Por Silvana Melo

(APe).- Cientos de miles de trabajadores en negro, esclavos, precarizados, marginados para siempre del sistema, cirujas que diseccionan a basura de los incluidos, pobres de toda pobreza, asisten con ojo resignado a la disputa de los dioses en las alturas vastas del Olimpo. CFK y Hugo Moyano han decidido darse pelea y la sangre que les salte de las cejas salpicará inexorablemente a las indefensas vulnerabilidades sociales. Las que están fuera de las agendas de los titanes. Las que no aportan a las cajas de las obras sociales porque no están registrados o directamente no están. Las que no integran las juventudes maravillosas (la sindical o la camporista) porque por su esquina no pasa el bondi que va al paraíso donde dicen que está la clase media que trabaja y se moja los pies en las pleamares atlánticas todos los fines de semana largos.

La pelea de los titanes, la interna olímpica, la panza revolucionada del pejota que incluye a todos los esperpentos juntos, sin discriminar (porque eso sí hay que reconocerle, la panza del pejota es amplia y abarcativa), la disputa carnívora se llevará en el parabrisas del camión a los más desgraciados de la tierra. Lo que comienza, después de los desafíos multitudinarios de los goliats, saldrá a quemar las esperanzas de los davides. Que no están incluidos en la batalla, que no ganarán jamás, sea de quien fuere la victoria.

Moyano, un demonizado hasta el azufre por los medios hegemónicos, ayer era enaltecido por los mismos portales, las mismas pantallas y el mismo papel. De la misma manera que Néstor Kirchner lo erigió en el sindicalista más poderoso del tercer milenio, concediéndole los mismos dones con que Carlos Menem premió a los Gordos (hoy flamantes aliados del gobierno nacional y popular que opta por Cavalieri y Lezcano en una lucha de poder que deja las ideologías chamuscadas y dobladitas en el último cajón de la alacena). Lo convirtió en adinerado, empresario, usufructuario de la tragedia de la muerte del ferrocarril, mano derecha (literalmente) de la puesta en calle del kircherismo en combate.

El scania sindical ha engordado su registro de afiliados de 70.000 en 1992, cuando asumió, a 200.000 en 2010. Gracias a sus métodos de cooptación de trabajadores de otros gremios, al desmantelamiento de la red ferroviaria y al florecimiento de la actividad económica que, obviamente, beneficia a quienes están e ignora a los cesanteados eternos de la patria florecida. Su poder de movilización, de parálisis y de extorsión se vuelven tentaculares. Hugo Moyano puede parar el transporte y dejar la basura en la calle apenas con un gesto.

Pero no sólo. Subido al púlpito de los sindicalistas empresarios, opera en el sector de los seguros, de las ART, de la construcción, de la basura (dicen), de la verificación del transporte, de las terminales portuarias, con nombres y apellidos con aroma de familia, amigos y representantes.

Funcional a un modelo que excluye sistémica y sistemáticamente, preocupadísimo por la inmensa y poco transparente caja de las obras sociales, feliz por la liberación de Juan José Zanola y negador de la mafia sanitaria que se llevó la vida de trabajadores con cáncer, solidario con el gremio rural, el peor pago del país, el más esclavizado y precarizado, saludado enfáticamente por Luis Barrionuevo, de quien por buen gusto se obvian los comentarios.

Vaya a saber qué celos ocultos, qué negocios profanados, qué poder en disputa enfrentan hoy a los Olímpicos en la arena de un país que ya tiene señaladas a sus víctimas de toda contienda. Los que no llegarán a ver a la victoria, ni al frente para la. Los que no llegarán hasta que se apropien del futuro. Hasta que se trepen al Olimpo. Y tomen la diosencia de una vez por todas.

 

Edición: 2138

 

 

 

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