Por Bernardo Penoucos

(APe).- ¿Cómo hace un cuerpo para habitar el encierro?¿Cómo hace un cuerpo para habitar el dolor en las esquinas ensombrecidas de comisarías, cárceles e institutos de menores superpoblados?¿Por qué los métodos sistemáticos de la tortura siguen actualizándose como práctica constante?¿Por qué esta urgencia no se incluye en las plataformas electorales de maquillados y estéticos candidatos?¿ Dónde los Tratados Internacionales?¿ Dónde los efectores de salud?¿ Dónde la Justicia que no resuelve ni la mitad de los casos que sin condena transitan el castigo de los procesados que todavía no tuvieron ni juicio ni sentencia?.

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Por Claudia Rafael

(APe).- El cuerpo de Ezequiel flotó por tres kilómetros en las aguas malolientes del Riachuelo. Desde el Puente Alsina hasta el Victorino de la Plaza. Fue quince años atrás, cuando nueve policías federales le gritaron nadá o te pego un tiro en la cabeza. Hoy rondaría los 34 años. Ezequiel Demonty no sabía nadar. Dicen que Santiago Maldonado tampoco. A Ezequiel tardaron nueve días en encontrarlo. A Santiago, en cambio, nadie lo encuentra. Es peligroso que aparezca. Hay cuerpos, como López, que son sombras para siempre. Algunos creen que a Santiago, como a Ezequiel, lo hicieron ahogar. Aparecen mensajes de texto que exponen el rol del estado.

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(APe).- Pelota de Trapo reafirma, hoy como ayer, la necesidad de seguir sosteniendo la consigna El Hambre es un Crimen que, históricamente, ha levantado junto con otras organizaciones. Un crimen que tiene responsables porque el hambre no deviene de la naturaleza sino que es el resultado de claras decisiones políticas.

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Por Carlos del Frade

(APe).- “En la localidad de Durán, departamento San Javier, provincia de Santa Fe, siendo las 09:00 horas del día quince del mes de septiembre del año dos mil diecisiete, comparece ante la autoridad policial que suscribe y refrenda, una persona…”, comienza diciendo la burocrática literatura de una comisaría del nordeste santafesino.

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Por Alfredo Grande

(APe).- Desde hace algún tiempo, no son pocas ni pocos los que me dicen “maestro” y “profeta”. A pesar de la tentación inmanente de mi apellido, nunca me “la creí”. Siempre fui temeroso de dios y de Freud. Aunque fuera el dios pagano que algunos llaman “sentido común”. Pero, de a poco, diría que exageradamente de a poco, empecé a percibir que algunos conceptos tenían ratificación teórica y política.

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