Por Carlos Del Frade

(APe).- -Me trataron de puta y me echaban…nuestra bandera flameaba a consecuencia de los tiros de la policía – sostuvo Ruperta, una de las principales referentes de la comunidad toba de Rouillón y Maradona, en el oeste rosarino, a consecuencia de una violenta irrupción de La Santafesina SA (*) en los barrios en busca de alguna justificación que encontrarían más tarde, cuando el ministro de Seguridad, Maximiliano Pullaro, intentó explicar un nuevo hecho de brutalidad contra los sectores empobrecidos de la ex ciudad obrera.

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(APe).- La noche en Villa Caraza se volvió infierno. Cuando la policía entró a romper, a lanzar gases y a golpear a los chicos, el comedor Los Cartoneritos vio derrumbarse la hora bella de la comida, cuando se juntan cien pibes por noche mientras sus familias recogen lo que encuentran en las calles vacías.

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Por Silvana Melo

(APe).- El sacrificio de Jonathan Gardini es una semilla en este barro. A las cuatro y media de la mañana lo arrasaron las ruedas de un camión, como ha demolido la historia reciente las conquistas de cuando se luchaba por transformar la vida. Las cuatro, seis, ocho ruedas de un camión, vocero de los centenares de camiones varados en la entrada del cordón industrial de San Lorenzo, Santa Fe. Allí por donde fluye la producción y se concentra la riqueza. Que les pasa de largo a los trabajadores y sólo les deja el derrame. Como las palomas sobre las cabezas.

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Por Alfredo Grande

   (APe).- Durante mucho tiempo, demasiado tiempo, me explicaron que en la Argentina no había fascismo. También me explicaron que no había problemas raciales. Y me sermonearon con el tema de la inmigración que permitió la integración de diferentes pensamientos, culturas, ideologías. O sea: en la versión Disney de la historia argentina somos el granero – sojero del mundo y un país europeo en Latinoamérica.

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Por Claudia Rafael

(APe).- Ni Micaela Brambilla, de La Garganta Poderosa, ni Norita Cortiñas estuvieron allí. Fue ya hace demasiado tiempo. Micaela tendría apenas un año entonces. Nora ya hacía demasiado era esa mujer de pañuelo blanco, enorme a pesar de su diminuta estatura. Ciertas historias se repiten. Cíclicas. Sistémicas. Se reiteran como prácticas habituales que nadie ve. Que nadie filma.

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