Por Carlos del Frade

(APE).- Los números macroeconómicos que hablan maravillas de la vida cotidiana en la Argentina no tienen ninguna relación con la existencia verdadera de las mayorías en el país del sur del mundo.

Crecen las cifras, pero no la calidad de vida de sus muchachos, al contrario.

Fuera de los grandes negocios vinculados al petróleo, la soja y la minería, pibas y pibes argentinos forman parte de la geografía del narcotráfico, manejada por muy pocos y que se aprovechan de la todavía palpable ausencia de significado de la palabra futuro para los más jóvenes.

Sin futuro, a soportar el presente, a hacerle el aguante. Consumidores, consumidos. Y como siempre, del otro lado, los guardianes del orden injusto que los usarán como estadísticas para hacer ver que hacen algo o los matarán porque saben que la voluntad real del poder es eliminar a las pibas y pibes antes que se vuelvan contestatarios, revolucionarios. Funcionales o muertos, ordena el sistema. Y para ambas cosas, la policía.

Germán Medina entró con quince años, nada más que quince años, en el Instituto Roca. En realidad, lo metieron, lo encerraron en el Roca. Lo acusaron de tener dos cigarrillos de marihuana.

Un año después, el pibe fue encontrado muerto. Pero alguien apuró el final. Por eso se habla de un típico asesinato más de las brutales fuerzas policiales que abundan en la Argentina del boom económico y del narcotráfico democratizado.

Para la abogada de la familia, María del Carmen Verdú, la lectura es una sola: "lo que podemos afirmar rotundamente es que a este chico lo mató el Estado nacional: lo encerraron en una celda solitaria, un buzón, donde terminó muriendo sin haber cometido ningún delito".

Entre la detención y la muerte anticipada, Germán tuvo que hacer terapia y lo hallaron, en algunos de esos días de oscuridad impuesta, consumiendo pegamento.

Los padres quisieron trasladarlo pero no había lugares en otras instituciones más abiertas. Llegó al Rocca en octubre de 2006. Lo golpearon y quizás también lo violaron. Germán estaba allí porque su delito fue tener dos cigarrillos de marihuana. Hay que tenerlo en cuenta porque la dimensión de la acusación no es nada ante la responsabilidad de los inversores que pagan los grandes cargamentos que llegan al país, inversores que son delincuentes de guante blanco y que nunca pisan un juzgado federal ni mucho menos una comisaría de los conurbanos de las grandes ciudades argentinas.

La crónica periodística señala que Germán fue llevado a un establecimiento de puertas abiertas en San Vicente, que escapó del lugar y fue a su casa. Otra vez lo detuvieron y para la Navidad volvió con su familia. Porque ese es el lugar de cualquier pibe de quince años.

En el día de la masacre de los santos inocentes, Germán fue otra vez detenido y encerrado en el Rocca y el 11 de enero, sostiene la versión policial, apareció ahorcado en una celda de aislamiento.

Un día antes de la horca, el pibe le entregó dos cartas a su mamá: "Sé que me tuve que hacer cargo de todo, pero lo importante es que me comprendas. Sé que estuve muy mal de mi parte pero me hago cargo de todo. Siempre estuvimos juntos en todo momento. Con todo mi amor. Yo. Tu hijo. El más caprichoso", escribió.

La vida y muerte de Germán es muy parecida a las condiciones existenciales de miles y miles de pibas y pibes. La vida y muerte de Germán, en definitiva, es la verdadera dimensión de la Argentina, la que no es tenida en cuenta por los voceros oficiales.


Fuente de datos: Agencia de Noticias Tercer Mundo Online 16-02-07

 

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