Por Alfredo Grande

   (Ape).- He mencionado en varias ocasiones que la realidad se organiza en lo que denomino el “alucinatorio social”. Alucinaciones visuales y auditivas. Se ve y se escucha lo que más se quiere ver y oír. Voces que vienen desde los medios, los celulares, los parlantes, los gritos en las calles y en los restaurants, gritos y aullidos donde todo es ruido sin sonido ni palabras. Imágenes que vienen de las infinitas pantallas cada vez más gigantes de televisores, computadoras, filmadoras, cámaras de fotos.

El “alucinatorio social” se programa desde centros de poder que bombardean con tweets, mensajes en Facebook, correos electrónicos personalizados, avisos que se filtran en nuestras computadoras. Es tanta la información que todos estamos globalmente desinformados. Y como la percepción y el pensamiento desaparecen, la alucinación y el delirio ocupan casi todos los espacios.

Un ejemplo es cuando atendemos el teléfono y escuchamos: “te llama ..” Claro, es una grabación, pero para eso tenemos que pensar. Pero pensar implica esfuerzo y tiempo, dos variables poco frecuentadas. La ausencia de pensamiento crítico es ocupado por la saturación de consignas muy breves, donde el marketing electoral toma una dimensión grotesca.
El espacio gratuito cedido a los partidos políticos transforma un mensaje partidario en una caravana
de palabras petardos donde hay demasiado ruido y casi ninguna nuez. El macabro complemento es que los analizadores que nos permiten entender la trama de esta democrática cultura represora son obviados, ninguneados, banalizados, despreciados.

Un botón de muestra es la situación con el vicepresidente de la Nación. Hasta la intervención quirúrgica de la Presidenta, teníamos un vicepresidente que en ocasiones había ocupado la Jefatura del Estado por viajes de la primera mandataria. Todo muy republicano.
Sin embargo, y dado que la razón de estado tiene razones que el corazón no entiende, si bien hubo una firma ante el escribano mayor de gobierno donde se certificaba el traspaso, el vice sigue siendo eso: vice.
Aparentemente, el traspaso no fue publicado en el Boletín Oficial. O sea: tenemos un vicepresidente que es presidente en ejercicio pero solamente en el alucinatorio social. En la real politik todos hablan del secretario legal y técnico que no es un representante votado por el pueblo como el verdadero poder político. Lo curioso es que el vicepresidente que no es, porque si lo fuera estaría donde constitucionalmente tiene que estar, acata la silenciosa y no tanto, destitución. Porque el tema es que ha dejado de ser vice ya que si lo fuera, sería presidente por el lapso necesario hasta que la presidenta vuelva a sus funciones. Repito esto porque yo mismo caigo en el alucinatorio social. Hoy podemos decir que en la realidad, Boudou no existe.
En el mundo de las play station partidarias, parece que todavía si. Las PASO, que algunos no pasaron y otros dieron malos pasos, se convirtieron en un test para diagnosticar los deseos ciudadanos.

 No volverán las obscuras golondrinas, porque por 6 pesos las terminan de morfar” (aforismo implicado)

Por lo tanto le sirvió al Gobierno para hacer lo que se negaba a hacer.
Por ejemplo: modificar el impuesto al salario. O la escala de autónomos. En el alucinatorio social, las PASO son elecciones. Sin embargo, es un laboratorio para evaluar que hay que modificar para intentar ganar las elecciones reales.

Las PASO son una encuesta obligatoria y globalizada. Hoy es el día de la lealtad. Pero esa lealtad también es alucinatoria. Hay diversidad de lealtades y por lo tanto, multiplicidad de traiciones. Como en los amores de estudiantes, hoy un juramento y mañana, ayer y hoy, una y varias traiciones. Y cuando digo alucinatorio, también digo abstracto. Ideal. Palabras vacías que refieren a realidades ausentes.
Transcurrimos un momento destituyente, un golpe de estado super blando donde se ha desplazado la sucesión presidencial sin ningún tipo de obstáculo institucional, y el mundo sigue andando.
El Poder Ejecutivo está acéfalo pero no lo percibimos porque alucinamos que hay algo donde existe la nada El nombre del alucinatorio político social es Zanini. Obviamente, desde arriba derraman alucinaciones y delirios para abajo. La gente y sufrida gente se pelea sin saber por qué. La barra de Colegiales aparece protagonizando escenas que el Dante no pudo incluir en algún círculo del infierno. Las barras bravas no son barras sino estamentos permanentes del poder deportivo y partidario.
Los partidos de fútbol se juegan sin hinchada visitante e incluso se jugarán sin público. El fútbol tampoco existe a pesar que sigue el ritual del fútbol para todos. La realidad virtual no necesita cascos ni cables ni bluetooth. Lo virtual y lo real ya no pueden diferenciarse. Hay un Scioli bueno que combate por Cristina y hay un Scioli malo que combate a Cristina. Y la diferencia la hace + a, que parece una fórmula matemática mas que un programa de gobierno. Para sostener el alucinatorio, el candidato oficialista es MI, por lo tanto no es necesario entrar en detalles. Digo, detalles programáticos.
La política de los guiños, las muecas, los sobre entendidos, la desmentida permanente, llegó para quedarse y para agrandarse. Cabandié mediante, la Gendarmería hace operaciones destituyentes pero a nadie le llega el correctivo necesario, versión menor y miserable del escarmiento que alguna vez debía tronar.
En el alucinatorio social todo es posible, lo que es totalmente opuesto a pensar que otro mundo es posible. Se reemplaza la lucha política, clasista, anti capitalista, solidaria y nunca solitaria, por un electoralismo berreta, donde todos esperan el milagro de la multiplicación de los votos y las urnas. El sistema no es representativo, no es republicano y mucho menos federal. Pero se sigue manteniendo, porque aún aquellos que lo combaten, sostienen sus fundamentos. Quizá sea necesario cantar:
Ya sé que estoy piantao, piantao, piantao...
No ves que va la urna rodando por Callao;
que un corso de astronautas y niños, con un vals,
me baila alrededor... Vení! ¡Bailá! Votá!!!

Edición: 2556

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