El principio de insignificancia

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Por Oscar Taffetani

(APE).- Leemos en El Día de La Plata: “Tres jóvenes serán sometidos a un juicio oral y público en el que podrían recibir condenas de hasta dos años de prisión por hurtar una horma de queso de rallar en un supermercado cuyos dueños son de nacionalidad china, informaron fuentes judiciales”.

Los chicos del queso fueron interceptados por la policía después de abandonar el local, en donde -según los dichos del Sr. Chen Bin- intentaron hurtar algunos tubitos de acondicionador de pelo, que fueron requisados y recuperados antes de salir, por el personal del negocio.

Llama la atención que, habiendo advertido tubitos de acondicionador de pelo ocultos en un pantalón -como se lee en la declaración-, se les haya pasado por alto a los vigiladores una horma de queso...

La defensa de los menores esgrimió, dado el exiguo valor de lo hurtado, el llamado principio de insignificancia. Pero la Sala no lo tuvo en cuenta y confirmó el procesamiento, alegando que la conducta de los jóvenes "debe ser valorada no sólo en la concreción efectiva de la lesión al bien jurídico de que se trata, sino que también debe ponderarse el disvalor de la acción".

En la misma resolución judicial -se lee en La Voz del Interior- “los jueces Barbarosch, Bruzzone y Rimondi confirmaron el procesamiento de una cuarta persona, en su caso por el delito de ‘robo en grado de tentativa’, porque ocultó entre sus ropas una botella de vino fino y cuando fue descubierto, intentó deshacerse de ella arrojándola a un cajón de frutas en exhibición para la venta”.

Hay cierta información ambiental que los diarios no incluyen en este tipo de noticias. No dicen, por ejemplo, si los chicos que hurtaron un queso son esos mismos que están acostumbrados a soportar la lluvia bajo un techo de chapa o cartón, a pocas cuadras del supermercado.

O no dicen, vaya otro ejemplo, que cuando los abuelos y padres de esos chicos se quedaron sin trabajo, el queso, ese simple queso rallado que adereza un plato de fideos, pasó a ser estrella de una galaxia distante.

Y no dicen, tampoco, las noches en que esos chicos se quedaron -ñata contra el vidrio- esperando a que salieran los satisfechos comensales de un restaurante, para abrir la puerta de un auto y pedir que les dejaran no una botella de vino fino, sino apenas una moneda.

No. Nada de eso puede ser volcado a un expediente.

Porque para una Justicia capaz de hacer girar salas y tribunales enteros alrededor de un queso, los datos sobre la pobreza y la exclusión social, son datos insignificantes.

Para estas situaciones -hambre, miseria, abandono- sí rige, todos los días, el principio de insignificancia.

 


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