Por Carlos del Frade

(APe).- Si usted viene de Buenos Aires a Rosario por la autopista, encontrará los anuncios que prometen el primer mundo a escasos metros.

Siempre en esa dirección, observará a mano derecha el monumental City Center, propiedad del empresario Cristóbal López, amigo de la administración nacional, cuya grandiosidad –dicen sus publicistas- no tiene nada que envidiarle a los mejores de Las Vegas.

Artistas populares han llegado hasta allí donde hay un hotel de lujo y un centro de convenciones no menos espectacular. Pero esa es una parte de lo que ve el pasajero que arriba a la ex ciudad industrial, obrera, portuaria y ferroviaria.

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Por Alfredo Grande

(APe).- Un nacimiento es un misterio del presente que develará su secreto en algún futuro. Pero no todos, ni siquiera los más importantes. Y tampoco a todos. Ese niño pobre que va a nacer no puede ser alzado por cualquiera. Y mucho menos acariciado, mimado, besado. Ese niño que nacerá dentro de poco, debe ser preservado de las franelas de oro y de las lisonjas de plata. No todos los que vayan a conocerlos serán bien recibidos. Muchos, incluso, serán expulsados. Quizá en algún otro tiempo, ese niño crecido intentará expulsar a mercaderes de baja estofa que corrompen el templo de la virtud.

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Por Oscar Taffetani

Sole, muchacha en llamas,
que te merecías otro mundo

(APe).- Antes de que termine de escurrirse el Bicentenario, con sus discursos y espectáculos, con sus muertos y resucitados, permítasenos poner sobre la mesa una cuestión de principios. Se trata de la libertad. Y de la dignidad de la persona humana. Y del derecho de los pueblos.

Los ideólogos y motores de la Revolución de Mayo (Moreno, Belgrano, Castelli, Monteagudo) tuvieron gran coincidencia en un punto: era una revolución criolla y americana, llamada o romper con el yugo español y con la opresión de siglos; llamada a hermanar a los pueblos sin distinción de razas ni origen.

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Por Claudia Rafael

(APe).- No tenía identidad documentada. No sabían exactamente cuántos años había vivido. Tal vez 34, 37, 40. ¿Acaso importa? Dicen que se llamaba Teresa Ortiz. Mujer wichi. Mujer de los cielos, como toda wichi. Su nombre deberá ser repetido infinitamente para que su historia no se esparza como peste imparable. La memoria es como una diosa salvadora porque así lo creían los ancestros que repetían en una cantinela “no olviden, porque olvidar es una forma de morir”.

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Por Silvana Melo

(APe).- Ese día extremo de hace nueve años se brotaba la piel escaldada del país y, simbólicamente, Fernando De la Rúa redactaba su renuncia en temible soledad. Mientras en el afuera de su autismo político el grito que ordenaba el destierro total de toda la dirigencia se parecía al apocalipsis del sistema, del Estado y de las joyas del capitalismo impiadoso y orgiástico que había reinado con fluidez y consenso en las últimas tres décadas.

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