Por Carlos del Frade

(APE).- La Forestal sigue viva en la Argentina. Eso quiere decir que continúa la explotación y la humillación a los trabajadores. Que los mecanismos de producción, concentración de riquezas y sometimiento que impulsó la empresa, primero de capitales alemanes y después, ingleses; esas formas de relaciones laborales se repiten en otros puntos de la geografía nacional.

 

El lugar es esa singular y hermosa península del costado noreste que se mete en el corazón de América del Sur y que es la provincia de Misiones.

Territorio cuyo feudalismo se hizo público a partir de la actividad política desplegada por el ex obispo de Puerto Iguazú, Joaquín Piña.

Pero una cosa es denunciar el vasallaje y otra es terminar con semejante sistema de manoseo cotidiano. Y no por responsabilidad del sacerdote, sino por ausencia de voluntad política para modificar aquello que fue informado.

En dos ciudades de Misiones, Gobernador Roca y Corpus, los dueños de los yerbatales pagan en vales, papeles que deben cambiarse por mercaderías que se compran en sus propios supermercados.

Ni siquiera se toman el trabajo de emitir moneda propia, como lo hacía La Forestal, que acuñaba monedas de latas y señalaba los almacenes de ramos generales en los que debían gastarse las quincenas y que eran de los contratistas de la multinacional radicada en Santa Fe desde finales del siglo diecinueve hasta bien entrada la década del sesenta del siglo veinte.

Cuenta un comerciante de General Roca que "los dueños de las tierras, no todos, les pagan a los tareferos y a los que carpen con vales de supermercados. Así los tienen en negro y evaden los impuestos. Es como un círculo, porque por lo general los almacenes son de ellos mismos", dijo el hombre que pidió no revelar su nombre porque el miedo también forma parte del esquema de relaciones sociales de estos lugares en donde revive La Forestal.

Allí se dan casos que avergüenzan y asquean: Rosendo Lukowski, presidente del Concejo Municipal, junto a su familia, es dueño del supermercado “El Globo”, donde los trabajadores cambian los vales que son entregados por la repartición del propio Estado comunal llamada de acción social. El negocio de la familia Lukowski es, además, el mayor proveedor del municipio.

La misma familia tiene, a su vez, un secadero, un molino y la empresa que vende la yerba “Broche de Oro”. Algunos de los integrantes del clan son funcionarios del directorio del llamado Instituto de Fomento Agro Industrial.

Los que acopian mandioca, por ejemplo, cobran 25 pesos por trabajar catorce horas diarias, aunque el pago es, en un ochenta por ciento, en vales del supermercado amigo o propiedad del patrón.

Según el decir valiente y rebelde de algunos cronistas de la zona: “Como bien se dice, la historia no se repite, sino que continúa. Y en Misiones no precisamente se dan excepciones. En la provincia asistimos a un fenómeno ininterrumpido de explotación y pauperización de la realidad de la mayoría de los trabajadores rurales. Pueden cambiar algunas metodologías, pero la génesis estructural y los mecanismos de coacción que sustentan esta red de explotación son los mismos”.

La Forestal sigue viva en la Argentina del tercer milenio.

En Misiones hay pruebas de ello.


Fuente de datos: Diario Territorio Digital - Misiones 21-01-07

 

 

 

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