Por Carlos del Frade

      (APe).- En abril de 1974, la Selección Rosarina de Fútbol le dio un baile de novela al combinado Nacional que viajaría al Mundial de Alemania. En las tribunas las banderas de Central y Ñuls convivían. Y tanto adentro como afuera de la cancha no era inusual que hinchas de Ñuls jugaran a la pelota o practicaran algún deporte con la camiseta rojinegra en el club de Arroyito y viceversa, hinchas de Central, con la auriazul, se divertían en las instalaciones del club del Parque.

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Por Claudia Rafael

    (APe).- La historia entera se concentró en ese sitial de la memoria por algunas horas. La estética de las paredes, las voces hondas que clamaban sus nombres; el pequeño altar con un tomate, un durazno y una vela como testimonio de los extraños misticismos que provocan, a veces, la mezcla de la santidad popular con la lucha de clases. Todo entremezclado conducía al 26 de junio de once años atrás. Ayer, una pequeña victoria con nombre de justicia reemplazó aquel nombre que olía a inmigrantes, federalización y genocidios por otro con aroma a utopía y masacre. Darío y Maxi se llama ahora. A sabiendas de que todavía pasará un tiempo antes de que los usuarios cotidianos del Roca digan “quiero un boleto a la estación Darío y Maxi”.

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Por Alfredo Grande

(APe).- Publiqué una nota en la Agencia que habla de "empobrecimiento lícito". Ante las obscenas muestras de enriquecimientos ilícitos, me pareció necesario señalar que en la actualidad de la cultura represora, la pobreza es lícita. La consigna de luchar contra la pobreza, ratifica que nunca se luchará contra la riqueza. La pobreza no es estructural. Lo único estructural es la riqueza.
Las venas de América Latina siguen abiertas al decir de Galeano, pero con transfusiones permanentes de riquezas a las arterias opulentas del occidente cristiano y capitalista. Aclarando que este occidente predador está enquistado en cada país. Burguesía prebendaria que estatiza pérdidas y privatiza ganancias.

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Por Silvana Melo
    (APe).- El hágase la luz de la cosmogonía cristiana determinó que la gente no podrá sobrevivir buenamente en la oscuridad. Y desde su más precario estado de conciencia el hombre buscó llamas y luna para iluminarse. Pero el fiat lux de aquel génesis no imaginó el conurbano bonaerense, donde diez millones de personas se apilan en un territorio mínimo, generan un calor de trópico entre hormigón y hacinamiento y se iluminan y se refrescan a través de un cablerío obsoleto con corazones que explotan al primer calor fuerte de diciembre. Y si la luz desaparece también desaparece el agua y desaparecen ambas cuando hay 38 grados dentro de casa y no queda para beber ni para bañarse ni para enjugarse la esperanza, cada vez más marchita.

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Por Mariano Serenelli, para APe

(APe).- La fuerza policial desaparece de las calles. Suspende su accionar para plantear un reclamo por mejores salarios y condiciones laborales. Surge un escenario donde el hombre transgrede, avasalla. Las imágenes duelen. Se difunde la idea de que la presencia policial no sólo es necesaria, sino fundamental y urgente. La solución al conflicto es exigida con premura: ¡El lobo debe volver al bosque!

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