Por Asociación Civil Crecer Juntos - Tucumán

     (APe).- Como todas las historias del desamparo la de “Tarrín” también comienza colgada en la orilla olvidada de la historia, en la orilla de San Miguel de Tucumán donde ni quedan rastros casi de la poderosa red ferroviaria, de la crisis azucarera, de la orgía neoliberal, cerca también al Pozo de Varga donde los genocidas quisieron enterrar a sus víctimas para nutrir la desmemoria.

Pobre rancho, de pobre calle, con pobres servicios, con pobres corrales donde están unos pobres caballos, allí vivía el pobre “Tarrín”, que pasó por poco tiempo por una pobre escuela, se asistió en un pobre dispensario, jugando al futbol desde niño en una pobre cancha de futbol, viviendo la condición de su pobre familia con sus escasos 24 años.
8 de Diciembre y los promotores del desamparo comenzaron su acción criminal organizando este asesinato, contando seguramente con que el nombre de “Tarrín”, reducido a efecto colateral en su maquiavélica lógica, pasará al olvido, sumándose a la lista de la indignidad silenciosa… de las víctimas del pobrerío.
Para matar a un joven se pusieron en marcha los mecanismos de la estrategia criminal de tantos… de tantas… finamente se distribuyeron roles, analizaron las estrategias y la táctica a desarrollar en los barrios, calcularon los recursos, evaluaron la correlación de fuerzas… y desde el mismo domingo comenzaron a ejecutar el plan.

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“Dicen que…” era el indicio de los comentarios en los barrios, un estribillo infectado con el virus implacable a fin de generar el primer efecto deseado: el miedo. Certeros en su metodología, saben, porque fueron artífices de ese veneno a lo largo de la historia, que miedo y terror son un arma que impacta mucho más que la Itaca o la 9 mm que se les asigna por la función represiva que cumplen.
La temperatura seguía subiendo dejando su rastro pringoso por la humedad del día lunes y las míticas motos entraban a toda velocidad por las calles, pasajes y pasillos poniéndole
un condimento a las especulaciones que se murmuraban “la cosa está rara” “Dicen que…”, “100 motos”, “… y la policía…”. El boca a boca, las redes sociales y los taxistas llevaban y traían noticias de ninguna parte pero que en los barrios iba generando un clima hacia el mediodía donde hasta se hizo insostenible ese grito alimentado por el miedo: ¡Saqueo!

La calle hasta entonces desierta, con el pobrerío mancando el calor en el patio de su casa, comenzó a llenarse, los niños y las niñas correteando y poco a poco la idea de saqueo comenzó a operar en los barrios. Las “ranchadas” de adolescentes y jóvenes expectantes; evidentemente faltaba aún un condimento del plan macabro y, como estrategas eficientes, dieron el zarpazo nuevamente las motos en marcha por las avenidas, entraban a los barrios y de allí salían en procesión para confirmar los fantasmas. Algunas motos conducidas por personajes con la “marca de la gorra” indeleble, algunos hasta uniformados, conducían al pobrerío a cumplir con el rol asignado, algunos se habían anticipado y llegaron ellos a confirmar la acción y a darle logística al segundo paso de su plan.

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Las motos no andaban solas, también las lujosas camionetas 4×4 muy parecidas a las que se ponen como ropa para enrostrar la asimetría los miembros de la patria sojera, pasaban lento, con sus hipercelulares fotografiando, registrando y por supuesto virilizando las redes sociales. Había que dejar pruebas en este segundo paso que “No roban para comer…”, “Son pobres y se llevan LCD…”. Comenzaban así a dibujar el rostro del Enemigo, lejos estaba por supuesto esta imagen de describir a los perversos ejecutores de este plan. Lo segundo que comenzaron a instalar es “La policía liberó la zona…” como si ambos términos Libertad y Policía pudieran unirse en una misma oración sin violentar uno de ellos. Se respiraba en el ambiente la certeza de que este proceso no se inició sin estas fuerzas, las mismas fuerzas que tiene un fuerte control sobre el territorio, gracias a la herramienta ideológica del Código de Contravenciones, no podían estar ausentes se las olía presentes… en definitiva estos hechos comenzaron a realizarse con sus presencias.
Los otros engranajes de la narcoeconomía en los barrios se ponían en marcha, coordinando y asegurando logística, para acrecentar su margen de utilidad que le asegura, ya sin saqueos, pingües ganancias de cada changuito y cada changuita de nuestros territorios, con el cuasi impuesto que le imponen, y por el que “aportan” los aproximadamente $3000 por mes a los transas para consumir drogas. Al mismo ritmo que la policía ellos iban por su “nueva paritaria de la muerte” en el potencial intercambio del producto de saqueo por “merca” y para ello no sólo les era prioritario tener la droga sino asegurar la salida de los productos “intercambiados” hacia otras zonas y evitar el riesgo de ser saqueados, horas después, ni por los mismos changuitos, ni por las fuerzas policiales.

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Ardía Tucumán en su 9 de diciembre, aunque faltaban otras escenas de esta tragedia montada, y el miedo brotaba de las tripas de los vecinos, violencia cargada de sinrazón, en el país donde las cadenas de supermercados crecieron en su capital en un 150 % en lo que va del 2013 mientras en las casas de muchos más la esperanza se diluye, las víctimas pasaron a ser estas cadenas. Este nivel de sinrazón encontró a otros socios en los territorios a nivel de dirigencia política, que sin recursos no supieron, no quisieron, no pudieron o no tuvieron los mecanismos para sostener y promover la esperanza necesaria que no deje a los vecinos presos de planes que se estaban cocinando en función de otros intereses. La otra dirigencia, la que detenta las herramientas para que la política pase del discurso al hecho histórico, ese hecho que hace de la vida una realidad política fundamental… esos… esas… bien gracias… triste pero algunos/as de ellos/as se dedicaban a hacer una “contrainsurgencia babosa” mediante mensajes de Whatsapp o de Facebook como queriendo cambiar las “motos-ratis” por celulares… con poco éxito.

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La tarde iniciaba su camino hacia la noche y el sentir en los barrios, como el cielo que anticipaba tormenta, se reflejaban mutuamente. La tarde trajo también la noticia de las primeras muertes, siempre sin nombre, siempre sin historias, aunque con el calificativo en común de “saqueador”, fogonoeado en diversos medios y redes con la “riqueza” xenófoba
de nuestra clase media, tan preocupada de los bienes, mientras masticaban y masticaban el vidrio que hacía 24 horas les daban a cucharadas y alimentaba su esperanza en la llegada de la Gendarmería a la que aplaudía a su paso. Tal vez los mismos aplausos que creyeron los “ideólogos – ejecutantes” apagarían la vergüenza de la paritaria a punta de pistola, que les dejó $ 8500 manchados de sangre, confirmando que ningún crimen es perfecto. Esos aplausos no pudieron esconder la ignominia, y algunos coletazos se vieron días posteriores al “arreglo”.

La noche trajo el condimento que faltaba: promover la psicosis. Visto los actos de repudio que efectivos recibieron en algunas calles en horas de la tarde, “el dicen que…” viralizaba la idea de “turbas” entrando a las propiedades y con el poder “democrático” que tienen el miedo y el pánico alcanzando a todos, las barricadas comenzaron a ser la respuesta en todos los barrios. Cada esquina una barricada, fogatas, armas de fuego, machetes, palos y cuchillos, vidrios… tantas barreras que buscaban ahuyentar sin éxito el miedo y como para reforzarlo: nuevamente las motos con la “marca de la gorra”, aunque las quieran tapar con los cascos, colándose entre los piquetes para imponer la vigilia hasta la mañana siguiente “¡ahí vienen…!” … tal vez intentando preparar la siguiente escena: la entrada victoriosa, ahora con uniformes, de las fuerzas policiales devenidas, tras su acuartelamiento, en fuerzas de seguridad. De lo que no se dieron cuenta es que, incluso en la sinrazón de esos juegos de guerra y de poliladron nocturno en que vecinos y vecinas adultos descargaron su miedo durante toda la noche, se confirma, aunque nos falte profundizar, la potencia del encuentro y del vínculo como materia sobre la cual construir Seguridad Ciudadana.
Tal vez podamos soñar con las nuevas barricadas para defender y abrazar tiernamente la vida, las barricadas del encuentro que nos substraiga del correr hacia “ningún lado” para detenernos, mirarnos a los ojos y descubrir en las diversidades la condición de iguales. Las barricadas que desnuden la fuerza intacta de los personeros de la muerte, los criminales que apuestan a sostener privilegios o a acrecentarlos, y develadas podamos hacer de la organización una herramienta para construir cotidianamente los nuevos mundo y los nuevos cielos que anhelamos y necesitamos.
Tarrín en su pobre velatorio no lo podrá ver… han asesinado un joven, la mano que lo hizo, seguramente busca cuantificarlo en su plan de construcción de poder hacia el futuro y por eso necesita que en solo 48 horas “Tarrín” sea pasado.
Juicio y castigo a los ejecutores ideológicos de lo ocurrido en Tucumán. Juicio y castigo para los que usaron a las poblaciones de nuestros barrios como carne de cañón para sus planes mezquinos. Juicio y castigo a los que desatendieron las funciones que como sociedad le asignamos. Juicio y Castigo para los intenten comerciar con el dolor… Juicio y castigo para que estas horas no sean expresión de un neofuenteovejuna.

Edición: 2591

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