Por Claudia Rafael

(APe).- “Yo le pido a Dios que me haga ese milagro de encontrar a mi pobrecita hija”, dijo Susana Trimarco alguna vez, hace unos seis años a esta periodista. Ya hacían cuatro que le habían arrancado a Marita de sus brazos. Por esos días acababa de desistir de viajar a Olavarría porque el mensaje había sido demasiado claro. Si viajaba desde Tucumán a buscarla en esa ciudad cementera en donde –le avisaron- la habían visto en el prostíbulo “La Morocha”, tomarían represalias con su nieta, Micaela. Susana ya había perdido demasiado y no quiso arriesgar a “la Mica”, que por entonces tenía 10.

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Por Silvana Melo


(APe).- Mientras el Gobierno y los grandes medios contaban las costillas movilizadas el 10 de diciembre, Lila Coyipé se moría y nadie publicaba su obituario. Tenía apenas once meses y el auto de un gendarme la hizo rebotar al cielo el día de los Derechos Humanos. Fue en la ruta 86 en Formosa.
1200 kilómetros al sur, cuando a Lila Coyipé la sepultaban junto con su abuela, la discusión transitaba otras rutas. Que no era la 86, donde dos años atrás Ricardo Coyipé resistía la represión en La Primavera y asesinaban a Roberto López.

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Por Carlos del Frade

(APe).- Dicen que en la noche de los tiempos, el hombre se diferenció de las bestias por buscar un lugar donde protegerse. Aquella cueva original era el símbolo del inicio de la humanidad. Una metáfora que debería tenerse en cuenta en estos días crepusculares donde la existencia parece tener fecha de vencimiento en un planeta estragado por el sistema capitalista.

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Por Angel Fichera


(APe).- Las maestras están locas. Por lo menos en mi escuela. Se contestan solas, gritan, hablan como si estuviesen frente a un espejo imaginario, se miran entre ellas como queriendo decirse algo o comerse los ojos. Los sueldos no les alcanzan. Al llegar a su casa tienen también otros chicos como nosotros o peor que nosotros y un marido que también llega del trabajo y quiere milanesas con papas fritas y que algo colabora, que la ayuda pelando las papas o cuidando a los chicos que vienen de la escuela donde también hay maestras que están locas porque llegan a sus casas y encuentran maridos con sueldos que no alcanzan y más chicos y milanesas con papas a ser peladas.
Igualmente, yo pienso que voy a terminar siendo maestro algún día. Porque siempre hará falta aprender a hacer milanesas, cuidar a los chicos o sobrevivir cuando el sueldo no alcanza.

Por Alfredo Grande

“disculpá, gaucho Martín Fierro, pero en estos tiempos, es vergüenza ser pobre y no es vergüenza ser ladrón”
(aforismo implicado)

(APe).- Es increíble. Estos caranchos que piden más jubilación. Son piojos y no merecen siquiera ser resucitados. Arrugados y desagradecidos. Ni el PAMI merecen. ¿Para eso les pusimos los ómnibus super bajos? Sabemos que los servicios se hacen lentos cuando tienen que subir o bajar del micro. ¡Y además hay que esperarlos como si todos los demás pasajeros tuvieran que esperar por culpa de su artrosis! ¿Para que quieren más plata? Si igual se la gastan en remedios. Los afanaron durante años con las AFJP y no decían nada.

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