Por Carlos del Frade

(APe).- El juez de instrucción de Rosario, Juan Carlos Vienna, fue el que llevó adelante la investigación por la banda de Los Monos. Desde su resolución, en febrero de 2014, su historia personal y sus relaciones con Luis Paz, el papá de Martín “el Fantasma” Paz, asesinado en septiembre de 2012, fueron usadas para voltear la totalidad de la causa.

El jueves 21 de diciembre, en el final de la quinta semana del histórico juicio, una serie de testigos abundaron sobre esos vínculos que lastiman la imagen del magistrado pero que, en forma paralela, tienen un efecto menor en la espina dorsal de la acusación.

El empresario Ariel Spadoni, a cargo de una concesionaria de motos, contó que se dedicó a la venta de motos durante unos diez años. El 1° de julio de 2013 fue detenido en una causa por narcotráfico conocida como Peras Blancas, por la cual, en febrero de 2016, fue condenado a doce años de cárcel por el envío de 1.235 kilos de cocaína a Europa. Vienna era un cliente de la concesionaria desde 2010, aproximadamente.

Spadoni relató que compartieron viajes en grupos motoqueros, a Victoria, cruzando el río, o la bonaerense San Pedro y comían asados con el resto de los amantes de estos fierros.

“En un momento Vienna le dijo que tenía un amigo, un conocido que tenía una moto que quería vender. Cuando el magistrado le contó la historia de la moto se dio cuenta que ya conocía el rodado. Es una moto “un poco particular”, era una Kawasaki ZXR de 1000cc. La habían importado desde Buenos Aires y nunca fue patentada. Un tal Chino, quien tenía una concesionaria en Cruz Alta (Córdoba), fue el primer destinatario de la moto y se la vendió a un mecánico rosarino que nunca la patentó. Pasó por otras manos y luego llegó al dueño de la disco Yamper –donde estuvo Claudio “Pájaro” Cantero minutos antes de que lo mataran frente a un boliche villagalvense–, quien la llevó a la concesionaria para vender”, sostienen las crónicas periodísticas del juicio.

La moto volvió a aparecer con el amigo de Vienna: Luis Paz.

La Kawasaki era muy particular, incluso su color y no había muchas. Era una moto pistera y no tenía los papeles. Fue secuestrada el 12 de septiembre de 2013 en el allanamiento a la concesionaria por el caso Peras Blancas. En el acta de secuestro, algunas fuentes del caso refieren que figuraba el nombre del juez junto a los datos de la moto. La Kawa Ninja nunca fue retirada del depósito fiscal donde se encuentra secuestrada.

Spadoni contó que el juez le dijo que le iba a mandar a su amigo, Luis Paz, y unos días después llegó el hombre al local. Lo recuerda porque dejó el auto en doble fila y “entró eufórico, alborotó el negocio”. La moto la trajo otro muchacho y Paz preguntó las condiciones de la consignación. También hablaron de boxeo, dijo el hoy convicto empresario, quien añadió que Paz dijo ser representante de (Lucas) Matthysse, quien en ese momento era un boxeador en pleno auge, y de Sebastián “Iron” Luján, rosarino. “Una persona un poco agrandada: se presentó diciendo quién era y que hacía”, afirmó Spadoni.
El testigo no se acordaba el nombre de pila, pero lo describió: “Morocho, bastante robusto, cabezón, entre 50 y 60 años”. Dijo que venía de parte de Vienna y dejó la moto, lo que ocurrió entre febrero y marzo de 2013, consignan las notas aparecidas en estos días.

Más allá de lo que entiendan los componentes del tribunal, el grueso de la investigación impulsada por Vienna no parece sucumbir por este conjunto de relaciones que, efectivamente, marcan las difusas fronteras entre justicia, poder económico y negocios oscuros.

Spadoni terminó preso en una causa por narcotráfico y los nombres pronunciados forman parte de ese mundo paralelo, potente y concreto que se desarrolló en Rosario en los últimos veinte años.

Para los abogados defensores, la quinta semana resultó provechosa y eso posiblemente se vea el final del proceso judicial.

Como siempre, queda saber hasta qué punto la visibilidad de estas relaciones muestra la totalidad de la tela de araña tejida durante estas décadas o si simplemente se trata de uno de sus hilos laterales.

Esa telaraña que incluye el origen, desarrollo y desgracia de Los Monos, por ahora, parece invisible y consistente.

Edición: 3520

 

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