Por Silvana Melo 

(APe).- Según dónde le haya tocado nacer, en la suerte o en la penuria, un niño es una chispa de mañana o una tarjeta magnética para cobrar un subsidio. Según nazca en el arrabal o en el ombligo de este mundo, el niño será ritual de bienvenida o fastidio de otro más para los dominadores que miran cómo crece y sigue creciendo el ancho pie de la pirámide. Es el instinto de vida aluvional de los olvidados. Como una herramienta precisa y concreta para resistir el destierro.

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Por Claudia Rafael

(APe).- Cuando Max Weber escribía que el Estado “detenta el monopolio de la coerción” no estaba diciendo otra cosa que el Estado, con sus jueces, sus cárceles, sus servicios de seguridad asume la función de la venganza social desplazando así al actor individual. Corre el “ojo por ojo, diente por diente” que aparecía en el Antiguo Testamento en donde se leía que “quien cometiere un delito pagará vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano y pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida y golpe por golpe” y lo asume bajo formalismos y métodos sistémicos. Y de paso, se advirtió con enorme regocijo que el condenado constituía un para nada despreciable valor económico del que se podían extraer interesantes réditos.El ministro de Justicia de la Nación, Julio Alak definió hace unos días que no existen los casos de tortura y malos tratos en el Servicio Penitenciario Federal porque “es uno de los mejores de Latinoamérica”. Ingresó así en un terreno cenagoso en el que resultaría muy fácil hundirse.

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Por Alfredo Grande

“Cuando el dios da pan al que no tiene dientes, es porque quiere quedarse con el pan”
(aforismo implicado)

 

(APe).- Decidí usar el idioma del imperio. Romano en este caso. El latín, considerado erróneamente como una lengua muerta, es muy útil para los vivos. Aquellos que se esconden en la palabra encriptada para camuflar las siniestras intenciones que los habitan. No es casual que el Papa actual ratificara la misa en latín, a contrapelo de las enseñanzas del concilio de Medellín que propició la misa en el idioma propio de cada país. La cuestión es, desde siempre, dividir para reinar y ocultar para seguir reinando. Macri: ¿hasta cuando abusarás de nuestra paciencia?

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Por Silvana Melo

(APe).- Ya el censo 2010 había abierto las puertas a cierto horror espasmódico en grandes medios y medianos actores políticos. Que las villas crecieron un 52% en todo el país no es una noticia que pueda provocar perplejidad en nadie con algún centímetro cuadrado de conciencia. Pero aun así, la piel social vuelve a erizarse cuando, cíclicamente, vuelven a asomar números fastidiantes que revelan una realidad fastidiante barrida convenientemente debajo de la alfombra de la primavera argentina. Ahora es una ONG la que ofrece en bandeja títulos de hecatombe para ser utilizados –paradójicamente.

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Por Carlos Del Frade

 

(APe).- La presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, viene diciendo que los jóvenes son el centro de su administración y el sujeto fundamental de la nueva gestión que seguramente comenzará después de las elecciones del 23 de octubre.

 Sería necio negar que miles de pibas y pibes despidieron a Néstor Kirchner luego de su muerte, el pasado 27 de octubre de 2010.

 En las palabras de la presidenta, entonces, hay un reconocimiento a esa presencia multitudinaria.

 Incluso en las últimas horas, los medios de comunicación dejaron trascender que el cambio de relator y comentarista de la televisión pública para los partidos de la selección de fútbol tuvo como impronta un comentario de la titular del ejecutivo nacional solicitando presencias jóvenes.

 De tal forma, el discurso oficial y las listas de candidatos a diputados nacionales en las diferentes provincias dan un lugar importante a los jóvenes.

 El problema es la realidad.

 Porque como viene sucediendo en los últimos cuarenta años, el sector más castigado a la hora de pensar en un trabajo estable y en blanco son, justamente, las pibas y pibes que salen de la secundaria con la idea de garantizar el futuro a través de la construcción de una mínima base material.

 Para el Instituto de Política para el Desarrollo Social, basado en la Encuesta Permanente de Hogares, sólo el 18 por ciento de las chicas y chicos que tienen entre dieciocho y veinticinco años tiene empleo formal.

 18 de cada cien, por lo tanto, conocen un recibo de sueldo, aportes patronales, vacaciones, obra social y demás beneficios que conlleva la actividad enmarcada en las leyes laborales.

 El problema, sin embargo, es grande: 82 de cada cien pibas y pibes tienen empleos informales. Es decir que sufren distintas formas de precarización laboral.

 Están en negro o en distintas fases de grises, características que se impusieron en los años noventa y que hasta ahora parecen invictas aunque el discurso oficial diga otra cosa.

 Por eso hubiera sido fundamental que estos temas aparecieran en la campaña política que discute, nada menos, que la sucesión presidencial en la Argentina del tercer milenio.

Como los resultados de las primarias parecieron disciplinar a las demás fuerzas partidarias a resignarse ante los resultados, no hubo un solo debate sobre los temas existenciales que atraviesan la vida cotidiana de las mayorías argentinas: educación, trabajo, salud, vivienda y, fundamentalmente, el futuro como dimensión real o no para las distintas generaciones que interactúan en estos días.

 Pero allí están las cifras concretas, más allá de los discursos oficiales y las resignaciones de las frágiles oposiciones, dieciocho de cada cien muchachas y muchachos en la Argentina solamente conocen un recibo en blanco, mientras que la mayoría sufre algún tipo de explotación.

 Es imprescindible que además de ser protagonistas de las frases de ocasión, los jóvenes argentinos sean, alguna vez, sujetos de derecho y tengan la certeza que si completan la secundaria habrá una posibilidad concreta de obtener un puesto de trabajo en blanco que les permitirá proyectar un mañana sin miedo, pronunciar la palabra futuro con esperanza.

 Mientras tanto, miles y miles de chicas y chicos siguen peleando por un trabajo digno, algo que no aparece en la épica inflamada del oficialismo ni en la anoréxica arenga de las principales ofertas opositoras.

 

Edición: 2100

 

 

 

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