Por Sergio Alvez

(APe).- Las callecitas de Cateura son angostas y de tierra. Cuando llueve, todo se encharca y los ranchitos de madera se inundan. En este asentamiento, señalado como uno de los barrios más pobres de Asunción y de todo Paraguay, miles de familias conviven con un gigantesco basurero a cielo abierto. El “vertedero”, como prefieren llamarlo las autoridades municipales, representa un foco infeccioso que afecta especialmente a niñas y niños – exponiéndolos a una gran cantidad de enfermedades- , torna el aire nauseabundo, y al mismo tiempo genera trabajo para unas 4 mil personas humildes que viven de vender la basura reciclable.

Hombres y mujeres aferrados al oficio de “gancheros”, cuya tarea consiste en descargar con ganchos la basura que llega desde varios municipios de la capital paraguaya, seleccionar lo que puede servir, y acopiar para luego comercializar. El paisaje del vertedero se nutre de flacos caballos, castigados, esperando la carga de los carros que arrastran; perros quen hociquean las bolsas y ratas en su paraíso.

Aquí en Cateura, hace ya más de diez años, de las putrefactas montañas de basura, nacieron las coloridas flores de un sueño profundo, que el tiempo y la voluntad tornarían realidad.

Juan Ramón tiene 14 años y toca el violoncello (chelo). Nació y se crió en el basural, jugando al fútbol en la canchita pegada al vertedero. Enseña orgulloso su instrumento: “este chelo está hecho con una lata de aceite, una madera vieja, y las clavijas son cucharas; todo sacado del basural”. Tras la presentación de su herramienta, comienza a tocar El Invierno, de Vivaldi.

Juan integra la Orquesta de Instrumentos Reciclados de Cateura, dirigida por el músico Favio Chávez y conformada por niños, niñas, adolescentes y jóvenes de escasos recursos que viven en la comunidad del Bañado Sur, situada alrededor del vertedero Cateura. “La característica distintiva del grupo es la interpretación de obras musicales con instrumentos reciclados elaborados a partir de basura rescatada del vertedero. El mundo nos envía basura, nosotros le devolvemos música” dice Chavez.

“Comenzamos en 2006. Los instrumentos de la Orquesta imitan violines, violas, cellos, contrabajos, guitarras, flautas, saxofones, trompetas e instrumentos de percusión. Entre su repertorio ejecutan música clásica, música folklórica, música paraguaya, música latinoamericana, música de los Beatles, de Frank Sinatra, música de películas, metal sinfónico entre otros. La Orquesta tiene por objetivo desarrollar un proceso de formación dirigida a niños y jóvenes que viven en condiciones precarias y en estado de vulnerabilidad, a través de la música como elemento motivador y de promoción para los niños y jóvenes de modo que estos vivan experiencias que les ayuden a aprender, a permanecer en la escuela, desarrollar su creatividad y a tener acceso a oportunidades para mejorar su futuro” sostiene el director.

Ada Ríos Bordados tiene 13 años y toca el violín. Su instrumento fue hecho con latas, sumideros de duchas, tenedores viejos y monedas. “No cambiaría este instrumento por otro. Tiene un sonido único y que me encanta. Vivir al lado del basural siempre fue un problema y algo feo para nosotros. Pero desde que existe la Orquesta todo es diferente” dice Ada.

La Orquesta de Cateura representa un orgullo inmenso no sólo para el barrio, sino para todo el país, debido al reconocimiento obtenido a nivel mundial. El proyecto lleva recorridos más de 25 países. Fueron teloneros de Metallica y hasta cuentan con un documental - Landfill Harmonic (La armonía del vertedero), dirigido por el estadounidense Graham Townsley, y cuyo primer tráiler se empezó a difundir en las principales redes sociales en 2012.

“Desde el violinista de Madonna, Jason Yang, hasta músicos de la legendaria banda de thrash metal, Megadeth, o la prestigiosa actriz británica Emma Watson y el cantante español David Bisbal, todos compartieron en sus redes sociales su admiración por la creativa formación guaraní. Actualmente, unos 40 niños y jóvenes forman parte de la Orquesta de Instrumentos Reciclados de Cateura. Por otra parte, son 200 las personas que aprenden música en la escuela de música que dirige Chávez en el nuevo local, que igualmente queda chico” aporta el periodista paraguayo Jorge Coronel.

Sobre los orígenes de la experiencia, el director musical y docente Chávez reseña que “cuando trabajé en el vertedero comencé a enseñar música a los niños. Primeramente, a los hijos de las personas que trabajaban en la planta de procesamiento de residuos; luego se abrió a la comunidad y ahí comenzó la historia de enseñar música en ese lugar, en ese contexto.A partir de esa situación social, surgió la necesidad de crear instrumentos de materiales reciclados. Para nosotros fue fácil porque dábamos clases de música en el mismo lugar donde se trabajaba, en la planta de procesamiento de residuos sólidos. Sólo teníamos que extender la mano y agarrar materiales que llegaban todos los días por tonelada. Hoy construimos instrumentos –hasta los vendemos- y hacemos música”.

Con sus nueve años, Juli es una de las integrantes más jóvenes de la escuela musical, lo que no le impide tener la claridad de entender la magnitud del proyecto: “hacemos música para que el barrio sea más lindo, para que el mundo sea más lindo”.

No todo es basura en Cateura. Aquí la combinación de reciclaje y música, generó una experiencia que hace una década rescata a niñas y niños de la miseria, y hace que del mismo basural que por la desidia de “los grandes” los condena, emerja un presente lleno de melodías, y esperanzas de un futuro mejor.

 

Edición: 3374

Libros de APE