Por Laura Taffetani

(APe).- En estas últimas décadas hemos asistido a cambios profundos en la implementación de políticas sociales por parte del Estado al compás de los requerimientos de un capitalismo cada vez más voraz. También es una realidad que las organizaciones populares aún no hemos podido analizar en toda su dimensión esos cambios, así como tampoco el impacto que tendrán en nuestro futuro y el de las poblaciones con las que trabajamos y que ya atraviesan la cuarta o quinta generación en ese mundo ancho y ajeno que llamamos exclusión.

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Por Bernardo Penoucos 


(APe).- Aquí está la violencia   
 En mis manos, en mis ojos    
 En mi cuero de vereda    
 Míreme la violencia (anímesele…)    
 Que yo he sido hijo del destrato, amigo  
 Que yo he sido hijo de la noche, compadre
 Que mi piel es tumba, lodo seco,
 Esponja aniñada que absorbe la rabia y el miedo.
 Míreme la violencia, compañero 
 Que en mis piernas va la historia silenciada
 La mía y la de mi sangre, la de chapa, cartón y plástico
 El aliento del subte, porque es el cálido viento del subsuelo es el que a mi me abriga y a usted le   hiela la sangre.
 Pero no se me enoje, amigo
 No me tenga lástima, compadre
 Venga, arrójese un rato conmigo en este lomo de cemento y carne, toque el carton, séquele la   humedad, recuéstese sin miedo.
 Mire, más no sea una vez, el mundo desde acá abajo
 Fíjese cuanto le había quedado afuera,
 Cuántas humanidades deambulan y usted ni cabida
 Mire, amigo,
 Anímese.
 Anímesele
 A rozar una vez en la vida los sótanos que a mí me han cobijado, el poco tiempo que me queda.
 La mirada de niño que alguna vez tuve.
 Todos los juguetes perdidos.
 Esta insoportable adultez de 11 años y pico

 

Edición: 3574

 

 

Por Bernardo Penoucos


(APe).- Nicolás tiene 29 años y está detenido desde hace 10. Lo veo entrando al salón de clases, masticando nervios y ansiedad. Tiene puesta su mejor ropa, su mejor camisa, ésa que sólo usa en la visita para sorprender a su madre cuando 2 ó 3 veces al año puede pedir permiso en su trabajo de “cama adentro” para poder viajar y visitarlo. Nicolás está nervioso pero sonríe como siempre. Es que dará el primer examen oral de su vida. Estamos, los dos, en la Unidad Nº 2 de Sierra Chica, unidad de máxima seguridad en la que hay detenidos que estudian, que logran abrir esa hendija y caminar otro escenario que el que la cárcel impone. Nicolás, luego de duros caminos, es uno de ellos.

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Por Vicente Zito Lema (*)

(APe).- En la piel amarillada de los muertos
la serpiente del rencor relampaguea…

Apenas se escucha a los viejos en la plaza: sería
justo que al menos se alzara una pira funeraria
para los que mueren en la calle…
son más todos los días, dicen
y se tapan la boca… de pocos dientes…

(Un rito puede calmar la ira, también el desprecio
de unos dioses que nacieron en el palacio,
cerca de una cuidada rivera, lejos del establo…)

Cuando cae un relámpago no es bueno
ponerse bajo un árbol…

Tampoco es bueno en la ciudad ser un niño
que crece a las patadas, come a los saltos,
vagabundea a más no poder,
se apodera de una fruta, arrastra una cartera,
ve a un policía y corre, le tiran por la espalda,
le pegan en la cabeza…

Hay un instante que separa lo que está vivo
de lo que está muerto…

Es un instante fugaz la eternidad…

 

(*) Poema especialmente escrito para APe

 


Edición: 3572

 

Por Claudia Rafael

(APe).- “Imparables, los ´pibes piraña´ del Centro”, titula el diario El Día, de La Plata repetidas veces por estos días. Como ayer nomás, en septiembre de 2015, escribió en abundancia sobre “la banda de los nenes” o unos meses antes, sobre “Los Pepitos, una banda juvenil que asusta”. Y diez años atrás, acerca de la mítica “banda de la frazada”. Son las bandas. Las hordas de niños que provocan terror ciudadano replicado en los medios porque se muestran como los sin miedo.

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