Por Silvana Melo

(APe).- Laureano no es superman. Es apenas un quijote. A los 11 vive pegadito a los nogales entrerrianos. Y va a la escuela a 200 metros de donde se fumiga. Cuando escucha los aviones sale en su caballo a enfrentar a los mosquitos. Que no son los aedes, sino los inoculan veneno a la vida entera. Laureano se les planta a las máquinas de patas anchas que le hacen llover agroquímicos a su broncoespasmo. Y amenaza con su gomera a los aviones que parecen nubes ácidas. Al modelo que les gana la guerra a los quijotes como Laureano no le importa la consecuencia de su rentabilidad. Que es la vida de los pibes, marcada en sangre y piel desde la infancia rural, en una guerra invisible que los ataca día tras día con metralla química. Y que están perdiendo.

Leer más...

Por Carlos del Frade

(APe).- A 42 años del último golpe de estado, los sectores económicos que impulsaron el genocidio en la Argentina quieren reinstalar la teoría de los dos demonios a través del intento de reabrir la causa de la muerte del mayor del Ejército, Julio Argentino del Valle Larrabure.

Leer más...

Por Laura Taffetani

(APe).- En estas últimas décadas hemos asistido a cambios profundos en la implementación de políticas sociales por parte del Estado al compás de los requerimientos de un capitalismo cada vez más voraz. También es una realidad que las organizaciones populares aún no hemos podido analizar en toda su dimensión esos cambios, así como tampoco el impacto que tendrán en nuestro futuro y el de las poblaciones con las que trabajamos y que ya atraviesan la cuarta o quinta generación en ese mundo ancho y ajeno que llamamos exclusión.

Leer más...

Por Bernardo Penoucos 


(APe).- Aquí está la violencia   
 En mis manos, en mis ojos    
 En mi cuero de vereda    
 Míreme la violencia (anímesele…)    
 Que yo he sido hijo del destrato, amigo  
 Que yo he sido hijo de la noche, compadre
 Que mi piel es tumba, lodo seco,
 Esponja aniñada que absorbe la rabia y el miedo.
 Míreme la violencia, compañero 
 Que en mis piernas va la historia silenciada
 La mía y la de mi sangre, la de chapa, cartón y plástico
 El aliento del subte, porque es el cálido viento del subsuelo es el que a mi me abriga y a usted le   hiela la sangre.
 Pero no se me enoje, amigo
 No me tenga lástima, compadre
 Venga, arrójese un rato conmigo en este lomo de cemento y carne, toque el carton, séquele la   humedad, recuéstese sin miedo.
 Mire, más no sea una vez, el mundo desde acá abajo
 Fíjese cuanto le había quedado afuera,
 Cuántas humanidades deambulan y usted ni cabida
 Mire, amigo,
 Anímese.
 Anímesele
 A rozar una vez en la vida los sótanos que a mí me han cobijado, el poco tiempo que me queda.
 La mirada de niño que alguna vez tuve.
 Todos los juguetes perdidos.
 Esta insoportable adultez de 11 años y pico

 

Edición: 3574

 

 

Por Bernardo Penoucos


(APe).- Nicolás tiene 29 años y está detenido desde hace 10. Lo veo entrando al salón de clases, masticando nervios y ansiedad. Tiene puesta su mejor ropa, su mejor camisa, ésa que sólo usa en la visita para sorprender a su madre cuando 2 ó 3 veces al año puede pedir permiso en su trabajo de “cama adentro” para poder viajar y visitarlo. Nicolás está nervioso pero sonríe como siempre. Es que dará el primer examen oral de su vida. Estamos, los dos, en la Unidad Nº 2 de Sierra Chica, unidad de máxima seguridad en la que hay detenidos que estudian, que logran abrir esa hendija y caminar otro escenario que el que la cárcel impone. Nicolás, luego de duros caminos, es uno de ellos.

Leer más...

Recién editado

Libros de APE