Por Alfredo Grande 

Si el pueblo nunca se equivoca estamos en el buen camino. Si a veces se equivoca, también. Sólo estamos en el mal camino cuando el pueblo no acepta a las minorías que quieren acertar de otras maneras
(aforismo implicado)

 (APe).-En mis libros acostumbro a escribir un prólogo con el título de “Introducción penetrante”. Implica el intento de atravesar lo convencional para poder evidenciar lo fundante. Es un acto de conocimiento subversivo, en tanto que no acepta que la verdad y la apariencia de la verdad sean lo mismo. Penetrar es algo más que un gesto: es un acto donde se intenta llegar hasta el núcleo del sentido. Esta penetración implica debate, implica disenso, implica que otras formas de penetrar son posibles. Y también implica que el penetrado no está ajeno a esta búsqueda de verdades verdaderas.

 

Dejarse penetrar por el arte, la ciencia, el amor y la política, es un acto activo, no es un mero entregarse plañidero a los cantos de las sirenas y a los graznidos de las urracas. Siguiendo las enseñanzas del barón Von Clausewitz, de las cuales León Rozitchner realizara análisis indispensables, la política es la continuación de la guerra por otros medios. Ahora bien: ¿de que guerra estamos hablando? Porque la apariencia de guerra, la forma de la guerra sin su impronta de enfrentamiento fundante, es sólo una serie de amagos, fintas, provocaciones, entre más o menos matones, entre más o menos poderosos que disputan parcelas y hectáreas de poder. Cuando el que mucho abarca, mucho aprieta, con seguridad intentará abarcarlo todo y apretarlo cada vez más.

Esta situación no implica la desaparición de la lucha de clases, porque siempre habrá clases que no sean abarcadas ni apretadas. Más aún: serán apretadas sin ser abarcadas y esto necesariamente lleva a la criminalización, con o sin judicialización de la protesta social. Decir que el pueblo nunca se equivoca no es lo mismo que estar de acuerdo en que siempre acierta. Si acertó votándolo a Gioja o a Soria, entonces prefiero estar del lado de los que no aciertan. El voto para Scioli muestra que algo del pasado nunca muere y que haber legitimado su candidatura con la presencia de Mariotto, fue una señal clara para  que el mejor intendente de Morón, tuviera que resignarse a un Nuevo Desencuentro.

El Ejecutivo Nacional fue plebiscitado por dos cuestiones, que cada uno y cada una dirá si son virtudes: 1) exaltación de los aciertos  2) negación maníaca de los errores. Si lo bueno siempre es mío y lo malo siempre es tuyo, entonces los pescadores buscarán siempre que el río esté revuelto. La parte por el todo es una forma de sostener que la lucha es contra el todo, aunque apenas se trate de una parte. El monopolio en las comunicaciones es una parte de otros monopolios y, por ejemplo, los beneficios extraordinarios de otras rentas, por ejemplo la financiera, no son combatidos.

Por lo tanto en la evaluación de la gestión del gobierno hay un argumento central: “todo lo que falta”. Y es interesante porque va a favor del pelo que centra su análisis en las cuestiones de la falta y no en las cuestiones de lo que sobra. Desde la teoría de lo que falta, como siempre va a faltar algo, estarían dadas las condiciones subjetivas (el 50 y más %) y objetivas (lo que falta) para sostener la necesidad de la re re re indefinida o, quizás, de una sola elección con mandato indefinido: hasta que la muerte nos separe. Una especie de sacramento presidencial que traería aromas de nobleza y de poderes absolutos.

La fórmula “mi único heredero es el pueblo” quedaría investida por: “soy la única que heredó al pueblo” y esto ha quedado claramente señalado cuando candidatos que se aborrecen entre sí (un ejemplo cercano Scioli-Sabatella) referencian con la misma Presidenta. Y que los señores feudales de algunas provincias también referencian con la Presidenta. Incluso se puede pensar que Cristina es una etapa superior del kirchnerismo, porque ahora la transversalidad ha dado paso a una caza mayor y menor de todas las voluntades todas. La desaparición de la oposición de derecha marca que ha perdido su misión histórica, ya que muchas de sus reivindicaciones han sido incorporadas a la gestión actual. La maldita beneficiencia ha sido reemplazada por las políticas de asignación, que mas allá o mas acá de su universalidad, no dejan de ser eso: asignaciones que van y que así como van, pueden volver. La disminución de la tasa de desempleo se hace en base a trabajo ilegal y precarizado.

Pero donde más se nutre el imaginario kirchnocristinista  es en el mito del dador universal que entrega sin memoria de inventario de las luchas pasadas que permiten, entre otras cuestiones, que los chacales de la Esma sean condenados. Tanto es así que en la actualidad de la cultura hegemónica, las jornadas del 2001 son un disvalor y no son reinvindicadas como el verdadero comienzo de esta Argentina más justa y más soberana. Para que la izquierda llegue al Congreso son necesarios varios milagros y luchadores contra la hegemonía liberal no superaron el corralito porcentual de la nueva ley de partidos políticos.

La militancia juvenil queda asimilada en su totalidad a “la Cámpora”, ignorando que fue justamente la militancia en centros de estudiantes, fábricas recuperadas, organismos de derechos humanos,  la que sostuvo durante la neblina del menemato la utopía de una patria liberada. Juicio a Martínez de Hoz, sin duda. Pero también a Dromi, aquel que confesó que la Patria estaba de rodillas ante el imperio. ¿Será un dato menor que el mayor responsable de la voladura de Rio Tercero haya sido absuelto? Ahora Carlos Menem es reelecto senador por la primera minoría, en una boleta donde la candidatura presidencial era la de Cristina. No todo suma. Dije más de una vez que mientras el liberalismo llora, el capitalismo ríe. Creo que lo determinante de esta elección es que mucho más que la mitad del pueblo quiere una patria liberada. Y por supuesto incluyo a muchos y muchas que no votaron a Cristina pero que hace décadas luchan por la justicia social y la democracia económica.

Entre otros, integrantes del Frente de Izquierda y de los Trabajadores y del Frente Amplio Progresista. En la imagen de los tres candidatos mas votados con el zócalo conciente de “la tienen adentro”,Sergio Szpolsky muestra algo mas que la hilacha. Este país sufrió barbarie e intolerancia aún en gobiernos democráticos. Ley de residencia, Patagonia trágica, masacre de Ezeiza, triple A, masacre del puente Pueyrredón. De varias, sino de todas, los responsables gozan de  absoluta impunidad. Por eso el zócalo es provocador y cobarde. Tanto lustrarse con las leyes anti discriminación y se propone sin que ninguna autoridad de aplicación diga nada, la lisa o rugosa violación del vencido. Claro, violación simbólica y discursiva. O sea: la más cobarde.

Porque no es lo mismo tenerla adentro aceptando placenteramente la penetración, que meterla a tergo para mostrar el trofeo de la analidad conquistada. Espero que truene algún tipo de escarmiento, aunque mucho me temo que dada la correlación de fuerzas, ni siquiera podamos esperar un pedo contenido. Pero como siempre digo, en la cultura no represora una golondrina siempre hace verano. El zócalo de la barbarie mediática de CN23 logrará algo que el pueblo no merece: un votus interruptus.

 

Edición: 2109

 

 

 

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