Por Alfredo Grande

(APe).- Uno de las tantas batallas perdidas es la cultural. O sea: la batalla por el sentido de las cosas. Freud en su polémica con Jung dijo: “empezamos a ceder en las palabras y terminamos cediendo en las cosas”. O sea: cuando las palabras empiezan a manipularse como si fueran cosas, entonces cualquier palabra puede significar cualquier cosa. Sin ir más cerca: “cambiemos” tiene el sentido de un cambio planificado para mejorar lo malo y potenciar lo bueno, y también puede tener el sentido de un cambio planificado para empeorar lo bueno y potenciar lo malo.

La democracia está absolutamente distanciada de la cosa democracia. Hay una palabra abstracta con resonancias gratas pero hay una materialidad concreta con resonancias cada vez más ingratas. Pero si la política es la continuación de la guerra por otros medios, según la sentencia de Von Clausewitz, teórico de la guerra, entonces la democracia es la continuidad de la guerra por otros medios. No olvidemos que siempre se nos ha dicho, lo que es malo, pero que además lo hemos creído, lo que es pésimo, que la democracia es mala pero es lo mejor que tenemos. Un anticipo del “es lo que hay”. Bueno, ahora sabemos de qué se trata, como pedimos desde el 22 de mayo de 1810. Tan sencillo como esto: la palabra “democracia” ha sido la mayor estafa de todos los tiempos. El gobierno no era del pueblo, no era para el pueblo, y mucho menos era por el pueblo.

El gran pueblo argentino ni siquiera tiene salud, por más nuestro himno la garantice. Pero de esa gran estafa se derivan muchas más estafas. Para muestra basta un botón, si el botón es un analizador. El Presidente Macri ha vetado la ley de expropiación del hotel cooperativo B.A.U.E.N Así planteado el tema, parece que un mecanismo constitucional, por lo tanto legal, por lo tanto no necesariamente legítimo. Un veto es la desmentida de la mentada división de poderes. O sea: la muestra palpable de que hay Poderes más poderes que Otros. El Poder Judicial es Judicial Celestial. El Poder Legislativo no brilla, ni siquiera por su ausencia. Y el Poder Ejecutivo goza de la prebenda de tener un sistema “presidencialista”. O sea: no gobierna, sino que reina por derecho de urnas.

Usamos el lenguaje de la mediación democrática, del estado de derecho, de las garantías constitucionales. Cháchara. La dictadura de la burguesía tiene mil caras. Y la actual ni siquiera es de las peores. Mucho menos de las mejores. Por eso hay que volver a poner en superficie el fundante de la guerra en estas superficies de paz mentirosa. El veto a la ley de expropiación del hotel cooperativo es una declaración de guerra a la economía solidaria y autogestionaria. Mambrú se fue a la guerra y creo que en ese lugar va a quedarse.

Pero de esa declaración de guerra son cómplices directos los legisladores estafadores que no levantan el veto en una nueva votación. Algo similar sucedió cuando Cristina Fernandez vetó un artículo de la ley de prepagas y homologó las cooperativas que brindan servicios en salud con las sociedades anónimas de seguros en salud. Que tienen más de prepagas que de medicina. A lo terrible del veto, se sumó la obsecuencia del No Poder Legislativo que no veta el veto. Pudiendo hacerlo, ni siquiera lo intenta. El Presidencialismo que emana del poder celestial electoral, no puede ser enfrentado. ¡Malditos destituyentes! Acaten al Poder de todos los poderes.

Los decretos de necesidad y urgencia son bulas laicas y cualquier cuestionamiento te convierte en el hereje que pone palos en la rueda. Las declaraciones de guerra en democracia parecen absurdas. Las declaraciones de guerra en las dictaduras de la burguesía son coherentes. Los créditos hipotecarios, que se consigue en una unidad imaginaria llamada “uva”, son declaraciones de guerra a las necesidades habitacionales del pueblo. Porque está dirigida a un sector formal de la economía de ingresos medios para arriba. El sector informal, que es aproximadamente el 50%, obviamente queda a la intemperie.

Los genocidas le dieron el sentido de “guerra sucia” a la masacre planificada. Recordemos que la derecha siempre tiene razón, aunque es una razón represora. El terrorismo de estado es guerra sucia. El estado de derecho es guerra limpia. Con blancura electoral, con blancura de partidos políticos, con blancura de campañas electorales, con blancura de alianzas y acuerdos donde todos sonríen de los dientes para afuera.

Lo más terrible es que además la guerra se ha declarado entre ciudadanos más pobres, más ricos, menos pobres, menos ricos. A esa guerra que no es civil, porque está fogoneada por los que tienen el monopolio de la fuerza pública, se la llama “problemas de seguridad”. Obviamente, no puede tener solución en la marco de la dictadura de la burguesía. Mi aspiración actual es morir como el sargento Cabral: contento por haber batido al enemigo. Para que eso sea posible, además de enfrentarlo hay que reconocerlo como tal.

Vetar la vida es el comienzo de todas las guerras.

Imagen: Luis Felipe Noé

Edición: 3381

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