Por Claudia Rafael

(APe).- Fueron 78 días de esa pregunta aterradora que martilló hora tras hora. ¿Dónde está? ¿Dónde está Santiago? Hace algunas horas que ese interrogante tiene una respuesta que podría ser atroz. Cuando la muerte irrumpió como un piedrazo sobre los espejos en el momento en que un equipo de buzos de la Prefectura Naval encontró un cuerpo en el río, 300 metros arriba del Pu Lof de Cushamen. ¿Es Santiago? ¿Ese cuerpo sin vida fue alguna vez Santiago? ¿Esos restos pendientes de una rama de sauce tienen tatuado en la piel el nombre de Santiago Maldonado?

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Por Carlos Del Frade

(APe).- María de los Angeles Cóceres tenía solamente dieciocho años y hacía poquito que era mamá. Vivía en Coronda, cuna de la frutilla más dulce de la Argentina, geografía que alguna vez soñara con ser la capital del país y que desde hace mucho tiempo alberga la cárcel más grande de la provincia de Santa Fe, el segundo estado de la república del sur.

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Por Bernardo Penoucos

(APe).- Pablo Ramos, novelista de Avellaneda, dice y cuenta que en la culminación de su infancia está el origen de la tristeza, de su tristeza, esa infancia que se le fue entre los trenes de la distancia cuando se enteró de que su amigo, su hermano, había sido asesinado antes de cumplir los dieciséis.

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Por Mercedes “Meche” Méndez (*)

Fotos: Pablo Piovano

 

(APe).- El fallo del tribunal de Concepción del Uruguay, Entre Ríos, que sentenció que fumigar escuelas es delito y condenó a empresario fumigador, piloto y productor sojero a 18 meses de prisión, ha sido histórico y una enorme alegría. Pero los efectos del modelo transgénico puesto en marcha en 1996 tiene responsables políticos que en algún momento deberán responder judicialmente por semejante daño. Pero además, las autoridades sanitarias, los trabajadores de la salud y los médicos tenemos la responsabilidad ineludible de no mirar para otro lado ante semejante daño a la salud, de tenderle la mano a los damnificados, de defenderlos, de cobijarlos, de escucharlos, de asistirlos, de prevenirlos, de cuidarlos y sobre todo acompañarlos tamaña agresión.

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Por Alfredo Grande

(APe).- Una declaración que se pretende universal es funcional a la cultura represora. Primero porque declara. Y al declarar, otorga existencia. Una forma de dar la vida. “Os declaro marido y mujer”. Lo que resulta curioso, ya que no lo declara hombre y esposa. La declaración del matrimonio sacramental otorga estatuto de marido para el hombre y de mujer para la mujer. O sea: empieza a ser mujer cuando está casada y así es declarada. ¿Tiene algo para declarar? al regresar de un viaje a Chile para no perder la adicción al hiperconsumo y superar la abstinencia que generan los precios descuidados. La declaración establece un estado de cosas. Declara una pertenencia, una existencia, una tenencia. El saberse tenedor y poseedor de determinadas virtudes, habilidades, deseos y derechos, nos bautiza con el más letal de los mandatos: obediencia ciega, muda y sorda a quien garantiza esas tenencias y pertenencias.

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