Por Angel Fichera

(APe).- Una vez por mes el abuelo me arrastra a ver a su hermana. Es tu tía abuela, me dice, vive un poco lejos pero es la única familia que nos queda.

Así que este domingo me tocó bañarme a conciencia, cambiar de ropa interior y disfrazarme de buen nieto. A las ocho de la mañana ya estábamos arriba del tren, rumbo a Laferrere.

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Por Alfredo Grande

(APe).- Tengo recuerdos de la asamblea del año XIII de mi escuela primaria. Tuvo un equívoco lamentable. La maestra hablaba de la libertad de vientres, y yo interpreté en una escucha reduccionista que espero haber superado, que se refería a la libertad de mover el vientre. Debo admitir que el malentendido duró bastante. Entender que se refería a que un hijo de un esclavo nacía libre, fue importante para mí. Lo que siempre me impresionó fue la decisión de quemar los instrumentos de tortura en la plaza pública. En esos años la tortura como práctica me obsesionaba. La imagen de Edmundo Dantés marcado por el hierro candente me obligaba a leer varias veces ese párrafo en El Conde de Montecristo.

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 Por Claudia Rafael 

(APe).- Exactamente 1456 días. 36.400 horas. Pero las matemáticas no sirven en estos casos. Porque no hay un modo de definir la ausencia. De medirla. De cronometrarla. No existe un mecanismo milimétrico que permita pesar el dolor. Más de dos millones de minutos pasaron desde aquella noche del 31 de enero en que se llevaron a Luciano Arruga. Tantos que, entre medio, su hermana Vanesa Orieta lo buscó y lo busca incesantemente, deseó un hijo, transcurrió sus nueve meses de embarazo y tuvo a su pequeño Astu que ya reconoce a ese tío al que nunca abrazará.

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Por Silvana Melo

(APe).- Balas perdidas, balas para otros, muertes errantes que encuentran una espalda chiquita para hacerse fuertes, periferias sistémicas donde la vida no vale lo que una hoja en el viento, baldíos del mundo donde se mueren los chicos. Donde los matan balas perdidas, balas para otros. En Dock Sud, en Rosario, en Fiorito, en Villa Adelina. Donde la vida vale el poder de la esquina. La propiedad de una zona transa. El gobierno de un barrio donde la supervivencia corre alrededor del dealer o la cocina de paco detrás del kiosquito. La guerra declarada en la más canalla circunvalación humana.

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Por Carlos del Frade

(APe).- Nosotras también tenemos dignidad. Nos enamoramos y trabajamos para darle lo mejor a nuestras hijas. En mi caso, para darle un futuro mejor a Macarena – me decía Sandra Cabrera, sanjuanina de nacimiento, rosarina por opción y adopción y entonces secretaria general de la Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina.

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