Por Bernardo Penoucos

   (APe).- La escuela está cerrada, quemada y transpirando abandonos estatales. Por una cuestión de minutos todavía no habían llegado los 400 chicos que concurren a la institución educativa de Moreno. No estaban los niños y las niñas. Pero sí estaba la vicedirectora y un auxiliar. Estaban allí, como siempre y como todos los días. La solución casera para calmar el invierno no alcanzó y entonces explotó la garrafa de gas y en esa explosión murieron la vicedirectora y el auxiliar. La escuela tenía comedor, como casi todas las escuelas. Porque hace rato que a las escuelas también se va a comer y a compartir. La vicedirectora y el auxiliar se encargaban de eso también. Se encargaban de garantizar el derecho a la educación, pero también de generar esa mesa colectiva para que a nadie le duela, al menos por un rato, la panza de hambre. Pero no alcanzó. Tampoco alcanzaron los reclamos y las movilizaciones que desde la institución se generaron para que hubiera gas natural, para que existieran mejores condiciones, para que se escuchara lo que tantas veces se ha venido anunciando.

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Por Claudia Rafael

(APe).- “Mientras sea desaparecido no puede tener tratamiento especial, porque no tiene entidad. No está muerto ni vivo...está desaparecido”. Cínica perfección la de Jorge Rafael Videla al definir a los 30.000. Treinta y nueve años después de esas palabras del dictador, siete policías fueron condenados a perpetua por haber asesinado y torturado a Daniel Solano, ese muchachón que el 2 de noviembre próximo hubiera cumplido 34 años. A pesar de que Daniel, como Marita Verón, como Erika Soriano, como Miguel Bru, como Iván Torres, como tantos y tantos, jamás apareció. Y sigue en ese limbo macabro pergeñado como método sistémico que se cobijaba en el nido mórbido y protector de la Justicia, conocedora de velos que ocultan y de atajos.

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Por Silvana Melo

(APe).- En los dedos el olor de la ruda. Y la grapa corriendo como una serpiente, picando el frío. Santiago es la Pacha. De ella vino, por ella vivió, por la Mapu, cosiéndose la barba con agujas de amanecer, rodeando en abrazo la tierra, la tierra saqueada, la tierra enajenada, la tierra que se llevan en los bolsillos y en las cuentas de los bancos y en los armas de los gendarmes. De ella vino y por ella vivió. El hombre libre ahogado por la mano del estado en el río más frío, encerrado en los calabozos de una tierra esclava, con los treinta kilos de ropa mojada que se lo llevaron al fondo, puesto a contracorriente por quién sabe qué embustes milagreros.

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Por Silvana Melo

(APe).- El esponsoreo de los Juegos Olímpicos de la Juventud Buenos Aires 2018 por parte de Coca Cola es una de las grandes contradicciones sistémicas: el estado publicita la vida saludable asociado con la imagen de la bebida azucarada por excelencia. Responsable, junto a sus pares de marcas laterales, de la pandemia de obesidad infantil que atraviesa el planeta. Además del reparto de latas y botellas con la estética legendaria, la marca Powerade será Hidratador Oficial de los juegos de octubre. Una bebida deportiva con un alto contenido en sodio (300 mg en una botella de 500cc), sumado a otro alto contenido en azúcar (30gr), que equilibra el sabor a sal predominante. Una sola botella implica el 60% de la ingesta máxima admitida por la Organización Mundial de la Salud. Las niñas y niños de 15 a 18 años que participarán en los JJOO –y aquellos millones que lo mirarán por TV y lo aprehenderán en el sistema educativo- son blanco de un doble discurso de un estado que organiza competencias que exaltan deporte y salud pero incita a consumir bebidas que producen obesidad, aceleran la diabetes y condicionan la vida futura.

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Por Silvana Melo

(APe).- Rodó por las paredes de su arte. Y pintó grafittis con su sangre. El vecino creyó que era un ladrón. Era un vecino. No un brazo armado del estado. Era un hombre común, con un arma bajo la cama. Arrogándose ley, vida y muerte. El vecino creyó. Como una fe contundente. Sin fisuras. Creyó sin duda posible. Creyó que era un ladrón. El, que tenía apenas 17 y en la madrugada del lunes se apuraba para pintar la última redondez  de la última letra en la última pared para irse a dormir y después levantarse al lunes, frío y acechante lunes de  cara lavada y trabajo en la barbería.

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