Por Irene Vinci (*)

(APe).- Se despertó. Miró a su lado y él dormía, todavía, el sueño del vino, pesado, áspero y opaco…le dio frío. Puso los pies en el piso de ladrillo…ni pensó, calzó sus chancletas grises y se puso el batón. Levantó a los niños, los vistió, los peinó… ni una caricia…los despidió. Salió a la vereda de tierra, los vio irse y se sonrió…hasta parecían felices.

Puso la pava y preparó el mate, sería lo único que pondría en la panza durante casi todo el día y se la tocó, entre los remiendos del gastado batón otra vida sintió y en algún lado le dolió el desgarro de entender que era lo único suyo, su tesoro a medio hacer…

Mientras regaba el patio, miraba el cielo…para que más para lo que tendría que hacer: batón y chancletas.

No entiende a los que toman mate por placer y se quieren hacer ver todo el día con el termo bajo el brazo para que parezca que comprenden la escasez o que son gauchos de a pie.

Menos mal que los chicos, en la escuela, van a comer… Se toma un mate… y camina el fondo y la tierra…Ya ni para sueños le queda un centavo ni para un querer….

Batón y chancletas para que más…para lo que hay que hacer…

(*) Irene Vinci se hizo acreedora del Tercer Premio del Concurso de Crónicas “Alberto Morlachetti” 2018. Por decisión del jurado, si bien no se corresponde con lo que implica el género “crónicas”, sopesando las diferentes variables y criterios, se determinó otorgarle ese galardón.

Edición: 3606

 

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