Por Laura Taffetani

El ojo ve sólo lo que la mente está preparada para comprender.
Henri Bergson

(APe).- El 23 de Febrero, diversos espacios que trabajan con pibes, en un hermoso gesto de unidad, se pronunciaron en contra de la baja en la edad de imputabilidad mientras se discutía en el Ministerio de Justicia el nuevo proyecto de Responsabilidad Penal Juvenil. Niños y niñas junto con Norita Cortiñas -esa madre de Plaza de Mayo que siempre lleva nuestra dignidad a cuestas- ingresaron a la sala donde se estaba sesionando y, con sus tímidas voces, de tanto silencio impuesto por generaciones, leyeron el documento. En esa mesa casi todos los actores, incluido UNICEF, dictaminaron en contra de bajar la edad.

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Por Silvana Melo

   (APe).- Como un elefante que no entra por la puerta del futuro, la escuela se bambolea pesadamente. Ya tiene las piernas varicosas y el vientre inflamado. No puede saltar por sobre esta historia en repitencia. Porque la discusión que la atraviesa es fatalmente salarial. Una vez más. No se discute el drama estructural, su vocación expulsiva, su decisión de no torcer rumbos preasignados. No su falsa universalidad, no sus tantos docentes cansados y/o en perpetuo desgano, no su carácter de estatal (de este estado, que no garantiza equidad para nadie) en detrimento de su pretensión pública, no su trajecito de administradora de tanto descarte que el sistema deposita en sus aulas, no la frecuente falta de compromiso de muchos trabajadores de la educación, no su apego a la escuela estandarizada y mercantilizada de las pruebas PISA.

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Por Carlos del Frade

(APe).- Lo calificaron de descamisado y resentido, le anunciaron la muerte a su mujer y lo tiraron al mar. Su delito fue ser revolucionario. El 4 de marzo se cumplieron 206 años de su envenenamiento y posterior desaparición en las aguas del Atlántico frente a las costas del norte de Brasil. Mariano Moreno fue contado de muchas maneras pero su Plan de Operaciones, el último documento que firmó y redactó, está allí, vigente, cuestionando la clave del presente de la Argentina: la felicidad del pueblo se alcanzará cuando se “descontente” a los que acumulan las riquezas en pocas manos y se logre su “repartición”.

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Por Alfredo Grande

   (APe).- Se inauguró el período legislativo. O sea: empezó la denominada contienda electoral. El ritual de las democracias de cuello blanco y patas sucias. Me votan, luego existo. Y las encuestas se convierten en las profecías que darán cuenta de ganadores, perdedores, empatadores, ascensos y descensos.
Hay una gran conmoción sobre si comienza o no el fútbol. En realidad, si comienza o no la mega industria trasnacional que empieza con una pelota, que alguna vez fuera de trapo, y termina en China o Dubai.

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Por Claudia Rafael

    (APe).- El día falta como falta él. Es un agujero en los almanaques. Entre el 28 de febrero y el 1 de marzo de 2017 no hubo ni hay nada. En esa oquedad inhallable está Luciano, la pieza ausente en el rompecabezas de la condición humana, asomando con sus 25 años. Los que nunca cumplió. Los que no tendrá jamás. Los mismos que tenía su hermana Vanesa Orieta cuando a él los hacedores de la muerte lo arrancaron de una esquina oscura de Lomas del Mirador. Luciano Arruga cumpliría (ayer, hoy o en el hueco vacío entre los dos días) una edad que lo encontraría adulto; tal vez, trabajador; quizás changarín en tiempos en que no hay fábricas; a lo mejor luchador, como Vanesa peleando en las calles con la lucidez de plantarse contra las múltiples violencias institucionales que no son una, sino que rodean en un todo las vidas de los de afuera del círculo cada vez más estrecho del bienestar. Luciano ya no tiene 17 como hace ocho años pero nunca los traspasó. La policía, el poder político, el judicial se interpusieron ante él para la vida. El mismo sistema que hoy proclama –como desde hace infinitos años- punibilidad a edades cada vez más bajas como parte de un engranaje de criminalización profunda de los desarrapados y los desnudos, fue el que lo buscó. Lo torturó. Lo hostigó. Lo rodeó. Lo castigó. Y sin querer, sin buscarlo, lo transformó en el símbolo más transparente y profundo de la dignidad del que dice rabiosamente no a los poderosos desde los pozos más profundos de la pobreza.

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