Por Carlos Del Frade

(APe).- Laboratorios medicinales y farmacias, empresas de transportes varias, depósitos fiscales en los principales puertos de la Argentina, envíos de efedrina y metanfetamina por encomiendas entre las estaciones de ómnibus de Rosario y Buenos Aires, nombres de empleados aduaneros mexicanos y criollos, bancos privados, es la síntesis de la sentencia de 307 páginas del 28 de septiembre de 2012, leída ese día en el tribunal oral federal número 4 de San Martín, donde estaba la historia del rey de la efedrina, Mario Roberto Segovia, el muchacho que evolucionó desde su trabajo de mozo en un club hasta ser poseedor del único Rolls Royce de la ex ciudad obrera.

Una red de contactos que funcionaba antes, durante y después de Segovia, Bina, Ferrón y Forza.

Una red paralela a la legal montada por grandes empresarios y funcionarios que desempeñan sus tareas en distintas instituciones estatales de países como México y Argentina.

Una red que da cuenta del negocio paraestatal del narcotráfico y sus distintos subproductos, entre ellos, la efedrina.

En ese verdadero memorial del capítulo argentino del negocio internacional de la efedrina que es la causa del “rey” Mario Roberto Segovia, surgen, también, los apellidos del triple crimen de General Rodríguez, cuyos asesinos se fugaron en los últimos días de 2015.

Uno de los integrantes de la banda de Segovia era Rodrigo Pozas Iturbe quien había participado “en distintas reuniones con Tarzia, Martínez Espinoza, José Luis Salerno, Damián Ferrón, Ricardo Daniel Martínez, Leopoldo Bina y Sebastián Forza. Una de estas reuniones tuvo lugar el día 25 de julio de 2008 en el bar “Open Plaza” de Pilar. La finalidad de la organización y el motivo de ser de dichas reuniones se centraba en diagramar la logística de la agrupación y la modalidad ejecutiva de las actividades ilícitas emprendidas en orden a la guarda de materias primas, producción y comercio con ellas para la fabricación de estupefacientes y su exportación hacia el exterior”, sostenía aquella sentencia.

En octubre de 2008, Mario Roberto Segovia, daba cuenta, a través de su correo electrónico de los problemas derivados de la presencia de mexicanos en Argentina y las nuevas disposiciones prohibicionistas de los gobiernos impulsadas por el imperio, por Estados Unidos.

-Amigo, todo está muy mal por aquí desde que tus compatriotas vinieron a pudrir el negocio, en la TV y los periódicos no se habla de otra cosa que no sea mexicanos, efedrina, crímenes, etc. Basta con poner cualquier de estas palabras en buscador argentino y lo verás www.google.com.ar Rubén está muy complicado para operar también, estamos a la espera de que podamos volver pronto a trabajar, pues me quedan algunos kgs., que tengo escondidos. El gobierno estudia la posibilidad de prohibir la sustancia tal cual paso en tu país, por ahora es muy difícil conseguirla y los precios varían mucho todo gracias a los mexicanos que no tienen una mierda que hacer que venir a pudrir nuestro mercado. Ya me comunicaré y te pasaré una nueva radio para comunicarte conmigo. Adiós Albert – escribía el Rey de la efedrina el 12 de octubre de 2008.

Gracias a esos contactos institucionales en Argentina y México, la organización de Segovia había logrado exportar 4.400 kilogramos de efedrina, es decir casi 4 toneladas y media, desde el 17 de julio de 2007 al 29 de agosto de 2008, a través de 91 envíos, a pesar de las prohibiciones de importación de la sustancia que ya comenzaban a aparecer en casi toda la geografía americana, desde Alaska a Tierra del Fuego.

- …de cualquier manera ajustamos los números por eso no nos vamos a detener, tu dime para estar en línea lo último entregado fueron 597 europeos (804 americanos) Yo en este momento tengo listo 200 europeos y 200 más en espera… yo mientras sigas aplaudiendo yo sigo cantando, como vez. Saludos – escribió Segovia el 8 de abril de 2008.

Para el Tribunal Oral Federal número 4 de San Martín, “lo expuesto hasta aquí permtió concluir que, Segovia compraba el precursor químico efedrina en la provincia del Chaco o en la ciudad de Buenos Aires, y en ambos casos era enviado a la ciudad de Rosario, para luego ser nuevamente remitido aunque no en su totalidad por Integral Encomiendas hasta la terminal de Retiro y desde allí al aeropuerto internacional ubicado en Ezeiza. Este traslado del material desde Buenos Aires a Rosario permitió sospechar que se verificaba, a los efectos de realizarse allí, es decir en Rosario o en sus adyacencias, el reacondicionamiento, etiquetado y/o embalaje del mismo, enmascarándose el producto efedrina, tal como era adquirido –y cuyo ingreso estaba vedado en los Estados Unidos Mexicanos en un suplemento dietario lícito u otro elemento y al propio tiempo ello facilitaba hacer desaparecer los datos originales de los importadores y/o distribuidores de la sustancia controlada que ostentaban los cuñetes de efedrina”, sostiene parte de la sentencia.

En estas horas de palpitante relato mediático sobre la persecución a los evadidos de General Alvear, es preciso detenerse en aquella frase de Segovia: “Yo, mientras sigas aplaudiendo, yo sigo cantando”.

Eso es lo que dice el negocio multinacional más allá de las tribulaciones particulares de sus representantes individuales.

Los gerentes y empleados pasan, los intereses permanecen. Mientras sigas aplaudiendo, sigo cantando, profetizó el entonces rey circunstancial, un tal Mario Roberto Segovia.

Fuente: Sentencia del Tribunal Oral Federal Número 4 de San Martín, del 28 de septiembre de 2012, en relación a la causa 2560.

 Edición: 3079

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