Por Claudia Rafael

(APe).- El día en que los canales, webs, radios anunciaron con bombos y platillos la detención de un chico de 15 años por el crimen de otro un año más chico –los dos, ironía del destino, de nombre Brian- se decidía que era el momento propicio. Servido en bandeja. Cada tanto los gobiernos arrojan una bomba de humo para desviar las miradas. Recurrentemente el Estado ofrece en prenda de sacrificio propuestas que centran la atención sobre adolescentes en conflicto con la ley penal: proyectos que suelen carecer de viabilidad y que, de hecho, no implican mínimamente una solución a los males que sufre la sociedad.

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Por Carlos Del Frade

(APe).- El 21 de enero de 2016, la presidenta en ejercicio del Poder Ejecutivo de la Argentina, Gabriela Michetti, firmaba el decreto de necesidad y urgencia 228 que declaraba la emergencia nacional en seguridad. Por eso no es casualidad que a casi un año, el gobierno nacional impulse la hipócrita, cínica e inútil medida de castigar a las chicas y los chicos entre catorce y dieciséis años como si fueran los causantes de los males argentinos.

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Por Bernardo Penoucos, especial para APe

(APe).- En algún momento -tardará en llegar ese tiempo- entenderemos que los pibes siguen siendo el eslabón más expuesto del crimen organizado: son los cuerpos receptores del plomo, de la pasta base o de la reja. Así de parias son los territorios que el Estado les ofrece a estos jóvenes que, vaya a saber por qué intereses electorales mezquinos, hoy regresan a la escena de lo penal, de lo punitivo y, claro está, de lo estigmatizante.

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Por Carlos Del Frade

(APe).- Giuliana Maldovan, de solamente veinte años, y Lucas Liveratore, de 34, murieron después de haber ingerido pastillas de drogas sintéticas en el complejo Punta Stage, en Arroyo Seco, departamento Rosario, en el marco de una fiesta electrónica de año nuevo.

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Por Alfredo Grande

     Para que el árbol nuevo no nos impida ver el bosque viejo…

(APe) Una de las máscaras de la impunidad es el año nuevo. El refranero represor sentencia: borrón y cuenta nueva. O sea: a lo hecho, pecho. Lo pasado, pisado. Pájaro que comió, voló. Mañana será otro día. Año nuevo, vida nueva. Y como todos estamos atravesados por la cultura represora, aunque no de la misma manera, el que esté libre de brindis que tire la primera copa. La trampa represora es el significante “nuevo”. Atractivo, sin dudas. “Mi amor, soy un hombre nuevo” dice el golpeador anticipando futuros femicidios.

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