Por Carlos del Frade

(APE).- Desde hace dos meses, no hay leche para los pibes de los pueblos originarios misioneros. Así lo dice el cacique de la comunidad Ysyry, Omar Adrián Benítez, y agrega que sin la leche no podrán recuperar peso y también dice que las familias no tienen mercaderías ni carne. Tampoco llegan los agentes sanitarios ni los médicos.

La aldea ysyry ha vuelto a ser condenada desde el Estado provincial misionero que todavía manda Rovira.

Son cuarenta y cinco personas en total y veintidós de ellos son niñas y niños.

A ellos, a los más chiquitos, la ausencia del Estado se les nota en la pérdida paulatina de sus cuerpos. Pierden peso, energía, fuerza, vitalidad.

Las nenas y nenes ysyry se están enfermando. Los están enfermando.

Nueva condena, renovado castigo por ser herederos de los auténticos dueños de la tierra y amigos de los pájaros y animales.

"Me preocupa porque hay muchos chicos con bajo peso y no tenemos siquiera un médico y le pido a la jefa de Zona Norte de Salud, Miriam Blas, que se acerque a nuestra comunidad y que vea las necesidades que tenemos porque casi nunca viene por acá", dijo el cacique de la comunidad, Omar Adrián Benítez.

Es difícil, además, que los integrantes de la aldea vayan al hospital. Tienen miedo que se repita el intento de robo de un bebé como sucedió el 16 de agosto de 2005 y que finalizó con un enfermero preso.

Además, ir al hospital supone que los dejen plantados en una interminable espera, por eso era fundamental la presencia de los médicos cuando venían cada ocho días. Pero ahora todo eso terminó.

El pueblo ysyry quiere ser respetado como las otras comunidades originarias.

"Acá nos sentimos olvidados, porque es una de las comunidades más chicas y más olvidadas", remarcó el cacique sin encontrar mayor respuesta que el desprecio impuesto desde hace décadas, tan parecido al sufrido quinientos años atrás, cuando comenzó el despojo inacabable de la riqueza, las vidas y la belleza construidas por sus pueblos.

Pero no es el único caso.

La actual directora de asuntos guaraníes de la provincia de Misiones, Claudia Martínez, informó que la población mbya guaraní descendió un veinte por ciento en los últimos cuatro años.

Macabra confirmación de la continuidad del exterminio.

Precisa burocracia del Estado que se hace cómplice de semejante matanza casi silenciosa.

Los números expresan las consecuencias físicas de aquel olvido al que hace referencia el cacique ysyry: “el último censo indica que actualmente la población mbya no llega a los 4.800, cuando hace cuatro años atrás esa cifra llegaba a los 5.500. En 2005, un informe oficial realizado a nivel nacional había advertido que el 57 por ciento de los niños aborígenes de Misiones padecen graves problemas de alimentación. Y de las 75 comunidades, el 40 por ciento no está documentado, el 60 por ciento es analfabeto y de los casos mal alimentados, el 43 por ciento padece desnutrición crónica”, agregan las crónicas periodísticas.

La desesperación del pueblo ysyry es, en realidad, la síntesis de un renovado genocidio contra las comunidades originarias.


Fuentes de datos: Diario Territorio Digital - Misiones 09 y 12-12-06

 

 

Recién editado

Libros de APE