Por Carlos Del Frade

(APe).- -El narcotráfico ha penetrado en la política; nosotros no somos parte de eso, pero cualquiera que sí lo sea, sea del partido político que fuese, nos va encontrar en la vereda de enfrente…-dijo María Eugenia Vidal, la gobernadora del principal estado argentino, la provincia de Buenos Aires, en el día de los Santos Inocentes, el lunes 28 de diciembre de 2015, luego de la fuga del penal de máxima seguridad de General Alvear, de los tres condenados como autores materiales del triple crimen de General Rodríguez, los hermanos Martín y Cristian Lanatta, y Víctor Schillaci. De tal manera siguieron la ruta del prófugo Esteban Pérez Corradi, señalado como uno de los mayores proveedores de efedrina a los carteles mexicanos. La efedrina es esencial para la producción de drogas sintéticas tales como la metanfetamina.

Aquella masacre comenzó a producirse el 7 de agosto de 2008 y tuvo como víctimas a Sebastián Forza, de 34 años, uno de los dueños de la droguería Sanfor Salud; Damián Ferrón, de 37 años, empleado de la farmacia del empresario José Luis Salerno y Leopoldo Bina, de 35 años, trabajador en una revista portuaria y aduanera, propiedad de su padre. Sus cuerpos fueron encontrados el 13 de agosto de aquel año en un descampado cerca de la ruta 6 en General Rodríguez y sus cuerpos mostraban las huellas de un fusilamiento de, por lo menos, dieciséis balazos. Estaban boca abajo y tenían los pies y manos atados con precintos plásticos.

Pero hay que volver a la frase de la gobernadora de Buenos Aires: “El narcotráfico ha penetrado en la política; nosotros no somos parte de eso…”, dijo Vidal.

¿Puede algún sector político gobernante en los últimos veinte años no ser parte de uno de los principales negocios del sistema capitalista que esos mismos sectores defienden y reciclan?.

La historia reciente del negocio de la efedrina es la mejor crónica de la evolución de los negocios internacionales comandados por distintos nichos institucionales de los Estados Unidos con la colaboración de otros países, como México y Argentina, entre otros.

Las disposiciones tomadas por los gobiernos de América del Norte abrieron la posibilidad de nuevos proveedores de esta sustancia. Ninguna de esas decisiones dejó afuera a la política institucional.

El informe de la llamada Junta Internacional Fiscalizadora de Estupefacientes del año 2006, da cuenta del origen de la pista argentina en este negocio multinacional.

El punto 318 de aquel documento sostiene que “la extradición de narcodelincuentes de México a los Estados Unidos va haciéndose más frecuente. Las autoridades policiales y de inmigración mexicanas están deportando a los Estados Unidos un mayor número de fugitivos. El Gobierno de México inició el Operativo México Seguro con objeto de hacer frente a la violencia desencadenada en 2005 entre las organizaciones delictivas que luchan por el control de las rutas de tráfico en las ciudades de la frontera con los Estados Unidos.

El Gobierno de los Estados Unidos y el Gobierno de México iniciaron en 2005 la Operación Unidad Fronteriza, esfuerzo bilateral con la participación de diversos organismos encaminado a hacer frente a la violencia a ambos lados de la frontera en la zona de Laredo y Nuevo Laredo”, sostiene la crónica que hace este organismo dependiente de las Naciones Unidas.

2005, entonces, parece marcar el cierre parcial de las fronteras mexicanas para el ingreso de la efedrina.

Por aquellos días, en Argentina, entre 2004 y 2005 se importaron 3.449,5 kilos de efedrina en 24 meses. Alrededor de tres toneladas y media.

Pero, a partir de 2006, como consecuencia de aquella decisión política sanitaria de México, algo se movió en el gobierno argentino.

A principios de 2006, comenzó el aumento desmedido de importaciones de efedrina. Ese año, ingresó al país casi el doble de esa cifra: los proveedores de efedrina trajeron 6.100,14 kilos. El punto más alto fue 2007: 19.200,29 kilos.

En total, según las cifras oficiales, entre 2006 y 2008 ingresaron a la Argentina casi 41 toneladas de efedrina, y sólo 269 kilos salieron legalmente del país. Hay que recordar que solamente entre 2004 y 2005, apenas se había autorizado el ingreso de 3,5 toneladas.

La cantidad se multiplicó once veces.

El negocio argentino de la efedrina fue directa consecuencia de la decisión política de los gobiernos de Estados Unidos y México del año 2005. La mayor prohibición oficial para restringir la importación de parte del estado azteca se dio en mayo de 2008 por un decreto del entonces presidente Felipe Calderón.

Como todo gran negocio capitalista, la ruta de la efedrina como componente básico para las metanfetaminas, es consecuencia de decisiones políticas gubernamentales. De tal forma, la señora Vidal tiene razón cuando dice que “el narcotráfico ha penetrado en la política” y, en forma paralela, es muy difícil no ser parte de estas operaciones comerciales internacionales que hace rato conforman el corazón del capitalismo de las últimas décadas.

Fuentes: Informe 2006 de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes de las Naciones Unidas; diario “Perfil”, 4 de mayo de 2012; diario “La Nación”, 29 de diciembre de 2015; diario “Río Negro”, martes 29 de diciembre de 2015.

Edición: 3077

 

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