Por Carlos del Frade (*)

 (APe).- -Diosito siempre ayuda…-dice José, remisero de San Salvador de Jujuy, ex estudiante por cuatro años de derecho y ex director de un instituto donde intentaba enseñar a bailar danza, entre otras tantas gambetas que tiró a lo largo de su vida para empatarle al fin de mes. Con suerte se queda con ciento cincuenta pesos después de una jornada de doce horas de trabajo entre cerros de una belleza casi mística. Está preocupado por la cuestión de la droga, especialmente por el paco y su llegada a la “changada”, como ellos dicen.

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Tanto dolor se agrupa en
mi costado, que por doler
me duele hasta el aliento.

Miguel Hernández

(APe).- La vida y la muerte se entrecruzan a cada instante, sin pedir permiso siquiera. Jirones de sueño van quedando duramente en el camino. Gabriela Almirón era sonrisa, sabiduría, terquedad colectiva, utopía andante. Titiritera, luchadora, compañera, constructora cotidiana del camino interminable de batalla por la dignidad desde su obra, Juanito Laguna; el Movimiento Nacional Chicos del Pueblo y desde el MEDH (Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos).
Convencida eterna de que la infancia es el territorio más germinal para la nueva condición humana. Esa en que todos nos sentaremos a la mesa de las equidades, sin murallas ni machetes, con el júbilo de palpar con nuestras manos ajadas esa fértil y arrasadora utopía de la vida.
Gaby era un símbolo de nuestra historia: hija de una familia golpeada por los brazos perversos del estado del terror asumió a la vez el convencimiento de que no hay verdad más armada que la pura inocencia y parió ternuras al abrazar a los pibes de los arrabales.
Cuando el horror se replegó, apenas adolescente, se convirtió en una militante frenética por la vida. Buscando rescatar lo vivo de las ruinas e inflamar justicia por lo muerto, por lo destruido, por lo humillado.
Las crónicas dicen que Gaby murió en un accidente, pero nosotros sabemos que andará por las villas titiriteando junto a una infinita hilera de Juanitos Lagunas, canturreando con ellos esa nueva canción en la que los sueños de azúcar y arcoiris son un manto de ternura y de abrazo.

Por Alfredo Grande

“No se trata de terminar aunque sea juntos. Se trata de empezar, aunque al principio estemos separados”
(aforismo implicado)

(APe).- El voto es secreto, universal y obligatorio. Las relaciones sexuales no. No siempre son secretas, nunca universales y todavía tampoco obligatorias. Sin embargo, la concepción amplificada de la sexualidad que propone el psicoanálisis muestra lo que tienen en común. Y es nada más y nada menos que la descarga placentera. Mientras votar sea un placer, tenemos democracia para rato, y en lo posible, buenos ratos. Un domingo sin fútbol sólo puede ser tolerado, al menos para mí, por justa causa. Y votar lo es.

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Por Claudia Rafael

(APe).- Dice Margarita que “la justicia se ríe en la cara de los pobres”. Las palabras asoman cortitas. Tenues. Casi no suenan. Con esa timidez ancestral que golpea y abruma.

Parece que Margarita pidiera permiso para hacer fluir la voz. Es –era- la mamá de Nelson Molas. El primero en morir de los cuatro chicos calcinados en la Alcaidía del Menor de Catamarca. Con sus 44 años, quince hijos, ella y su marido Julio buscan respuestas que ya temen no encontrarán jamás.

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Por Carlos del Frade

(APe).- El famoso boom del consumo de la Argentina kirchnerista parece basarse en las netbooks, los televisores de plasma y la televisión de alta definición.

Esa es, por lo menos, una de las principales postales.

Se sabe, por otra parte, que el consumo es la esencia del capitalismo.

Consumir para resultar consumido, dirían los críticos del sistema.

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