaña llegó a 500 millones de personas. Un negocio formidable a costa de la salud de las niñas y los niños. "Nuestro objetivo es claro: utilizar el poder de los Juegos Olímpicos (...) para acelerar nuestros planes de crear un negocio aún más fuerte en los próximos años. Los Juegos Olímpicos son el mayor activo en el sistema Coca-Cola", han escrito los activos Ceos de la multinacional.

En pocos días, 4000 chicos y chicas de 15 a 18 años de 206 países jugarán en Buenos Aires. Según la Guía Educativa de los Juegos, el concepto surgió por "la preocupación por el aumento mundial de la obesidad infantil y la baja participación de los jóvenes en actividades deportivas". Pero Coca Cola es el patrocinador. Es la paradoja del estado cómplice, que no juega a lo que pregona, sino a lo que oculta.

Edición: 3716

 

Recién editado

Libros de APE