Por Carlos del Frade

(APE).- Venado Tuerto está en el sur de Santa Fe y es la tercera ciudad de la provincia por cantidad de habitantes. Crecimiento demográfico que, en forma paralela, no fue mayor a los desmesurados saqueos que sufrió en los últimos treinta años.

Un ex obispo de la ciudad, monseñor Picchi, recién estrenada la democracia, estuvo implicado en la sucesión de una herencia millonaria, la de Manubens Calvet, en un hecho en el que el emisario de Cristo discutió los denarios con mayor pasión que con la que defendía el sentido del sermón de las montañas.

En Venado Tuerto irrumpió el poderoso Banco Integrado Departamental que llegó a contar con más de mil trabajadores y sucursales en todo el país y depósitos por casi mil millones de dólares. Cuando toda la provincia se derrumbaba estragada por la desocupación y la pobreza inventada, el BID hacía que los lugareños llamaran a la ciudad “la isla de la fantasía”. Hasta que en pascuas de 1995, algo sucedió, y 55 mil ahorristas se quedaron en la calle en la mayor estafa financiera argentina del siglo veinte.

A fines de los años noventa, un muchacho, Clemente Arona, fue muerto por el accionar nada claro de los integrantes de La Santafesina S.A. de aquella ciudad del sur. Su madre sigue diciendo que se trató de un asesinato y que esto debe inscribirse entre los casos de brutalidad policial donde abunda el gatillo fácil.

Venado Tuerto es una ciudad cebolla: tiene varias capas. Aquella que muestra orgullosa pero hay otras que pronuncian territorios liberados para cualquier tipo de negociados que cuentan con la bendición de la impunidad constante.

Fue allí que tiraron contra Lucas Oro, un pibe de veinte años, bombero voluntario y cadete llevando comidas en un servicio delivery.

Un joven agente, según dicen las crónicas, Juan Beltrame, le pidió los documentos. Lucas le dijo que se los mostraría cuando le devolvieran la moto.

Beltrame volvió con una itaka y le tiró a la cara. La Santafesina S.A. sostuvo que eran municiones de goma, aunque la suboficial María Alejandra Fernández remarcó que eran de plomo. Lucas, en gravísimo estado, intenta gambetear la muerte en el Hospital Provincial de Rosario.

Según Ana Braghieri, de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre de Venado Tuerto, "este grave hecho representa una acabada manifestación de la deliberada política estatal de represión y control social sobre los sectores populares. En el caso concreto de la ciudad de Venado Tuerto, esta política cuenta con la activa adhesión del Intendente Municipal, Roberto Scott, quien públicamente ha reivindicado las recetas de 'mano dura', ha protagonizado provocaciones y bravuconadas de todo pelaje y hasta ha amenazado de muerte a los dirigentes y militantes de nuestra organización", denunció la militante.

Una de las más brutales capas de la ciudad cebolla que es Venado Tuerto estalló en la cara de un joven trabajador quien ya perdió un ojo y no puede salir del coma.

Ya es hora de hablar de la ciudad de verdad y dejar de creer que se sigue habitando en la isla de la fantasía.

Porque en la Venado Tuerto de verdad, según parece, las pesadillas siempre las sufren los jóvenes trabajadores.


Fuentes de datos: Diarios Rosario/12 19 y 20-12-06 y La Capital - Santa Fe 19-12-06 / Agencias de Noticias Red Eco Alternativo 20-12-06 y Rodolfo Walsh 19-12-06

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