Por Carlos del Frade

(APE).- El mayor símbolo de la tortura es la cruz. Los maderos en los que se castigaba la ofensa de aquellos que peleaban contra los crucificadores cotidianos del imperio. La cruz es un símbolo romano.

La condena a muerte a través de la flagelación, la extensión de la agonía para mostrar lo que sucede con aquellos que se rebelan contra los poderes de manos siempre sucias aunque luzcan guantes blancos.

La cruz es el mayor símbolo de la tortura universal.

Por eso hay indignación en un pueblo misionero, la provincia península que se mete en el mar verde de América latina, en el noreste argentino.

Territorio feudal donde las decisiones políticas forman parte del simbolismo histórico y cotidiano de la dominación.

Las crónicas periodísticas dicen que en el municipio de Santa Ana, hay una sola escuela, un centro de salud sin guardia permanente y una terminal de ómnibus en pésimas condiciones.

Sin embargo, la voluntad de los que mandan es erigir una gran cruz.

Levantar el mayor símbolo de la tortura en la historia de occidente.

El costo será de veintidós millones de pesos. Ese será el presupuesto para construir una cruz de hierro y cemento de ochenta metros de altura en la punta del cerro del lugar.

Mabel Pessoa, la intendenta de la ciudad, dice que el objetivo de semejante monumento a la humillación es generar turismo.

Mientras tanto, decenas de pibas y pibes terminan la secundaria y no tienen otro camino que las picadas entre los montes para juntar leña.

Para cargar el madero, para repetir la crucifixión en modelo tercer milenio y sin redención posible en lo inmediato.

Porque allí, en lo cercano, la intendenta y el inefable gobernador, Carlos Rovira, decidieron levantar un siniestro esperpento de casi una cuadra de alto que intenta llegar al cielo del privilegio, mientras que ellos, chicas y chicos de Santa Ana, no saben qué aspiración pueden concretar, salvo que la de reciclar el martirio enaltecido por algunos que no lo padecen.

Crucifixión cotidiana: hay “carencia de servicios básicos como luz, agua potable y transporte, la necesidad de trabajo, la falta de infraestructura en salud y educación y la falta de seguridad vial,” son notables, describen las crónicas de los medios de comunicación regionales.

Elsa Franco, vecina del pueblo, dijo que “los chicos terminan el estudio y reciben planes y se ponen a barrer la calle porque no hay trabajo"; mientras que "los clubes, que son los lugares de crecimiento de los chicos, se están muriendo y este gobierno se dedica sólo a hacer obras monumentales como el centro de alto rendimiento deportivo que no será utilizado por nadie y sólo se dilapidarán los fondos", agregó Andrés, otro de los vecinos de Santa Ana.

Levantar una cruz monumental en un territorio atestado de crucificados.

Será tiempo ya de construir una redención desde abajo para que la felicidad no sea solamente el cielo de unos pocos.


Fuente de datos: Diario Territorio Digital - Misiones 30-01-07

 

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