Por Oscar Taffetani

(APe).- Dicen que fue Concolorcorvo (Calixto Bustamante Carlos, Inca), marchando a lomo de mula hacia el Perú, el primero que se preguntó por qué no construían un puente en Areco, para que los viajeros no tuvieran que correrse hasta el vado de las Tunas o hasta el vado del Virrey, muy lejos del camino real, para así poder cruzar el río. La mención está hecha en su libro El Lazarillo de Ciegos y Caminantes, publicado en 1773.

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Por Carlos del Frade

(APe).- -Le decimos la política del doble pacto. Nosotros pactamos con la policía. No queremos participar de la corrupción de las cajas negras. Pero no las combatimos. Que ellos hagan sus negocios. Pero eso sí, ellos tienen que pactar con las bandas de delincuentes para que el delito no se desmadre como sucede en el Gran Buenos Aires – dice el cronista que le contó uno de los principales referentes en materia de seguridad de una de las provincias argentinas más importantes.

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Por APe    

(APe).- Sobre un costado de la nave central de la iglesia, bajo su altísima bóveda, cuelga un lienzo multicolor llamado Paño de Cuaresma, que evoca una tradición medieval. Pero este lienzo, correspondiente a la décimo quinta estación del Via Crucis, es diferente. Lo pintó el compañero -Premio Nobel de la Paz- Adolfo Pérez Esquivel, y se titula “El resucitado acompaña al pueblo de Dios en su camino”. Allí se puede ver, en detalle, la compleja, rica, dolorosa y esperanzada realidad latinoamericana: niños de pies descalzos; hombres y mujeres que llevan en su piel los colores de la tierra; campesinos, religiosos, una muchedumbre con pancartas, antiguas ciudades incaicas, en la cumbre de los cerros. Y también la violencia, la represión, el duro territorio del desamor, disputándole unos palmos del lienzo a la vida. En el centro, marchando junto a los suyos, el Cristo resucitado.

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Por APe

(APe).- Por nuestro deseos de vivir: que broten los panes en la mesa en una mirada de manteles, para decir trabajo, para cantar infancia, para besar familia. Buscando ese latido de chocolate que abriga nuestro pueblo, subidos en una utopía que se construye ternura a ternura. Felices fiestas, entonces, para quien colecciona utopías, hace de sus manos arado y riega con su propia sangre las semillas que cultiva.

Por Oscar Taffetani 

(APe).- A Winston Smith, el desgraciado protagonista de la novela 1984, lo detienen por conspirar contra el Estado. Su delito ha sido guardar el diario de ayer, en un país donde, entre otras cosas, está prohibida la memoria.

La Policía Bonaerense, mucho antes de llegar a 1984, ya había superado esos horrores imaginados por Orwell: bomberos que colocaban bombas, ambulancias en donde se torturaba a los heridos, homicidios que cometía la misma Brigada de Homicidios, etcétera.

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