Por Oscar Taffetani

(APE).- En un barco averiado y remolcado lentamente (muy, muy lentamente) hacia el puerto de Nuadibú, Mauritania, van 372 emigrantes asiáticos y africanos.

Algunos de ellos (20, según la Cruz Roja) sufren diarreas, cefaleas y erupciones cutáneas, causadas por una estadía de más de dos meses en altamar, en las peores condiciones sanitarias. En Nuadibú, cuando lleguen, habrá personal de la Cruz Roja y de la Medialuna Roja para atenderlos. También habrá funcionarios consulares españoles y mauritanos; y de la India, Pakistán y Guinea.

Más tarde, los desterrados serán devueltos (amablemente) a sus países de origen, con un certificado sanitario, un documento provisorio de identidad y gastos a cargo de la Unión Europea.

Allá, en su tierra, volverán a encontrarse con el hambre y el desempleo, con la persecución y la violencia: serán, nuevamente, desterrados.


El Apocalipsis según Raspail

Jean Raspail, referente de la extrema derecha francesa, de la cepa de aquellos que recibieron alegremente a los nazis, allá por 1940, publicó en los ’70 una novela con funestos presagios sobre el futuro de Europa.

La novela se titulaba El camposanto, haciendo referencia a unos versos del Canto XX del Apocalipsis: “...el ciclo de los mil años se acaba, entonces saldrán las naciones que moran en los cuatro costados de la tierra y que igualan en número a las arenas del mar. Subirán sobre la anchura de la tierra e invadirán el camposanto y la ciudad amada..."

Hace unos días, refrescando sus temores de los ’70, Raspail escribió: “Francia, con todos sus orígenes confundidos, sólo estará poblada por bernard-l'ermite, o sea, nuevos moluscos marinos, que vivirán en las caparazones abandonadas por los representantes de una especie desaparecida para siempre, llamada especie francesa...

“A menos que contemplemos una segunda hipótesis, que yo no podría formular de otra manera que no fuera en privado (...) y que sería que los últimos aislados resistan hasta comprometerse en una suerte de reconquista, a la manera española...”

Sí, lo que Raspail está diciendo es que podrían llegar a su país una suerte de “Reyes Católicos”, que respaldarían a un hipotético “Cid Campeador”, en la tarea de expulsar a los “moros” de Francia.

¿Cuáles serían los métodos de los nuevos nazis -nos preguntamos- si salieran a matar moros con la biblia de Raspail bajo el brazo?


Registro de un genocidio

El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) estima que hay actualmente, en África, 15 millones de refugiados, desplazados internos y desarraigados. De esa cantidad, la ONU apenas atiende a 4,6 millones. El resto queda a merced de las mafias, que se ocupan de la nueva trata de esclavos.

La cantidad de personas que viven en la más absoluta pobreza en el África subsahariana -datos de la ONU- podría aumentar de 315 a 404 millones en los próximos 15 años. Y unos 40 millones en Etiopía, Eritrea, el Sahel y África occidental -según el Programa Mundial de Alimentos de la FAO- podrían morir de inanición.

A la vista de estos datos, podría decirse que la solución final que desean los Raspail del orbe occidental, ya está en marcha. Sólo que no ha comenzado en Europa, sino en África.


Boumédiène lo sabía

En 1974, ante la Asamblea General de la ONU, el presidente argelino Mohamed Ben Brahim Boukharouba, luego conocido como Houari Boumédiène, hizo una estremecedora advertencia:

"Ningún número de bombas atómicas -dijo- podrá contener el tsunami conformado por millones de seres humanos que partirán un día desde la parte meridional y pobre del mundo, para irrumpir en los espacios relativamente abiertos del rico hemisferio septentrional, buscando su supervivencia..."

Los pronósticos de Raspail -éstos que lanza y relanza con coletazos de dinosaurio- siguen siendo el delirio -atemorizado- de una mente fascista.

La profecía de Boumédiène, en cambio, ya es una palpable realidad.

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