Por Carlos Del Frade

(APe).- -Si el libre cambio desarrolla la industria que ha adquirido cierto vigor y le permite alcanzar todo el esplendor posible, el libre cambio mata la industria naciente. La agricultura y la ganadería son dos grandes industrias fundamentales; pero ninguna nación de la tierra ha alcanzado la cumbre de su desarrollo económico con solo estas industrias. Las industrias que las han llevado al máximun de poder son las industrias fabril, y la industria fabril es la primera en mérito y la última que se alcanza, porque ella es la más alta expresión del progreso industrial – sostuvo Carlos Pellegrini, el hombre que, como presidente de la Argentina, fundara el Banco de la Nación, el 26 de octubre de 1891.

En una carta a su hermano, Pellegrini sostenía: "Me dirán ¿qué hay que hacer entonces? Pero, lo que hace el agricultor que pierde su cosecha: aguantar; se aprieta la barriga y economiza todo lo que puede, mientras vuelve a sembrar. Proteger la industria por todos los medios; ¡y dejarse de Bolsa y Tesoros y bimetalismo y música celestial!"

Cuando inauguró el Banco Nación, Pellegrini dijo:"Reconozco que este banco se funda contra la opinión que flota en torno a ciertos círculos, donde beben muchos su inspiración, pero los intereses de la República Argentina no los abarca un círculo, y puedo aseguraros que la opinión verdadera, en la República y su capital, es favorable a la nueva institución… Este banco se funda únicamente en servicio de la industria y el comercio" y recomendó atender "a un gremio que no ha merecido hasta hoy gran favor en los establecimientos de crédito y que es, sin embargo, digno del mayor interés… los pequeños industriales".

Ciento veinticuatro años después, el ingeniero Mauricio Macri designó como presidente del Banco Nación al economista Carlos Melconián, un ex funcionario que supo defender los intereses extranjeros desde las oficinas del estado argentino.

“…Fue uno de los principales responsables de legalizar el proceso de estatización de la deuda externa privada, que ideó Domingo Cavallo como presidente del Banco Central de la dictadura. Según consta en los documentos oficiales, el joven Melconian, como jefe del Departamento de Deuda Externa de la entidad, archivó las investigaciones sobre fraudes cometidos por multinacionales y grupos económicos locales con los seguros de cambio a principios de los ochenta. El equipo de auditores del Central había detectado autopréstamos, créditos ficticios y otras maniobras dolosas por 6000 millones de dólares. Sin embargo, esas operaciones cuestionadas fueron registradas como legítimas y cargadas a la deuda pública argentina con la invaluable colaboración”, de Melconian, recordaba en el año 2003 el periodista Maximiliano Montenegro.

El 4 de diciembre de 1996, el ahora presidente del Banco de la Nación Argentina, designado por el ingeniero Macri, firmó el documento que reduciría las investigaciones de los auditores de la deuda externa que analizaron las maniobras de empresas nacionales y multinacionales durante el terrorismo de estado, a simples cuestiones formales.

En relación al destino de los fondos obtenidos del estado argentino, Melconian indicó que “es irrelevante toda observación respecto del uso dado a los fondos provenientes de préstamos, beneficiados por los regímenes de seguros de cambios, toda vez que fueron autorizados sujetos al cumplimiento de las condiciones requeridas para su otorgamiento, entre las que entendemos no figuraba específicamente el destino de los fondos ingresados”.

El entonces Jefe del Departamento de Deuda Externa critica el planteo de los auditores de que, en muchos casos, “el deudor inspeccionado aprovechó las ventajas de los seguros de cambio para licuar su pasivo…El cuerpo de inspectores olvida que el régimen fue puesto en vigencia fundamentado en pautas de política económica dictadas por las autoridades, procurando atenuar los perjuicios que provocaron a prestatarios locales que mantenían obligaciones en moneda extrajera, las devaluaciones dispuestas para la moneda argentina”.

Es decir que la culpa la tuvo el estado argentino, no las empresas que “inocentemente exprimieron hasta la cáscara los beneficios otorgados”, como bien explica Montenegro en la nota aludida.

El Banco Central, entonces, determinó que “será considerada como operación realizada dentro de las prácticas normales de mercado toda transacción racional que no constituya un evidente perjuicio para la deudora”. Fue el punto final para el saqueo de la deuda externa. El autor intelectual, Carlos Melconian, el hoy presidente del Banco de la Nación Argentina.

La contracara de los principios que, en su momento, llevaron a Carlos Pellegrini a fundar la entidad.


Fuentes: Diario “Página/12”, domingo 11 de mayo de 2003; Diario “La Nación”, lunes 21 de diciembre de 1998; “El Historiador”, de Felipe Pigna, biografía sobre Carlos Pellegrini.

Edición: 3070

Recién editado

Libros de APE