Por Claudia Rafael

  (APe).- Picó contra la tierra agreste y polvorienta, afinó la puntería y le pegó. Jamás lo hubiera imaginado. Ahogó el grito primero y sostuvo la mirada tratando de entender. La pelota trascendió todo trazado y siguió un recorrido imposible de calcular. Sus ojos se vieron obligados, en silencio, a decirle adiós.

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Por Carlos del Frade

   (APe).- -Si la sangre derramada de nuestros hijos sirvió para iluminar algo de la vida de esta ciudad de Rosario tan oscura, que viva la sangre derramada de Jere, Mono y Patom – dijo el pastor Eduardo Trasante, papá de Jeremías, uno de los tres fusilados en las primeras horas del año 2012 en la canchita del Club Deportivo Oroño, en Dorrego y Presidente Quintana, al sur de la ex ciudad obrera. Fue en las escalinatas de los tribunales provinciales donde más de un millar de personas, de distintas generaciones, caminaron más de una hora para encender la noche con antorchas pidiendo justicia y acompañar la pelea de las familias y del Frente Popular Darío Santillán – Movimiento 26 de Junio que supo transformar el dolor en bandera y conciencia social y política: “Basta de asesinatos de la narcopolicía”.

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 Por Santiago Joaquín Morales (*)

    (APe).- Vamos a hablar de la dignidad y de la muerte. Mientras -como dijera el poeta cubano- te convido a creerme cuando digo futuro. Existe un discurso impuesto tanto por los medios de comunicación, como por el Estado y sus instituciones, así como por los sectores minoritarios que toman las grandes decisiones que afectan a las mayorías. Ese discurso criminaliza a la juventud, construye una imagen de los jóvenes en tanto un grupo social sospechoso. Hacer del joven alguien sospechoso es impedir que sea socialmente apto para la política, para la participación social, para la asunción de responsabilidades sociales y políticas… es hacer de la juventud un grupo social en el cual nada se puede confiar, en quienes no vale la pena creer…

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Por Alfredo Grande

   (APe).- Te acuso Felicidad de mancillar la alegría y corromper la tristeza. Te acuso de cultivar la indiferencia, la apatía, el conformismo y la mediocridad. Te acuso especialmente de fomentar la voluntad de adorar y de idealizar y de arrasar la capacidad de amar y de sostener ideales. Quiero un nuevo año donde tenga su lugar la alegría, la tristeza, el dolor, la inteligencia, la indignación, la bronca, la justicia, el amor que pone lo que falta y el odio que saca lo que sobra. Aleja de mí el cáliz de la felicidad porque para obtenerlo es necesario anestesiarse ante el horror social.

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Recién editado

 

 

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