Por Oscar Taffetani

(APE).- En su novela American Psycho, de 1991, el joven integrante de la Generación X Bret Easton Ellis describe la conducta criminal de un yuppie neoyorquino, capaz de prender fuego o de apuñalar a un mendigo en un callejón, poco antes de llegar al suntuoso loft en el que vive, como epílogo a una noche de copas y despilfarro.

El asesino serial que describe Ellis no tiene una patología particular. Es apenas el desarrollo “normal” -sin inhibiciones- de una cultura clasista y feroz, posmoderna en todos sus aspectos, en donde los valores ausentes son reemplazados por deportes de riesgo como el crimen.

Década y media después de la novela, los diarios cuentan que se ha hecho costumbre en grupos juveniles acomodados, de los Estados Unidos, hacer bum hunting (caza de vagabundos) en las calles de las principales ciudades.

Entre 1990 y 2005 -consta en los registros- 165 personas que vivían en la calle, en los Estados Unidos, fueron asesinadas por patotas juveniles. Otros varios centenares sobrevivieron, aunque quedaron mutiladas o disminuidas.

La novedad de estos días es el registro de los ataques mediante cámaras digitales de los mismos agresores, o bien por las webcams de seguridad, para que algunos populares sitios de Internet -como You Tube- difundan el “reality” y alimenten la repetición festiva de los crímenes.

Así, neofascistas y skinheads del planeta, ejércitos informales del odio de clase y el crimen, pueden compartir sus experiencias y completar su aprendizaje.

Para que un crimen sea perfecto, no tiene que haber cargos de conciencia. “Liquidé a un pobre, una basura humana, una plaga que me molestaba con su sola presencia”, dice el texto no escrito.

Luego, debe concurrir el Estado, con sus webcams y su “hipervigilancia”, escrupulosamente ciego frente a los crímenes. Ciego de tanto ver. Ciego de tanto publicar y difundir los asesinatos.

Las otras partes del Estado (por ejemplo, la Justicia) aportan su cuota de omisión y de olvido. No miran los videos de You Tube. Se sientan a esperar que los muertos hagan la denuncia, que aporten pruebas...

Poco a poco, en los Estados Unidos, en Europa o en nuestros tristes trópicos (así los llamó Levy Strauss) la Civilización desarrolla métodos avanzados para resolver sus grandes problemas.

Ante la desocupación, el hambre y la falta de vivienda, la respuesta es el crimen. Pero no cualquier crimen. La Civilización sólo tolera crímenes perfectos.

 

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