Por Silvana Melo y Claudia Rafael

Fotos: Claudia Rafael


(APe).- Vanesa Orieta tiene la mirada atravesada por la tristeza. Y se la ve profundamente cansada. Tuvieron que pasar cinco años y ocho meses de angustia, zozobra, incertidumbre y un dolor intenso que recorre desde el corazón a los huesos, como una cuchilla. Hasta que el 17 de octubre asomaron a la luz los huesitos de su hermano. Nada le cambió en lo fundamental, dice. Ella sabía de lo inexorable desde que Luciano Arruga dejó de aparecer, en el final de enero de 2009. Lo sintió desde el primer día en que dejó de volver. Y fue ella la que, tan chiquita y tan frágil, se puso al hombro la búsqueda, la lucha, la angustia de su madre, las amenazas, los peligros, la conciencia de que a Luciano se lo tragó un mostruo sistémico. Que lo privó de aprender a tocar la guitarra, de desarrollar los pectorales como le hubiera gustado, de sufrir el descenso de River, de emocionarse con el ascenso y de explotar por verlo campeón.Lo privó de conocer a su sobrino de tres años, ése que “nunca me va a criticar que yo fui una cobarde y que no me animé a salir a la calle para que su tío apareciera”.

 

-Ya transcurrieron varios días desde que aparecieron los restos de Luciano. Y ya se empieza a percibir que va a resultar difícil rastrear las huellas en el cuerpo que lleven a la policía…

-Nosotros no tenemos mucha información sobre estos pasos. Preferimos que todo sea informado de una sola vez. Si no, es todo mucho más doloroso. No es algo que desconociéramos que se nos iba a poner difícil por el paso del tiempo. Al mismo tiempo hay resultados contundentes, con dudas muy serias acerca de lo que la policía hizo esa madrugada. Es real que vamos a estar con la incertidumbre de saber toda la verdad, pero hay una verdad instalada, que la sociedad ha entendido. La duda quedará para un sector de la sociedad. Para la familia, está todo muy claro. Hay que seguir organizados, luchando, contando nuestra verdad y entendiendo que siempre nos va a ser difícil.

-Cuando arrancó la búsqueda era muy difícil imaginar que alguna vez Luciano iba a ser tapa de todos los diarios. ¿Cómo sentís el proceso de haber logrado instalar la lucha de un pibe pobre en los grandes medios y en gran parte de la sociedad?

-Ahí es donde se nota mucho este trabajo de hormiga. Hay mucha gente alrededor, mi cara es la visible, mi voz la que se escucha, pero hay un grupo humano de una calidad invalorable. Los medios alternativos, independientes, los organismos de derechos humanos concientizados, que los hay y son muy grosos en su tarea. Y a los grandes medios los obligamos a hablar de esto. No se podían seguir haciendo los desentendidos. Hay una parte de los medios a los que nos les vamos a cambiar la mirada porque responden a intereses económicos, políticos. Contra ellos peleamos para instalar la otra verdad. Este sistema es muy perverso y obliga a los familiares a seguir relatando lo que vivió Luciano, la violencia policial…Mi sensación es que hay que lidiar con el morbo de los medios: el muerto había aparecido y ahora sí la información valía. Es perverso no entender que la necesidad de la familia estaba desde los primeros días, cuando denunciábamos desesperadamente. Y que si había una respuesta rápida, nos iba a aliviar cinco años y ocho meses de sufrimiento irreparable. Pero éste es el juego. De todos modos, nos hacemos respetar, no vamos a hacer una nota desde la morgue judicial, no vamos a hablar de a poco de lo que nos vamos enterando porque eso es alimentar a un gran demonio.

-También obliga a un replanteo desde los organismos desde aquellos días en que sólo estaba ahí la APDH Matanza al acompañamiento y la conferencia de prensa en el CELS…

-Como a los medios alternativos, el valor que le damos a la APDH es infinito. Tiene que ver con la nobleza de un Pablo Pimentel que levantó su teléfono y se puso a disposición de una familia que buscaba un desaparecido. Notó en nuestra voz la desesperación, la necesidad de saber por dónde seguir. La APDH estuvo cuando no estuvo nadie, en los momentos más difíciles de nuestra vida, cuando la cana nos apretaba, cuando se llevaban detenidos a nuestros amigos, amenazaban a los testigos. El rol que cumplieron es fundamental y junto a ellos transitamos un camino que nos llevó a tener un acompañamiento de quienes necesitábamos en esta tarea. Que es el CELS, porque ellos tienen herramientas teóricas,intelectuales, un archivo, el conocimiento puesto a disposición y era el complemento necesario para una causa como ésta, tan compleja. Desde mi humilde lugar también intento que los organismos con renombre entiendan la necesidad de acompañar todas estas causas que no son muy acompañadas.

-¿Cómo es hoy la realidad de los pibes como Luciano, en el mismo lugar, en el mismo barrio, con los mismos contextos?

-Estamos siempre en guardia. Hace un mes se llevaron detenidos a dos de los testigos de la causa, después de un supuesto asalto. Les rompieron la cabeza a uno y cuando la damnificada fue a declarar dijo que no eran, que las edades no coincidían. La conclusión es que el manejo sigue siendo el mismo, el terror y el amedrentamiento. Que los pibes sientan que ellos tienen la capacidad de ser violentos y que la ejercen sobre ellos. Estamos organizados junto con los más jovencitos pero no es suficiente como para que vivan tranquilos y en paz. Por eso peleamos por el espacio para la memoria social y cultural con el nombre de Lu. Empezar a hacerlos partícipes de esta historia. No vale si nosotros hablamos y ellos no llegan a comprender el significado de lo que les queremos transmitir.

-¿Cuántas historias parecidas te fueron nutriendo en estos años?

-Las historias son muchas en todo el país…estuvimos en una marcha en Choele Choel por la aparición de Daniel Solano. Y su historia de trabajador golondrina que termina siendo desaparecido por exigir un sueldo digno y notar las complicidades policiales, políticas, de los empresarios. En Neuquén, con la historia de Sergio Avalos, que venía del campo a estudiar y un día fue a bailar y no volvió. El caso de Facundo Rivera Alegre, de Córdoba y haber tenido a su mamá en nuestra casa.Acá cerca, el caso de Kiki Lescano, que terminó enterrado como NN en la Chacarita y afortunadamente su madre lo encontró antes que nosotros a Lu. O Ana Braghieri, en Rosario… la trataran como a una vieja loca por su lucha, denunciando la violencia instituiconal que sufren los pibes. La marcha con lluvia, nieve y frío por los pibes asesinados en Bariloche… Fueron muchos más donde vimos llorar, escuchamos putear a los familiares… te genera una sensibilidad que a muchos les falta. Y te das cuenta de que esto pasa con los pobres, con los pibes que se niegan a robar para la yuta, es un gran problema que venimos sufriendo desde hace años y que se ha llevado la vida de muchos.

-¿Cuál es el tránsito de un pibe como Luciano, hasta transformarse en ícono, cuando hay centenares de otros que aparecen ahorcados en una comisaría y se archivan como suicidios o tantos accidentes de tránsito que nadie investiga si fueron accidentes o no?

-No es fácil contestar esto. Hablamos muy bien los que estamos en la causa de Luciano. Y cuando vos hablás bien, las orejas se abren y escuchan un poquito mejor. Llamás la atención de quienes tienen un grado de discriminación importante. Porque hablar bien en comparación con quienes hablan de otra forma… ahí es necesario encontrar comunicadores humanos que no busquen el morbo o direccionar la respuesta de la persona para el lado de la criminalización. Se tuvo la posibilidad intelectual de saber dónde hablar, con quién hablar, cuándo levantar el tono de voz, cuándo exigir respeto, mirar a los ojos en todo momento, y entender que estábamos en todo nuestro derecho de hacerlo y que nadie podía decirnos nada.

-Hay causas, como la de Germán Esteban Navarro, en Olavarría… Se cumplieron esta semana diez años desde la desaparición y la mamá sigue sin abogado que la patrocine…

-Es que hacen falta ese tipo de abogados también, que entiendan la necesidad de defender los derechos humanos de las personas humildes y de los jóvenes que hoy sufren la violencia institucional. Y entender que, a veces, las familias no tienen plata. Y quizás ése es el momento de ellos, los licenciados, para que pueden devolver parte de lo que un pueblo les ha ofrecido: estudiar gratuitamente, con el sostén de muchos grones que se rompen el lomo laburando. A veces tiene que existir una devolución, sin que nadie te tenga que obligar, que te salga del corazón. No todos tienen la posibilidad de estudiar, eso es una gran mentira. Yo que más o menos pude ahí entrar y cursar dos años, digo que no es fácil. Nos hacen falta muchísimos abogados que se comprometan con la realidad de un pueblo que está sufriendo.

-¿Quién era Luciano?

-Lu era un pibe que vivía en un barrio humilde, que le tocó lidiar con la violencia institucional desde el principio, que le faltó una vivienda digna, el plato de comida siempre en la mesa, una familia que acompañara su desarrollo. Le faltó respeto por su niñez y al momento de ingresar a la escuela. El acceso más rápido de Lu a las instituciones es cuando un policía lo golpeaba en la calle y lo llevaba detenido. Mi hermano sufrió muchas formas de violencia institucional pero a pesar de todo era un pibe que tenía mucha alegría. Que entendió que tenía que acompañar a mi vieja porque les había tocado criarse con ella solos porque el papá los abandonó. Que sabía que tenía un rol importante y que iba a tener que cuidar a sus hermanos. Tuvo que trabajar desde muy pequeño, pero todo esto no le quitó la posibilidad de ser feliz, de tener sueños y hacer cosas, de tener una guitarra, intentar tocar sin profesor. De preparar su cuerpo porque le gustaba verse bien aunque no podía pagar nada. Era un pibe que siempre le puso mucha garra a la vida, muy alegre. En las fotos en las que se ríe ves claramente el reflejo de él. Era muy gracioso, muy aparato, muy celoso conmigo, muy buena persona. Era de llevarse cosas de su casa porque a un amigo le faltaba morfi y aunque no hubiera, lo mismo se llevaba, no era un ortiba, un careta…

-En un país en el que se luchó tanto por saber el destino de los desaparecidos… ¿Cambia tener los huesitos?

-Nada. A mí no me cambia en lo más mínimo. La historia es muy triste y no hay forma de que a uno no le dé bronca. Entiendo lo aliviador de encontrar el cuerpo, pero no me puedo sacar de la cabeza lo corrupto, mezquino, morboso que es este sistema. Yo ya había hecho el duelo por mi hermano.

-¿Tu madre todavía lo esperaba?

-Mi vieja es otra cosa. Por eso una no puede expresarlo por ella. Al haber visto a tantas madres llorar, una no se puede poner en el lugar. Una madre siempre busca a ese hijo; aunque todo diga que lo va a encontrar muerto, siempre hay una luz en la que una madre se va a refugiar para decir que va a volver. Para mí eso también fue importante, liberar a toda mi familia de esa incertidumbre. Cuando mi hermano ya no venía los primeros días, nunca pensé otra cosa. Nunca pensé que iba a volver con vida. Yo ya había hecho mi proceso. Ya me despedí hace mucho.

-¿Cuál es el objetivo ahora?

-Es la nueva etapa: saber la verdad de qué es lo que paso con Lu en esas tres horas. El aparece en una vía rápida de la General Paz, en una zona inaccesible, a las 3,30 y ahora hay que determinar qué pasó en esas tres horas previas porque la desaparición la denunciamos desde la una de la mañana. Nosotros siempre estamos recordando lo que arrojó la investigación en el marco de la desaparición de Lu. Los peritajes con perros, que reaccionaron positivo, indican que Luciano estuvo esa madrugada en el destacamento de Lomas del Mirador; en un patrullero de ese destacamento y en un descampado muy cercano. Los policías se mantuvieron dos horas dando vueltas sin tener una explicación de lo que hacían en ese lugar, los patrulleros del destacamento se salieron de la jurisdicción sin dejar constancia de los movimientos. En la comisaría octava los testigos dijeron haber visto a Luciano, a pocas cuadras de donde se lo encuentra a las 3,30. Todo esto tiene que ver con saber la verdad. Con todo esto, una siempre va a pensar cosas que son muy tristes. Y yo ya me despedí de mi hermano. No quiero pensar. Cuando alguien tiene que decirme algo que me lo diga y será la posibilidad que tenga la justicia de condenar a policías, a jueces. Pero mientras tanto generar hipótesis con todos estos datos es intolerable. Cuando uno está muy vulnerable, los medios buitres buscan quebrarte.

-Tenés un hijo de tres años… ¿Sentís que, gracias a ese tío, puede ser algo distinto el mundo que le va a tocar caminar?

-Sí… distinto va a ser. Mi hijo me podrá hacer un montón de críticas pero nunca me va a criticar que yo fui una cobarde y que no me animé a salir a la calle para que su tío apareciera. Nosotros amamos la vida, si no no estaríamos peleando con la garra y el amor que lo hacemos por Luciano y por los lucianos.

 

Edición: 2803

 

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