Por Carlos del Frade

(APe).- Zona noroeste de Rosario. Donde lo mataron a Gabriel Aguirre, el pibe de 13 años asesinado después del clásico entre Central y Ñuls. Allí donde el cura Edgardo Montaldo inventó una escuela y muchas otras formas de cristianismo desde hace más de cuarenta años. Allí, en ese lugar, pasan muchas cosas. El mosaico roto de la realidad.
Dicen los medios de comunicación de la ex ciudad obrera, portuaria y ferroviaria que “un chico de diecisiete años fue detenido por el crimen” de Gabriel.

“La hipótesis más firme en lo que hace al móvil del homicidio, dijeron fuentes policiales, es que el grupo entonaba canciones futboleras de Ñuls cuando hinchas canallas los atacaron”, sostienen los diarios.
Brutal consecuencia del fascismo cotidiano alimentado durante las mismas décadas en que eran saqueados los clubes de la ciudad a través de maniobras de lavado de dinero, colonización de las inferiores de parte de las barrabravas, incremento de las bandas relacionadas con el narcotráfico con soldaditos que eran captados en la cancha chica del fútbol y luego jugaban en la cancha grande de los barrios según las órdenes de los jefes siempre con llegada a oficiales de las fuerzas de seguridad y siempre bien protegidos por buenos abogados.
Fascismo cotidiano, degeneración del folklore futbolero. Idiotas útiles al servicio de los dirigentes que luego pondrán cara de circunstancias cuando los equipos descienden o deben hacerse convocatoria de acreedores, mientras los pibes, tanto de sectores humildes como de clase media intentarán matar al otro para después hablar del aguante o alguna de esas perversiones tan vendibles para los grandes medios.

En estas horas, mientras tanto, los familiares de Gabriel marcharán pidiendo justicia por él y los demás pibes del barrio Ludueña víctimas de la violencia cotidiana. Terminarán la marcha ante la comisaría 12ª donde se investiga el asesinato.

Y en forma paralela, la otra noticia.
La otra cara del mismo barrio.
“La Escuela Orquesta Ludueña, donde unos 250 chicos tocan un instrumento y aprenden a enamorarse de la música, ya tiene ocho "embajadores artísticos" en distintos países de Europa. Entre esos padrinos se cuenta Mirentxu Ajubita, una rosarina radicada hace 34 años en Suiza, donde desarrolló una reconocida trayectoria como cantante lírica, y que ahora, junto a otras personas de ese país, integra la Asociación de Sostén de las Escuelas Orquesta de Argentina. Hace dos años, por ejemplo, la entidad logró reunir y enviar por barco unos 70 instrumentos, y hoy apuesta a nuevos proyectos que intentarán beneficiar también a otras bandas infanto-juveniles de Rosario. De visita en la ciudad, Ajubita compartió un ensayo con los chicos de Ludueña y, emocionada, definió a la música como un "lenguaje universal que protege a los chicos", aun a los más vulnerables, y los "ayuda a ser buenos ciudadanos y personas más felices"”, sostiene la información.

La Orquesta Escuela Ludueña es un proyecto pedagógico, artístico y social que depende de la Secretaría de Cultura municipal, a través de la gestión del área de Cultura del Distrito Noroeste, al que también acompañan la orden salesiana (a la que pertenece el colegio Luisa Mora de Olguin, de Humberto Primo 2401, donde funciona la banda) y la Fundación Allegro Argentina.

Esa es la escuela donde iba Gabriel, esa es la escuela fundada por el cura Montaldo.
Los integrantes de la orquesta, unos 250 chicos de 3 a 18 años, son alumnos de ese establecimiento y en contraturno aprenden violín, viola, violoncello, contrabajo, percusión, clarinete, flauta traversa, corno, trompeta, trombón, música de cámara, audioperceptiva y práctica orquestal.
Todo en barrio Ludueña.
Donde la vida puede ser arrebatada por la narcopolicía, el fascismo cotidiano disfrazado de sentimiento futbolero o puede concretar esperanzas a través de una orquesta.

Fuente: Diarios “La Capital”, “El Ciudadano”, “Rosario/12”, del domingo 27 de octubre de 2013 y entrevistas propias.

Edición: 2561

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