La Santafesina, brutal contra los qom

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Por Carlos Del Frade

(APe).- -Me trataron de puta y me echaban…nuestra bandera flameaba a consecuencia de los tiros de la policía – sostuvo Ruperta, una de las principales referentes de la comunidad toba de Rouillón y Maradona, en el oeste rosarino, a consecuencia de una violenta irrupción de La Santafesina SA (*) en los barrios en busca de alguna justificación que encontrarían más tarde, cuando el ministro de Seguridad, Maximiliano Pullaro, intentó explicar un nuevo hecho de brutalidad contra los sectores empobrecidos de la ex ciudad obrera.

Fue en la mañana del 2 de abril, justo cuando el almanaque marcaba los 35 años del desembarco en las Malvinas que ordenara Leopoldo Fortunato Galtieri, el mismo que había vendido tierras fiscales del Chaco a empresarios amigos, los mismos que después le financiaron su aventura política. Entre 1976 y 1979, Galtieri fue el comandante del segundo cuerpo de Ejército, con sede en Rosario y jurisdicción sobre las provincias de Santa Fe, Chaco, Formosa, Misiones, Corrientes y Entre Ríos. En ese momento de pleno poder sobre las provincias del litoral y la Mesopotamia argentinas, Galtieri regaló tierras y arrinconó a las comunidades qom, mocoví y mataca.

Llegaron las crecidas del Paraná y decenas de familias de esos pueblos originarios viajaron hasta Rosario, hacinados en los últimos trenes de pasajeros. Desde entonces, principios de los años ochenta, los barrios qom forman parte de la identidad de la cuna de la bandera.

El domingo, integrantes del Comando Radioeléctrico entraron a tiros, golpes y empujones en las casillas, arrastrando a mujeres, niños y grandes, hasta un muchacho paralítico cayó en las garras del desprecio de clase encarnada en el uniforme policial de la provincia de Santa Fe.

Varios muchachos quedaron internados primero en el Hospital Carrasco y otros en el de Emergencias, mientras que algunos siguieron detenidos en la comisaría 19 con la acusación de portación de armas.

La semana había mostrado su densidad porque el 31 de marzo había terminado el plazo por el cual los carreros debían dejar de lado a los caballos que los ayudan a sobrevivir y en ese contexto hubo duras disputas con la policía rosarina y los representantes políticos del municipio.

Sin embargo, en la tarde del domingo, después del amanecer violento en el barrio qom, un fiscal, de apellido Ponce, no quiso repetir la mentira policial y comenzó a preguntarles a los agentes del estado el porqué de las invasiones a las casillas sin orden de allanamiento mediante.

Quizás haya un poco de vergüenza y los encargados del operativo sean investigados por esta nueva postal de hostigamiento contra los sectores empobrecidos de la sociedad rosarina.

E incluso también debería procesarse al médico policial que evaluó a los menores y mayores que estaban detenidos y sostuvo que no presentaban lesiones cuando, luego, se verificó todo lo contrario.

Para las maestras y los maestros de la comunidad educativa 518, “Carlos Fuentealba”, es necesario condenar este hecho que, entre otras cosas, incluye la “desaparición y brutal golpiza que sufriera un adolescente, quien luego fue hallado en un campo… los procedimientos prepotentes y abusivos son moneda corriente en el barrio y ello nos es subrayado a diario en nuestra escuela… dispuestos firmemente a apoyar, colaborar y acompañar las acciones que desde la comunidad que congrega a nuestros alumnos y alumnas aporten a la lucha por denunciar y combatir estas prácticas antidemocráticas”, dicen los docentes en su documento.

En los arrabales del oeste rosarino, el sistema dejó su repetida de huella de brutalidad contra los excluidos de siempre.

Sin embargo, a pesar de que la whipala, la bandera de los pueblos originarios, haya flameado como efecto de los disparos policiales, la solidaridad y la denuncia derribaron el intento oficial de amparar a los integrantes de La Santafesina SA.

El presente mejor será hijo del protagonismo popular. Y eso también forma parte de lo sucedido en el oeste rosarino.

(*) La policía de la provincia de Santa Fe.

Edición: 3367


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