Por Carlos del Frade

(APE).- Provincia de Neuquen, cintura de la Argentina, prólogo de la Patagonia y el sur profundo. Tierra de bardas, lagos y ríos que proclaman la existencia de mejillones y santos populares que nacieron en sus orillas.

 

Cielos que fueron cantados en los fuegos de las naciones mapuches y araucanas, árboles legendarios que anidan la memoria de masacres ordenadas por el Estado del siglo diecinueve.

En el país de las manzanas, inmigrantes que llegaron más allá del Atlántico tomaron como propio un mandato que antes venía de los pueblos originarios y después pasó a ser parte del patrimonio del gauchaje indómito.

El agua es sagrada.

No hay vida sin agua. No es posible casi nada humano sin agua.

Ni siquiera las manzanas que se multiplican por esos lares.

Muchos vientos después de aquella estructural convicción existencial sobre el agua, las cosas han cambiado. No por culpa de las cosas, sino de los funcionarios que olvidan su función a favor de las familias que intentan ser felices en esos arrabales del mundo.

Los habitantes de Añelo, un punto en el inmenso mapa de la misteriosa Patagonia, se rebelaron contra las autoridades locales.

El agua está contaminada, sostienen. Y piden explicaciones, además, por la muerte de un bebé de solamente diez meses que ni siquiera alcanzó a caminar para treparse a los brazos de sus padres.

Dicen las crónicas que Añelo está emplazada “en una meseta, no tiene cloacas, los pozos están saturados y el agua fétida corre en algunas veredas” y que “los pozos filtrantes de captación de agua con el que se nutre el servicio, están en el sector más bajo”.

"Siempre se peleó por el agua en Añelo pero tener un informe en la mano fue como despertar de la gente: sólo es cosa de ver cómo corre el agua después de las 18 cuando los hombres vuelven -del campamento petrolero- y se llenan los pozos, corre el agua y el olor es insoportable", dijeron las mujeres en los piquetes.

Les contestan que de un día para otro comenzarán las obras relacionadas con el agua. “No sabemos qué obra es, ni si es lo que pedimos, por eso vamos a esperar hasta que el ministro nos muestre que empiezan”, dijo Miguel Arriola, vocero del grupo. “‘Estamos acá porque en Añelo el agua está contaminada con las cloacas y ahora tenemos pruebas’, aseguraron las mujeres que sumaron la posición mayoritaria en el sector más cercano al casco urbano, mientras que los hombres se apostaron en los vallados evaluados como los más ‘duros’, especialmente por el trato con los petroleros”, apuntaron las crónicas periodísticas que dan cuenta de los piquetes protagonizados por los pobladores de Añelo.

Los vecinos tienen agua sólo durante algunas horas del día debido a la insuficiencia de presión en la red. Pero lo que impulsó los reclamos fue el informe del Ministerio de Salud de la provincia que aseguró que no hay cloro en el agua y que si hay bacterias coliformes.

En el país de las manzanas quieren imponer el sentido del sistema: la dulzura de las frutas y el agua potable son de pocos. Sin embargo, desde abajo, otra vez, como casi siempre, surge la necesaria rebeldía.


Fuente de datos: Diario Río Negro 16-01-07

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