Por Carlos Del Frade

(APe).- “…La Revolución comunal, comenzada por la iniciativa popular del 18 de marzo, inaugura una era nueva de política experimental, positiva, científica. Este es el fin del viejo mundo gubernamental y clerical, del militarismo, del funcionarismo, de la explotación, de los monopolios, de los privilegios, a los que el proletariado debe su servidumbre y la patria sus desdichas y sus desastres”, decía la declaración de la Comuna al pueblo francés, el primero de abril de 1871.

Los comuneros querían terminar con el militarismo. Francia había perdido la guerra contra Prusia y había firmado la capitulación el 28 de enero de aquel año. La Guardia Nacional declaró el 18 de marzo que “los proletarios de París ante el fracaso y la traición de las clases gobernantes comprenden que ha llegado para ellos la hora de salvar la situación, haciéndose cargo de la dirección del poder público”.

El 26 de marzo la Comuna de París fue elegida por el voto de 229.000 electores sobre 485.000 registrados. A fines de abril la represión fue brutal: alrededor de 20 mil parisinos pierden la vida y otros 36 mil terminan en prisión. Fue el tiempo, entonces, de la llamada tercera república.

Pero antes, durante la construcción del sueño de una democracia real y parida desde abajo, el documento sostenía que “los derechos inherente a la Comuna son: el voto del presupuesto comunal, gastos y recursos; la fijación y la repartición del impuesto; la dirección de los servicios locales, la organización de su magistratura, de la policía interior y de la enseñanza, la administración de los bienes pertenecientes a la Comuna.

La selección por elección o concurso, y el derecho permanente de control y revocación de los magistrados y funcionarios comunales de todo orden. La garantía absoluta de la libertad individual, de la libertad de conciencia y la libertad de trabajo. La intervención permanente de los ciudadanos en los asuntos comunales por la libre manifestación de sus ideas, la libre defensa de sus intereses: garantías dadas a esas manifestaciones por la Comuna, única encargada de vigilar y asegurar el libre y justo ejercicio del derecho de reunión y de publicidad”, indicaba aquel manifiesto.

Hoy, millones de franceses lloran de impotencia ante la muerte impuesta por siete ataques alevosos, cantan La Marsellesa y conmueven en una multitudinaria marcha de silencio.

Sin embargo, la conducción política del estado francés, en los últimos años ha consolidado su rol de garante de los intereses de pocos. Durante 2014, el gobierno invirtió tanto en presupuesto militar que convirtió al viejo país sinónimo de la libertad, la igualdad y la fraternidad en el quinto país más armado de la Tierra, después de Estados Unidos, China, Rusia y Gran Bretaña. Sus militares, represores y torturadores en Indochina y Argelia, fueron los que enseñaron sus técnicas en distintos lugares del mundo, entre otros, la Argentina.

La permanente participación francesa en los conflictos de Medio Oriente no solamente coloca a su propio pueblo en el ojo de los atentados, sino también generan guetos de exclusión para los que intentan arribar a su geografía para vivir con algo de dignidad.

París ya no es una fiesta, entre otras cosas, porque aquella experiencia de la comuna ha sido sepultada por los intereses de pocos que apuestan al negocio de la guerra, mientras que las consecuencias, como en 1871, la pagan las hijas y los hijos del pueblo humilde francés.

Quizás sea necesario recordar el final de aquel documento de la Comuna cuando decía: “…¡Llamamos a Francia!.¡Advertida de que París en armas posee tanta calma como bravura, que sostiene el orden con tanta razón como heroísmo; que no se armó más que por devoción a la libertad y la gloria de todos, que Francia haga cesar este sangriento conflicto!. Corresponde a Francia desarmar a Versalles por la manifestación solemne de su irresistible voluntad”, sostenían los comuneros del primero de abril de 1871.

Fuentes: Declaración de la Comuna de París del primero de abril de 1871; diarios de los últimos días; OTAN, los principales diez países con mayor presupuesto militar (2014).

Edición: 3051

 

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