Por Sandra Russo

(APE).- Mucho más acá de Gualeguaychú, en La Matanza, el medio ambiente parece ser algo sin valor. Y no es que los vecinos de González Catán no se ocupen de protestar, como los de Entre Ríos. Lo hacen. Todos los lunes se autoconvocan para organizarse y reclamar contra la CEAMSE (Coordinación Ecológica Área Metropolitana Sociedad del Estado), cuyos residuos acumulados contaminan desde 1979 el agua que toman, el aire que respiran y provocan enfermedades concretas: cáncer, leucemia, lupus, afecciones respiratorias.

 

Pese a que las primeras pericias judiciales les dan la razón, y en consecuencia se habla de personas en riesgo que protestan para defender el elemental derecho a la vida y a la salud, el intendente local los echa a patadas. Los desaloja con la fuerza pública. El motivo esgrimido para la represión es nada menos que la “emergencia ambiental”. El poder político de La Matanza desconoce los efectos de la contaminación, y reprime con el argumento de que la gente en la calle obstaculiza la recolección de más basura.

Un olor agrio se huele en la zona. Hace pesado el aire. Julia Pereyra se abanica con un cuaderno. La mujer tiene los brazos como picados por un montón de mosquitos. Se dirige a la Asamblea de los lunes. Los Vecinos Autoconvocados se reúnen en el cine local para discutir qué hacer con la bla gigantesca de basura putrefacta recibida de siete municipios, entre ellos la Capital Federal. Casi dos mil toneladas diarias de desechos domiciliarios e industriales con los efectos previsibles: la tierra y las napas están contaminadas. Y en el municipio no hay agua de red.

En 2006, a raíz de una denuncia penal sobre las enfermedades que provoca la contaminación de la CEAMSE, el juez Juan Pablo Salas ordenó pericias que demostraron que el agua de pozo de la zona no es apta para consumo humano, y ordenó, en junio, que las autoridades provinciales y municipales proveyeran de agua potable a los vecinos de los tres barrios linderos del basurero: Las Marías, San Enrique y Nicol. Pero hasta ahora, el agua potable no llegó.

El 30 de octubre los vecinos bloquearon la entrada del CEAMSE para pedir su cierre y medidas de saneamiento. Empezaron un lunes y, como tuvieron más adhesión que la esperada, se quedaron el martes y también el miércoles. El jueves ya eran cerca de tres mil personas que la infantería desalojó por la fuerza. Como respuesta, ese mismo día hubo una marcha de repudio de ocho mil manifestantes. ¿Circuló esta noticia? ¿Se habló de esto en las radios? ¿La televisión comentó algo? No. En el verano, la basura se pudre más rápido, pero los medios se ocupan de Nazarena Vélez.

En la Asamblea las víctimas se visibilizan. Ana Carabajal, del barrio San Enrique, perdió el año pasado a uno de sus hijos. Leucemia. “La enfermedad empezó muy rápido, se lo llevó en cinco meses”, dice. En la misma cuadra en la que vive Ana hay otros cuatro casos de cáncer.

Hugo Osores acerca una carpeta con datos técnicos. 'El CEAMSE fue creado en la última dictadura, pero siguió funcionando con todos los gobiernos democráticos. Tiene tres centros de disposición final de residuos, uno de los cuales es el nuestro, el de González Catán. Las empresas del CEAMSE, que está tercerizado, cobran 40 pesos por cada tonelada de basura que traen. El proyecto se impuso con la promesa de que el relleno iba a ser una buena cosa, se suponía que íbamos a tener todo un parque y que no nos iba a contaminar: el verso del famoso cinturón ecológico. El predio debería tener 25 hectáreas pero el Estado les facilitó 50 más. En el área hay cuatro cementerios privados, un negocio de los 90, y un conjunto de barrios sin infraestructura, olvidados del Estado.'

Otra de las vecinas cuenta que, en un colmo de perversión, no tienen dónde atenderse: se inauguró un hospital a veinte cuadras, pero al poco tiempo cerraron los servicios de obstetricia y neonatología. Ahora tampoco hay internaciones. “Es para que no queden registros”.

Entre los autoconvocados hay un alto pocentaje de jóvenes y docentes, muchos de ellos alumnos y maestros de colegios de las zonas afectadas. Se reúnen todos los lunes, a las siete de la tarde, frente a la plaza principal de González Catán. No son víctimas de ninguna empresa finlandesa que opera con desprecio por poblaciones periféricas. Son vecinos de barrios pobres a los que antojadizamente la sociedad les asignó el lugar del que se jode.

Fuente de datos: Agencia de Noticias Argenpress 16-01-07

Recién editado

Libros de APE