Por Claudia Rafael

(APe).- Vanesa es frágil. Vanesa no es frágil. Vanesa tiene certezas. Habla claro. Con firmeza pero sin levantar la voz. Excepto cuando trasunta la rabia. En que su rostro se transforma. En que levanta el puño y alza la voz. Y ahí, para los crueles, es de temer. Vanesa tuvo que ser juntada en pedacitos más de una vez. Vanesa no quiere ser centro ni estrella. Sólo quiere ser colectivo que se sostiene en el tiempo. Vanesa es la entereza que tuvo que constituir a su mamá, Mónica Alegre, en aquellos tiempos en que Mónica era un cuerpo en ruinas, una palabra que no se pronunciaba, un dolor que se desnudaba en el llanto, en el silencio, en la mueca, en la silla desde la que costaba hacer pie.

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Por Facundo Barrionuevo

(APe).- Puede que constituya cierto exceso vertir lecturas sobre el campo de las significaciones cuando se trata de situaciones tan concretas en el marco del sufrimiento de una familia, como en el caso de los Maldonado. Lo cierto es que ya Santiago pertenece también al ámbito de lo simbólico colectivo, de manera que corresponde unir el sentir de quienes nos hemos hecho hermanos de Santiago a la familia, y así los Maldonado recuesten la pena familiar en el cuerpo de lo común.

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Por Sergio Alvez

(APe).- La indignante fotografía de alumnas de una escuela primaria de Misiones haciendo fila para usar una letrina en estado lamentable, vuelve a poner en evidencia la desidia estatal en materia de infraestructura adecuada en la educación pública. Mientras, el presupuesto 2018 en Misiones destina 13.670 millones de pesos “orientados a sostener el apoyo del Estado a las instituciones educativas de gestión privada con financiamiento público”.

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Por Carlos Del Frade

(APe).- “El río Magdalena, principal río de Colombia extendiéndose sobre 1 500 km, transporta todos los días cadáveres inertes. A sus orillas, los cuerpos son recogidos por pescadores. Y, todos los días, los habitantes de los pueblos vecinos adoptan estos cuerpos, antes sin nadie que pudiera darles una sepultura. Sin identidad manifiesta, se les llama “Ningún Nombre”, o “NN”. Las familias adoptivas se toman en serio sus responsabilidades y se encargan de ellos, llevándoles flores y orando por ellos. Otros incluso se permiten darles un nombre y hablarles, como a un confidente o a un miembro más de la familia. En Puerto Berrio, Antioquia, los 50 000 habitantes se fueron acostumbrando poco a poco a la idea de recoger cuerpos en el río. Hoy en día, todos los muertos del pueblo cuentan con padres adoptivos. La fe está muy presente en estos colombianos, algunos llegando a pelearse entre ellos por rescatar un NN y demostrar así un buen comportamiento”, dice Justine Rodier, en una de sus hermosas crónicas sobre la realidad social del sur del mundo.

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Por Bernardo Penoucos

(APe).- Eras vos siendo voz y serás, como ese río revuelto y avergonzado de verte inerte, un tatuaje histórico y multiplicado en la geografía paria de esta patria que nos sigue desheredando sin más, que nos sigue arrancando a los mejores y que nos deja con el grito en la boca y la rabia en el cuerpo.

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