(APe).- En el país de las fosas comunes donde los cuerpos se apilan sin nombre ni historia, 43 estudiantes campesinos desaparecieron como si fueran humo. Apenas sombras devoradas por la noche. 43 en la crónica de un país atravesado por la corrupción, la violencia, el narcopoder y el hambre de millones. Un presidente municipal (de Iguala) y su esposa detenidos un mes después, sospechados de haber mandado a matar a los 43. En un México con el futuro tan acotado como el de sus estudiantes que sólo querían empezar a asomar sus cabezas desde la destrucción más profunda. Y no aparecen. Ni ellos ni sus huesos. Las fosas desatan cadáveres anónimos. Que no son ellos pero son otros.
La escritora Elena Poniatowska, de 82 años, gritó públicamente “Regrésenlos”. Y leyó, hasta donde pudo, un perfil de cada uno de los estudiantes esfumados por la muerte institucional, por los asesinos entretejidos en las redes del estado. Un desmayo no le permitió terminar.

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Por Silvana Melo

Fotos: Carlos Brigo

(APe).- Nahuel Reyes tenía 14 años cuando un remolino se lo devoró en el río Luján. En estos tiempos las aguas vienen más bravas. Parecen tigres que encierran una presa. Y no hay dios que pase en helicóptero y levante mágicamente a los débiles en el mismo momento en que las fieras abren la boca.

Las aguas suben como llenas de ira. La lluvia les cae perpendicular, sin frenos. Les quitan los árboles que moderan su caída, les taponan los brazos de fuga, les construyen muros de cemento que no absorben sino que repelen.

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Por Ignacio Pizzo (*)

(APe).- A las raíces epidemiológicas de brotes endémicos, como el hoy mediatizado virus Ébola, habría que rastrearlas en un pasado de colonización y genocidio magnificado, en los tiempos de la conquista. Los continentes africano y americano denominados por la arrogancia europea como “Nuevo Mundo”, tienen bajo sus tierras la sangre coagulada de la espada conquistadora. Pero la necropsia histórica de estos territorios revela que las enfermedades fueron un ingrediente asolador para que pueblos impregnados de cultura fueran exterminados.

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Por Carlos del Frade

Foto: Cecilia Sarmiento

    (APe).- “Aparición con vida de Franco Casco”, decía la bandera detrás de la cual se encolumnaron alrededor de medio millar de personas desde el histórico Cruce Alberdi rosarino hasta la comisaría séptima adonde lo llevaron detenido hace más de veinte días. En esa dependencia de la policía, hacia el año 2002, se falsificaban los documentos de identidad de chiquitas paraguayas para que posaran de mayores de edad y fueran sometidas a una red de trata y narcotráfico. A casi 31 años de la recuperación democrática las marchas siguen pidiendo aparición con vida. A más de tres décadas siguen los desaparecidos en la Argentina crepuscular del tercer milenio.

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Por Carlos Del Frade

(APe).- La zona oeste rosarina era, cuatro décadas atrás, una geografía atravesada por la cultura de los ferrucas, los trabajadores de la mítica empresa estatal Ferrocarriles Argentinos. El saqueo institucionalizado de los años noventa trajo la desocupación, la invasión de los fantasmas a la estación Rosario Oeste y la ausencia de soportes materiales para las existencias cotidianas de los barrios La República, Azcuénaga y Bella Vista. Fue allí que las bandas narcos aparecieron en los viejos clubes de la región y tomaron sus instalaciones para sus negocios.

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