Por Carlos Del Frade

    (APe).- “La sociedad vive con dolor y preocupación el crecimiento del narcotráfico en nuestro país. Son muchos los que nos acercan su angustia ante este flagelo”, acaba de sostener en un documento la Conferencia Episcopal Argentina. Pero no se trata de un flagelo como fue el castigo de Jehová sobre Sodoma y Gomorra, sino de una etapa del desarrollo del capitalismo y el imperialismo que necesita generar un flujo de dinero fresco, por un lado, y miles de pibas y pibes que vivan sin sentido para que luego sean matados sin sentido y jamás repitan la década del setenta ni pronuncien o sientan como necesidad la palabra revolución.

-Lo que escuchamos decir con frecuencia es que a esta situación de desborde se ha llegado con la complicidad y la corrupción de algunos dirigentes. La sociedad a menudo sospecha que miembros de fuerzas de seguridad, funcionarios de la justicia y políticos colaboran con los grupos mafiosos. Esta realidad debilita la confianza y desanima las expectativas de cambio. Pero también es funcional y cómplice quien pudiendo hacer algo se desentiende, se lava las manos y "mira para otro lado – sostiene el punto cinco del citado escrito.

 

Esa complicidad, ese mirar para otro lado se expresó en los últimos días a través de distintas informaciones que marcan los grados de responsabilidades de los gobiernos provinciales, por un lado, y la administración nacional, por otro.

En la provincia de Santa Fe, al mismo tiempo que la cifra de homicidios se convertía en triste record en la ciudad de Rosario, con más de 216 asesinatos, llevándola a erigirse en la geografía con más cantidad de asesinatos de la Argentina; se supo que el ex jefe de la policía rosarina, Néstor Arismendi, está siendo juzgado por enriquecimiento ilícito, en forma paralela que sigue detenido por dos causas vinculadas al narcotráfico, el otrora titular de la policía provincial, Hugo Tognoli.

Estas postales denuncian las co-responsabilidades de los gobiernos socialistas en los últimos años, herederos, a su vez, de negocios espurios que crecieron en las décadas administraciones peronistas.

Y una investigación periodística revela conexiones del recientemente detenido Delfín Zacarías, en una vivienda en la localidad de Funes, muy cerca de la cuna de la bandera, en ocasión que el secretario de Seguridad de la Nación, Sergio Berni, dijera que se desbarató la cocina más grande producción de cocaína del país.

“Narco familia y Estado: la historia de "Los Zacarías"”, fue la nota que publicó el periodista Jorge Boimvaser en la que señala que Miguel Zacarías, uno de los hermanos de Delfín, tuvo a su cargo la inscripción de empresas en los registros de proveedores de precursores químicos en la Secretaría antidrogas, SEDRONAR; y “fue parte de la administración de José Ramón "Bochi" Graneros (ex odontólogo de Néstor Kirchner en Santa Cruz) y se alejó del cargo cuando llegó al organismo Rafael Bielsa, pero dejó su gente en la repartición y la obtención de acetona nunca se interrumpió hasta ahora”. Por su parte, Máximo Zacarías estaba al frente del PAMI Rosario, y “utilizaba las ambulancias del organismo para transportar la droga ya fabricada”. Y Luis Zacarías “(todos hermanos) fue parte de Ceremonial y Protocolo de Presidencia de la Nación, su credencial servía para "chapear" en toda instancia que fuera necesaria”, apuntó el cronista.

Esas complicidades, provinciales y nacionales, forman parte de esta era del capitalismo y del imperialismo, donde millones de dólares alimentan distintos negocios que van desde el financiero al inmobiliario, pasando por el fútbol y otras inversiones y que tienen, como caja simultánea, aquella cargada de sangre joven regada en las calles de los barrios.

 

Fuentes: Diario “La Capital”, miércoles 30 de octubre de 2013; “Diario Veloz”, edición digital del lunes 28 de octubre de 2013; investigaciones propias volcadas en el cuaderno “Narcomafias. La historia política del narcotráfico”, del autor de esta crónica.

Edición: 2569

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